17
diciembre 2002

10 autores
            latinoamericanos:
"Cuando
  el verbo
tensó
 su cuerda"

 

por Sergio Pravaz


Datos en el
índice de autores

Rubén Darío Rubén Darío
Síntesis biográfica  

MELANCOLÍA

A ROOSEVELT

METEMPSICOSIS

10 autores
seleccionados
con tres poemas
de cada uno
y síntesis biográfica

 

eom
Volver a Aire

 

 

 

 

 

 

 

17
diciembre 2002

Rubén Darío
José Martí
César Vallejo
Oliverio Girondo
Carlos Drummond de Andrade
Manuel Bandeira
Pablo Neruda
Salomón de la Selva
Nicanor Parra
Juan Laurentino Ortíz

eom
Volver a Aire

10 autores latinoamericanos:
"Cuando el verbo tensó su cuerda"

Rubén Darío

Estandarte del modernismo

De ascendencia española y mestiza, nació en Metapa (Nicaragua) en 1867. Estudió con los jesuítas aunque no desarrolló estudios regulares. A los catorce años ya publicaba poemas y artículos en los periódicos locales; su voz alcanzó fama nacional. En 1881 viajó a El Salvador donde conoció a Francisco Gavidia, que fue uno de sus primeros maestros y quien le ayudó a ampliar sus conocimientos de literatura francesa. En ese entonces publica su primer libro Primeras notas que recoge su producción hasta 1885. Al año siguiente, se traslada a Chile, lugar donde amplía sus conocimientos literarios y publica Abrojos (1887), Rimas (1887) y Azul (1888), esta última su primera obra realmente original, recibiendo gran apoyo de la crítica y logrando nota de gran poeta en América y España.

El diario La Nación (Argentina) lo nombró corresponsal en 1889. Regresó a Nicaragua, residiendo alternativamente por motivos políticos, en El Salvador, Guatemala y Costa Rica. En 1892 viajó a España como delegado de su país a las celebraciones del cuarto centenario del Descubrimiento de América. Colombia lo nombró cónsul de ese país en Buenos Aires. En 1893 emprendió un viaje a Buenos Aires, pasando antes por Nueva York, sitio donde conoce a José Martí, y por París, donde conoció a algunos de los grandes poetas franceses de su tiempo. La llegada de Rubén Darío a Buenos Aires marcó un acontecimiento literario para las letras americanas. Publicó Los Raros (1893) y Prosas profanas (1896). La opinión generalizada de la crítica afirmaba: "Sobre él se dio la batalla capital de la revolución literaria que se llamó 'modernismo' y que se extendió por todo el mundo de habla española". En el año 1899 volvió a España enviado por el diario La Nación, donde su presencia contribuyó al triunfo del modernismo en la Península. De esa época son España contemporánea (1901 - narración del viaje) y Cantos de vida y esperanza (1905), una de sus obras más profundas, maduras y una de las cumbres de la poesía en lengua castellana. Viajó por Cuba y México publicando El canto errante (1907), El viaje a Nicaragua (1909) y Poema del otoño (1910). De ese mismo año es su Canto a la Argentina. Emprendió una gira de propaganda para la revista Mundial por España y América; en 1912 estuvo por última vez en Buenos Aires. A fines de 1914 inició un nuevo viaje a Nueva York desde donde partió hacia Guatemala, y sintiéndose enfermo regresó a su patria, donde murió en León en el año 1916. Su destreza en el manejo de la lengua, sus hallazgos verbales, la suntuosidad de su verbo y su variedad rítmica fueron los argumentos de los que se valió Darío para elevarse a tales alturas. Aunque hoy, a partir de experiencias más audaces llevadas a cabo por las generaciones posteriores, la visión de su trabajo lírico haya perdido vigencia, la evolución de la lengua castellana mucho le debe a él y a su labor de torsión desde la cual arranca la lírica de este siglo.

 

Sergio Pravaz   

inicio

volver a Aire

 

17
diciembre 2002

Rubén Darío

 

eom
Volver a Aire

10 autores latinoamericanos:
"Cuando el verbo tensó su cuerda"

Por Sergio Pravaz


MELANCOLÍA

a Domingo Bolívar

Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a
         tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas,
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas
         sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo
         amargo;
a veces me parece que el camino es muy
         largo ,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

 

 

A ROOSEVELT

¿Es con voz de la Biblia o verso de Walt Whitman,
Que habría que llegar hasta tí, cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuadro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
Eres el futuro invasor
De la América ingenua que tiene sangre indígena,
Que aún reza a Jesucristo y aún habla español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
Eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoi.
Y domando caballos o asesinando tigres,
Eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy)
Crees que la vida es incendio,
Que el progreso es erupción,
Que en donde pones la bala
El porvenir pones.
                                       No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
Que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: las estrellas son vuestras
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
Y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
Y alumbrando el camino de la fácil conquista,
La libertad levanta su antorcha en Nueva York.
         Más la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
Que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
Que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
Que consultó los astros, que conoció la Atlántida
Cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
Que desde los remotos momentos de su vida
Vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
La América del grande Moctezuma, del Inca,
La América fragante de Cristóbal Colón,
La Amércia católica, la Amércia española,
La América en que dijo el noble Guatemoc:
"Yo no estoy en un lecho de rosas"; esa América
Que tiembla de huracanes y que vive de Amor;
Hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña, y ama, y vibra, y es la hija del sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo,
El riflero terrible y el fuerte Cazador,
Para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta unas cosa: ¡Dios!

 

 

METEMPSICOSIS

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
De Cleopatra la reina. Su blancura
Y su mirada astral y omnipotente.
         Eso fue todo.

¡Oh, mirada! ¡Oh, blancura! y ¡oh, aquel lecho
En que estaba radiante la blancura!
¡Oh la rosa marmórea omnipotente!
         Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mis brazos;
Y yo, liberto, hice olvidar a Antonio
(¡Oh, el lecho y la mirada y la blancura!)
         Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado, y sangre
Tuve de Galia, y la imperial becerra
Me dió un minuto audaz de su capricho.
         Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
De mis dedos de bronce no apretaron
El cuello de la blanca reina en broma?
         Eso fue todo.

Yo fuí llevado a Egipto. La cadena
Tuve al pescuezo. Fui comido un día
Por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
         Eso fue todo.

 

Rubén Darío

inicio

volver a Aire