15
octubre
2002
Juan
Barbagelata
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Leaving
Santiago [6]
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Navegar.
Navegar entre dos culturas ó tres ó diez,
qué más da.
G Love & Special Souce en la compactera. Rock blues
deshilachado sonando a volumen bajo. Rock bizarro lo llamo.
Hace veinte minutos apagué la TV, un programa interesante,
el Show de los libros, conducido por Antonio Skármeta
sobre un escritor chileno que fue marino, ballenero, ovejero;
Francisco Coloane. Su banda sonora, Inti Illimani. Con la
poesía visual de Chiloé en el sur del país.
De esa zona viene el apodo chilote, tan usado en Argentina
para denominar a los chilenos en general.
En otra época, los habitantes del sur chileno cruzaban
la cordillera en busca de trabajo en Argentina, de allí
el apodo.
Afuera se resuelve el paro de micros en Santiago.
Tres días, un muerto de once años, las principales
avenidas cortadas, setecientos sesenta y cinco choferes
detenidos, sus dirigentes presos. El fantasma del paro de
camioneros a Salvador Allende días antes del golpe
de estado del 73 sobrevuela mi corazón.
Se niegan a modernizar el servicio. Quieren aumentar el
boleto además. La lucha es por dinero.
Las noticias de medianoche escupen que en Argentina quemaron
una comisaría los vecinos de un joven secuestrado
y asesinado luego del pago del rescate. El secuestro lo
habría hecho una banda mixta con policias. Todo sigue
igual en mi país. El FMI les niega el préstamo
otra vez y ya van...
Me sirvo otra medida de Pisco, mi nueva bebida de cabecera.
O pre cabecera.
Laika, un grupo independiente del norte del planeta, cambia
el ritmo de mi living.
Fue agradable transitar Santiago con menos smog y ruido.
Los micros generan el 27% de la contaminación del
aire. Pero el paro generó la pérdida de ciento
cincuenta millones que estaban destinados al plan AUGE de
salud.
Una vez más el perro latinoamericano se muerde la
cola.
Y cuándo aprenderemos?
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Leo
una novela de autora mejicana. Estoy recostado en la cama
de mi compadre Mauricio, con la TV sin volumen, encendida.
La historia comienza con la muerte de una niña de
12 años. La tristeza desconsolada de su madre y la
aparición de San Judas Tadeo por la ventana de un
horno lleno de grasa comunicándole que su niña
no ha muerto.
En la TV aparecen imágenes del telediario de TVN,
dando la noticia de la entrega tardía, por huelga
del sector salud, del cadáver del niño de
11 años muerto durante el paro de micros en Santiago.
Subo el volumen, las imágenes muestran caras tristes,
personas marchando con el ataúd blanco y pequeño
llevado a mano por los familiares. Detrás del ataúd
marchan cuatro músicos tocando una melodía
que no conozco pero me cala el corazón.
De fondo se ve un cementerio pobre, con lápidas medio
inclinadas y una multitud de gentes diversas, vestidas de
oscuro con brillantes toques de color y sombreros.
Y los músicos sin parar de tocar despidiendo al angelito.
Realismo mágico en el papel y en la vida real.
Aunque a veces tan mezclados que no distingo uno de otro.
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Cuanta
soledad la de los barrios altos.
La denominación de barrio alto, en Santiago, tiene
un amplio alcance.
Altos en lo económico y en lo geográfico.
A medida que la ciudad fue creciendo, se amplió desde
el valle hacia los cerros. Hacia Oriente, la cordillera,
se fueron armando, Providencia, Vitacura, Las Condes y La
Dehesa.
Las clases acomodadas se fueron mudando cada vez más
alto, más lejos de la gente.
En La Dehesa, el barrio más "top", vive
Augusto Pinochet, el mayor genocida chileno, dictador. Acompañado,
claro, por vecinos industriales, banqueros, empresarios.
Mi abuelo, cuando niño, me decía "dime
con quien andas y te diré cómo eres".
Las Condes, 12 del mediodía, día martes. Av.
Alonso de Córdova, la calle donde se han instalado
las galerías de arte "comerciales" y "top"
(palabra muy usada).
Casas de decoración, locales de Hermes, de Arman
y siguen las firmas.
No circula nadie caminando por sus amplias veredas parquizadas.
La calle es de doble ancho. El barrio entero parece haber
sido calcado de Los Angeles, California, Gringolandia.
Está diseñado para circular en auto, para
no interactuar, para no mezclarse.
Las Condes, 23 horas, día jueves. Día de salida
nocturna, de carreteo.
Calles con veredas vacías, autos circulando a gran
velocidad, las sombras de los shoppings como grandes mausoleos
de una cultura muerta.
En 2000 años, quizás se los aprecie como a
las pirámides de Gizeh.
Nadie en las calles, estar aislados, desconfiar que nos
roben los pobres, los desposeídos, los marginados.
Siempre desconfiar.
Cuánta soledad la de los barrios altos.
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©
Juan
Barbagelata
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