14
septiembre
- octubre 2002
Juan
Barbagelata
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Leaving
Santiago [5]
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Sigo
leyendo historia, es un intento por entender los acontecimientos
de nuestro continente sudamericano.
Por qué Uruguay tiene corralito bancario y está
desfinanciado?
Por qué Brasil está en problemas financieros
también?
Por qué Argentina está en medio de la arena,
como un toro, de rodillas, esperando la estocada mortal?
Y busco la respuesta en la historia, y la mayoría
de las veces supera lo esperado.
Hace 110 años, durante la crisis de 1890 en Argentina,
Carlos D'amico escribió: " Dominada esta crisis,
otra vez serán (los argentinos) deslumbrados por
las riquezas excepcionales de esta tierra privilegiada y
volverán a las andadas. Cada cinco años tendrán
una crisis cuyos peligros irán creciendo en proporción
geométrica, hasta que llegue un día en que
deban a los de Londres y Frankfurt todo el valor de sus
tierras; en que los usureros del otro lado del mar sean
dueños de todos sus ferrocarriles, de todos sus telégrafos,
de todas sus grandes empresas, de todas sus cédulas
y de las cincuenta mil leguas que les hayan vendido a vil
precio. Cuando no tengan más bienes que entregar
en pago, empezarán por entregar las rentas de sus
aduanas, seguirán con entregar la administración,
la ocupación de su territorio, y concluirán
por ver flotar sobre sus ciudades, en sus vastas llanuras,
en sus caudalosos ríos, en sus altísimas montañas,
la bandera del imperio que protege la libertad de Inglaterra
pero que ha esclavizado al mundo con su libra esterlina".
Pero tuvo réplica, a finales de 1890, Carlos Pellegrini,
Presidente de la República Argentina, escribía
lo siguiente: "El país debe mucho al extranjero
y está obligado a pagar. Sé que dicen por
ahí que el gobierno no tendrá cómo
hacerlo y que es mejor suspenderlo. Es un gravísimo
error. El día que dejemos de pagar ese servicio no
seremos nada ni nadie. Seremos una nación sin crédito
y sin honra.
Si la Argentina falta a sus compromisos, no se levantará
ni en treinta años. Por eso me esforzaré en
hacer ese servicio puntualmente, y si las rentas no alcanzaran
para pagarlo, aunque no se pague la administración
pública, pediré autorización para vender
los bienes de la Nación, y cuando no hubiese más,
pondría la bandera de remate hasta en la misma Casa
de Gobierno".
Ante la historia transcurrida, sobran las palabras.
Cualquier semejanza con la realidad presente es pura casualidad.
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Yo
estuve en París y Londres a la vez.
Sin tomar drogas.
Es una esquina en Santiago. Centro de un barrio de cuadras
curvas, calles empedradas, construcciones de 1924. Tan hermosas
y señoriales con sus balcones y vitrales.
En una época era el barrio de putas. Ya lo imagino
en esas noches invernales con suave llovizna y el empedrado
mojado.
A un costado del barrio, marcando su comienzo hay una iglesia
colonial y el museo al lado con sus paredes ocres. A una
cuadra de distancia de la Alameda no se sienten ruidos y
el trajinar diario y apurado de los santiaguinos se detiene
y queda suspendido. Espero escuchar en el aire alguna melodía
de acordeón que nunca llega.
Por la calle Serrano pasan señores de corbata y sin
sonrisa.
Es una constante la ausencia de alegría en los rostros
céntricos.
Todo lo opuesto son los bares de Agrícola y Macul,
en la periferia. Con cumbias a todo volumen, baile en las
veredas y alcohol en las venas.
Cual será el precio de creernos educados?
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Día
de paro de transportes, sol, clima casi primaveral.
Luego de un buen rato de espera veo un 111 que pasa por
Alameda, lo corro, lo monto, como a los potrillos que montábamos
cuando vivía en el campo. Dos corcovos y se entrega.
Pago mi boleto; corremos por Providencia hacia Oriente,
hacia la cordillera. Por ahí vivo yo, con vista a
las cumbres nevadas.
Me llama la atención un cartel de telefonía
celular en una parada. M YVA X 100?.
Y el antiguo Egipto queda lejos en kilómetros y años.
Es la nueva campaña de chat por celulares, abreviando
signos.
Tantos siglos de construir un idioma tan rico como el español;
donde diez palabras dicen diez cosas. No como el inglés.
Y un director de arte publicitario, creyéndose ingenioso,
se empeña en colaborar en su destrucción...
Ya he leído notas sobre el empobrecimiento del idioma.
No todo el futuro es progreso. No todo lo dorado es oro.
Brilla pero no tiene valor.
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Juan
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