14
septiembre
2002
Juan
Barbagelata
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Leaving
Santiago
Estas crónicas se iban a llamar "Sobreviviendo
a Santiago" pero era un nombre demasiado dramático
porque lo que intentan reflejar es el asombro, la alegría,
la tristeza y el desconcierto que siento a medida que voy
transitando y viviendo esta ciudad. En ese momento me acordé
de la película Leaving
Las Vegas, del alcohólico que va
a morir a Las Vegas, cosa que consigue, pero enamorándose
en medio de la historia.
Y
así de contradictoria y ambigua veo la ciudad de
Santiago, con la misma ambigüedad de Leaving,
que suena a viviendo y sobreviviendo al mismo tiempo. De
allí el nombre.
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Nota del editor:
Ésta es la primera entrega de una serie que será
publicada semanalmente, cada lunes aparecerá una nueva
entrega.
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Me
despierto temprano, hace frío. Tengo que hacer ejercicio,
pienso. Pero me dejo vencer por el frío.
Ducha caliente, media manzana y a la calle. La cordillera
casi no se ve, hay alerta ambiental y el smog la tapa.
Taxi, parada del metro Rodrigo Araya.
Viene uno repleto, lo dejo pasar. Viene otro, igual, pienso
¿las sardinas tienen sueños agradables?. Apelo
a mis conocimientos de rugby, subo y me hago lugar. He intentado
hablando pero parece que las sardinas son sordas. Será
que el único idioma que comprendemos los latinoamericanos
es la prepotencia física?.
Baquedano, la estación donde bajo. Mi amigo Mauricio
sigue un par más.
No podemos despedirnos, estamos juntos pero aislados.
Cosas de la vida moderna.
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Busco
los clasificados por internet, necesito trabajar.
Regreso de una cita de trabajo, hombres buena presencia.
Era para acompañar a otros hombres... a la cama.
Decidí que no me convenía tomar ese trabajo.
Camino por la peatonal Ahumada, mucha gente que se mueve
rápido hacia todos lados. Es la hora del almuerzo
en el downtown. Me cruzo con un grupo de niños con
máscaras anticontaminación. No puedo dejar
de pensar en qué mundo estamos dejando para los que
nos siguen...
Sándwich en el Parque Forestal sentado al sol. Por
un momento desconecto del frenesí urbano y sueño
que estoy en mi parque, en mi tierra, con mi sol.
Antes tenía una tierra hermosa, sol, río al
alcance de una caminata, pero no tenía trabajo. Aquí
estoy en el cemento buscando trabajo, cuando lo consiga
tendré trabajo, sólo trabajo.
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Crucé
con dos motos que iban rumbo al poniente. Se me cae el corazón
y también una lagrimita. Extraño la mía,
que ya no es mía. Se la llevó Argentina en
una de esas olas económicas magistrales que borran
todo sobre la cubierta. De todas formas yo intuía
hace tiempo que el barco se hunde.
Me acuerdo de Atahualpa, "es jodido quedarse de a pié,
sin caballo y en Montiel".
Le pongo un mail a Eugenia, le pido que traiga los cd's
de Atahualpa, Larralde, Chavela Vargas...
Tal vez se vuelva un poco más humano el entorno.
En el mercado de mariscos compro una camiseta para el frío.
Les llama la atención que un gringo con traje esté
comprando en esos puestos. Creen que pertenezco a una compañía
extranjera y no se explican que busque precio.
Pienso: señores, no soy de los que se llevan el dinero
del país.
Sólo busco un lugar en el mundo.
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©
Juan
Barbagelata
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