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Hilanderas

"No- manifiesto" titulado Ardua tarea la de escoger flores por subgénero

El pasado 24 de noviembre en el Ateneo de Madrid se presentó la antología Hilanderas de Ediciones Amargord conformada por diecisiete voces en activo del panorama poético actual. Ellas son: Pilar Adón. Eva Chinchilla, Patricia Esteban, Cecilia Eudave, Lucía Fraga, Cristina García Santos, Esther Giménez, Ana Gorría, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Elena Medel, Esther Muntañola, Marina Oroza, Antonia Ortega Urbano, Yolanda Pérez Herreras, Ángela Torrijo Arce y Alejandra Vanessa.

Esther Giménez leyó durante el acto un "no- manifiesto" titulado Ardua tarea la de escoger flores por subgénero, al cual se subscribieron el resto de las poetas antologadas presentes y no presentes en el evento.


ANOTACIONES PREVIAS


La verdad, no apetece. No dan ganas de decir nada que no sea en verso. Tal vez ni siquiera apetezca oír nada al respecto. Tal vez esté en nuestra biología el ocuparnos primordialmente de nuestros asuntos, la cuida y concienzuda poda de las frondosas palmeras de nuestras pequeñas islas unipersonales.  Tal vez nos contagiara en nuestra infancia cierta cepa de pasotismo ochentero, esa forma genial de ser uno mismo sin rendir cuentas a nadie. Cuidado: digo pasotismo, no pasividad. Porque la cuestión de fondo es que el mundo nos azora y nos importa - por qué si no condenarse a ser poeta. Tal vez debido a ese recogimiento nos cueste más trabajo la autopromoción, la trepadera, el abrirnos camino a machetazos en el mundo de la apariencia. Quizá nacimos ya cansadas. Quizá hemos heredado un hastío congénito por tanta lucha de sexos y de géneros. Quizá por primera vez en la literatura el sexo nos traiga al pairo. El género, no el sexo. Tal vez seamos la primera generación que afortunadamente pase de todo. Pasar. Percibir. Obviar a veces. Nunca ignorar. Así sea.


ARDUA TAREA LA DE ESCOGER FLORES POR SUBGÉNERO


¿Son los poetas seres caprichosos, afanadas moiras que trenzan, ovillan y cortan obsesivamente los reflejos vacuos del mundo?  Lo cierto es que a veces nos divierte compartir madejas, nos complace saber que hay alguien al otro extremo del hilo. Ese es el pequeño y jugoso placer de estas hilanderas: circunstancialmente unidas y sin embargo solas, marionetas de un mismo taller destartalado, cada una empeñada en su propia labor. Solas, insisto, como todos frente al tiempo, oreando a ratos nuestras telas, preguntándonos qué insectos, qué bichos repugnantes y bellos atraparemos esta vez.

Pero no os adhiráis fácilmente a la metáfora. Soltaos, soltaos ahora mismo. No nos formuléis como ninfas inválidas de rueca e hilo. Nacimos seres ávidos de ser y de decir. Crecimos sabiendo que nuestros temas eran los temas de todos y de siempre. La bola de cristal quiso enseñarnos la vital trascendencia de los támpax y los tangas... Pero no hicimos mucho caso. Las lobas sagradas nos dijeron que el hombre, el infando hombre del saco, nos haría cautivas y metiditas todas, cómo no, en el mismo y único saco de tan abominable  monstruo... Pero, en realidad, no hicimos mucho caso.
Nosotras, que por azar compartimos espacio, tiempo y género, que por azar somos nosotras, llegado el momento elegimos ser poetas, o dicho de manera más estricta, nos vemos abocadas a ser poetas. Incluso poetisas. Y de entre todas sus variopintas formas - de jardín, de salón, de claustro, de tugurio, de rimel, de sombrero y pipa, de teta, polla y culo en este u otro orden, de parloteo proceloso, de verdad o de mentira- elegimos ser buenas poetas.

