17
diciembre 2002

10 autores
            latinoamericanos:
"Cuando
  el verbo
tensó
 su cuerda"

 

por Sergio Pravaz


Datos en el
índice de autores

Juan L. Ortiz Juan Laurentino Ortiz
Síntesis biográfica  

PARA QUE LOS HOMBRES

TODOS AQUÍ

ES OTOÑO MUCHACHOS

10 autores
seleccionados
con tres poemas
de cada uno
y síntesis biográfica

 

eom
Volver a Aire

 

 

 

 

 

 

 

17
diciembre 2002

Rubén Darío
José Martí
César Vallejo
Oliverio Girondo
Carlos Drummond de Andrade
Manuel Bandeira
Pablo Neruda
Salomón de la Selva
Nicanor Parra
Juan Laurentino Ortíz

eom
Volver a Aire

10 autores latinoamericanos:
"Cuando el verbo tensó su cuerda"

Juan Laurentino Ortiz

Una voz subterránea

Puerto Ruíz (Entre Ríos) es el lugar que vio nacer a Juan Laurentino Ortíz el 11 de junio de 1896. Al poco tiempo la familia se traslada a las selvas de Montiel; el paisaje de su provincia marcará a fuego al niño que años más tarde convertirá esos elementos en protagonistas de su poesía. Estudia en la Escuela Normal Mixta de Maestros de Gualeguay. Temprano lo atrapa el ideario socialista; hace vigorosos discursos y comienza a escribir en la prensa gráfica. Tiene un breve paso por Buenos Aires, realiza estudios de Filosofía y Letras, se relaciona con el ambiente bohemio y literario de la capital, hace amigos entrañables entre escritores y poetas y regresa a su provincia en la búsqueda de su aire, de sus elementos, de su paisaje. Nunca militó en grupos literarios ni en partidos políticos. Construye así una de las obras cumbres de la literatura en lengua castellana.

Este poeta no necesitó el fasto luminario de la metrópolis para concebir una obra cuya dimensión es tan vasta como profunda; su cuerpo lírico contiene una insospechada renovación que sostiene como ejes su entorno/paisaje, su indagación metafísica, junto a su capacidad para rastrear en la realidad cotidiana. Su voz extraordinaria aún continúa en secreto y confinada por el mundo oficial de la literatura por haber asumido Ortíz su derecho a ejercer su libertad sin concesiones, pagando por ello el alto precio del olvido a una poesía fiel a sí misma, auténtica, que deja fuera de ella todo lo que no es digno de su contenido. Celebró la revolución rusa del año '17 y la liberación de París; denunció el asesinato de García Lorca y los horrores del nazismo; padeció la cárcel durante el golpe del '55 y en 1957 fue invitado a visitar China y la Unión Soviética encabezando una delegación de intelectuales argentinos. Sus libros también fueron alcanzados por la barbarie de la última dictadura teniendo como destino trágico la hoguera.

Desarrolló una activa labor con la poesía extranjera traduciendo a Paul Eluard, los poetas chinos, Guisseppe Ungaretti y Ezra Pound. La revolución fue una idea permanente en Ortíz, un motivo que organiza y da sentido, pero no por ello puso en lugar secundario sus inquietudes filosóficas y estéticas magistralmente transformadas en uno de los cuerpos líricos más auténticos de las letras latinoamericanas.

Obra: El agua y la noche (1924-1932); El alba sube... (1933-1936); El ángel inclinado (1938); La rama hacia el este (1940); El álamo y el viento (1947); El aire conmovido (1949); La mano infinita (1951); La brisa profunda (1954); El alma y las colinas (1956); De las raíces y del cielo (1958); En el aura del sauce (Obras completas 1970-1971, incluye El junco y la corriente, El Gualeguay y La orilla que se abisma, inéditos hasta el momento). El cuarto tomo de sus obras completas, que el vate entrerriano había dejado listo para su impresión con la producción de sus últimos años (su etapa más fructífera) se perdió durante la última dictadura militar. Juan L Ortiz muere un 2 de setiembre de 1978 y consolida así la leyenda que con el tiempo instalará definitivamente su verdadera estatura de poeta.

 

Sergio Pravaz   

inicio

volver a Aire

 

17
diciembre 2002

Juan L.
Ortiz

 

eom
Volver a Aire

10 autores latinoamericanos:
"Cuando el verbo tensó su cuerda"

Por Sergio Pravaz


PARA QUE LOS HOMBRES

Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.

 

 

TODOS AQUÍ

Todos aquí para mirar arder y consumirse ese fuego.
Fuego sólo?

No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?

La pasión de la luz antigua abriéndose en flores encendidas para mirarse en el espejo humano.

El corazón dice: criaturas terrestres, la vida es gloriosa,
alzaos hasta el fuego armonioso como hasta la sangre
del éxtasis para que todos seáis como simientes ardiendo
para las cosechas sucesivas de la luz común que encenderá hasta la sombra y la estrellará como un jardín.

 

 

ES OTOÑO MUCHACHOS

Es otoño, muchachos. Salid a caminar.
Otoño en su momento inicial, más hermoso.
No os engañará este azul casi alegre?
¿Alegre?
¿La profundidad tiene alguna vez alegría?

¿No os engañará este verde joyante por momentos?

¿O esta invitación alada de la tarde?
No, una honda presencia deshace las azules sombras
y apaga la alegría del campo
-un luminoso, puro sueño que tiembla-

¿Como, y la tarde no se corona de flores
como de un fuego quieto de ángeles guardianes?

Ya está el viento, muchachos, el viento del otoño, del otoño,
violento o suave casi como un suspiro,
una enfermiza alma
de que oscuro reinos?

Un herido pensamiento
de sorprendidas criaturas.

El viento,
niño fúnebre que juega con las últimas ilusiones del cielo
hasta darle una aguda limpieza de extraña agua final.

El viento, muchachos, el viento infinito.

 

Juan Laurentino Ortiz

inicio

volver a Aire