¿Y qué habremos de decir en nuestro "feliz no manifiesto" acerca de nuestra "no generación"? Cito a mi colega Cristina García cuando digo:

  "Hay generaciones, maneras de generar, que no dependen de ninguna identidad genérica, que no reproducen ninguna identidad genérica. No todo es "de padres gatos, hijos michines", sino que con frecuencia de una madre gata resulta un hijastro ratón, y del ratón un queso de bola que al final sólo era la luna caída en un pozo. Y la poesía se empeña justamente en captar estas instantáneas mutaciones de interregno. No porque en los versos se cueza un diabólico injerto de trozos sueltos de realidad -como si alguna voluntad arbitraria pudiera cortar y pegar a su antojo-, sino porque la propia realidad (que también es irreal, super-real, extra-real y realizable) salta continuamente de un género a otro, como las más caprichosas cabras.

Somos mujeres, sí, pero estamos aquí convocadas por ocuparnos de una actividad "transgénica" o "transgenérica": "alquimia del verbo", que diría A. Rimbaud. Son las generaciones espontáneas lo que nos interesa, y no los géneros perfectamente alineados en una taxonomía inviolable."

Y con ese espíritu participamos de estos libros, de este florilegium, término en latín para antología que no significa otra cosa que elección de flores. Estamos convencidas de que el criterio de este bucólico paseo de Paco Sevilla no es, por tanto, que seamos rosas o violetas, euroasiáticas, nocturnas o carnívoras, de ribera, bosque o selva. Recordad, ni flores macho, que las hay, ni flores hembra. El valor esencial es que seamos excelentes ejemplares: poetas. Porque vivimos por y para decir. Impunemente.

Leído en el Ateneo de Madrid el 24 de noviembre de 2006

 

Hilanderas I

Edición y prólogo a cargo de Francisco José Sevilla
Colección Helado de Mamey
Ediciones Amargord
Pilar Adón, Eva Chinchilla, Patricia Esteban, Cecila Eudave, Lucía Fraga, Cristina García, Esther Giménez y Ana Gorría.


Pilar Adón aborda las sombras y su orbe íntimo, interrogativo, y pasea su voz por la abierta herida del folio en blanco. Eva Chinchilla aporta poesía risueña y caprichosa, surrealista y juego de objetividades. Patricia Esteban se sirve de la realidad para transformarla y desvincularla de su uso común, jugando con los significados sin romperlos: poesía iluminada, ilimitada y visual, transgresora y trascendente.

La mejicana Cecilia Eudave se desenvuelve por la poesía de claras referencias erógenas, rara vez llegadas a lo erótico. Predominio del roce sobre el tacto propiamente dicho. Lucía Fraga desarrolla su verbo sangrante y mortal, trasluce la esperanza de algún día saber la verdad, mejor aún, busca de manera brutal el corazón de la verdad de lo sucedido hoy, ayer y siempre. Y es ese dolor extremo quien imprime el sello a su voz.

Cristina García Santos representa a la poesía sígnica y de desparpajo sistemático: metáforas zigzagueantes, donde a primera vista nada parece ser lo que es, ni decir lo que se dice sino leído por la intuición. Esther Giménez confiesa que sus poemas le llevan a otros poemas, con finales y desarrollos abiertos a todas las interpretaciones posibles, buscando la sombra del asombro. La poética de Ana Gorría es reflexiva y de implosiva exterioridad, variada tanto en temas como en formas, en sus versos se dan cita los poemas biográficos cortos, y los menos breves en prosa.

Hilanderas II

Edición y prólogo a cargo de Francisco José Sevilla
Colección Helado de Mamey
Ediciones Amargord
Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Elena Medel, Esther Muntañola, Marina Oroza, Antonia Ortega Urbano, Yolanda Pérez Herreras, Ángela Torrijo y Alejandra Vanessa.


Las palabras de Guadalupe Grande convocan memoria, realidad y deseo. Su poesía se ha de sentir y leer desde la consciencia y la revelación. Porque la poesía es aire, y solamente el aire es publicable. Marta López Vilar expone la intranquilidad de un mosaico de sensaciones, porque todo en su poesía está por vivir y ser vivido. Poesía donde incluso el desamor es amado, y ama.

Elena Medel es quizá la poeta más genial e interesante a todos los niveles técnicos y por emocionantes, novedosos. Del pop al mejor beat es capaz de dulcificar y herir lo concreto en cualquiera de sus magnitudes. Sin duda, la mejor poetisa de su generación. Esther Muntañola pinta el aire y dibuja la luz y la sombra en sus versos: poesía de cualidades lumínicas y finura de pincel, versos en forma de óleos. La poética de
Marina Oroza
habla del "mí" hacia los otros y lo otro. Sus poemas andan a tientas con la huida de la rutina, porque la rutina es hermana de la muerte y desgastan el yo y el amor, el nosotros y la vida.

Los poemas  de Antonia Ortega Urbano recogidos en Hilanderas asoman desde el título, aún inédito, Yo no veo los monstruos, veo el paisaje. Título que, según la autora, significa la capacidad que el ser humano tiene para sobrevivir a sus propias vicisitudes, y ver constantemente lo bueno y trascendente.

Yolanda Pérez Herreras presenta un repertorio mínimo de su febril actividad cultural en Madrid, más de 25 años dedicada al discurso poético en todas sus verticalidades y rarezas. La poesía inédita Ángela Torrijo nace del fondo de las vísceras y sueña en tres ramas: dolor de madre, dolor de amante y dolor de infancia. Pero también del amor bidimensional: el que tiene y el que desea.

La antología culmina, por el momento, con Alejandra Vanessa que aporta poesía tersa, a la par con sonrisa y ternura. Mira desde la ingenua madurez de la realidad. Poesía para un solo instrumento de viento: el Amor. Y de fondo, sucedánea, la vida.

 

Pilar Adón
Eva Chinchilla
Patricia Esteban
Cecilia Eudave
Lucía Fraga
Cristina García
Esther Jiménez
Ana Gorría
Guadalupe Grande
Marta López Vilar
Elena Medel
Esther Muntañola
Marina Oroza
Antonia Ortega Urbano
Yolanda Pérez Herreras
Ángela Torrijo
Alejandra Vanessa

 

Quien abandona no pierde
cuando la aurora se enciende 

Toda la vida cosida a la noche
sin hilvanar, en claro 

Marina Tsvietáieva

 

Luz de barro el símbolo de la inmediatez que vivimos a pleno sol día a día, a surtir un cónclave, que ya anunciado, recurra al formato de antología y reúna a 17 voces femeninas y plurales del quehacer poético actual...

Por voluntad de belleza y a sabiendas de la velocidad efímera de la belleza, la presente antología que no es un libro sino de amistades encontradas en el variado y rico panorama de la poesía femenina actual -gran parte de las poetas antologadas se conocen entre sí, bien por lecturas, ya personalmente-, resolvemos titularlo: HILANDERAS, ¿Por qué?

Pues porque se trata de un libro de autoras en activo, vivas y con una obra "poética" en marcha, como lo era la rueca central del lienzo de Diego Velázquez, ávida verdad desnuda.

Antologar implica elegancia en la selección, amistad sin personalismos, la literatura es un texto y, si bien el texto no se sostiene por sí mismo, pueden ocurrir en general, y sin entrar en imperativos categóricos, tres cosas: 1- que el poema se fugue por arriba, no por la imaginación, sino por la pájara mental; 2- que sea un conjunto de líneas, con vuelo sin peso y viceversa, un texto plano y sin materia volandera ni musical; y 3- que los versos se despeñen sin sentido hacia el más absoluto y estólido plano subjetivo incontrolable, espumantes ríos de días devorados por la muerte y el olvido.

Entonces, ¿qué es ésta antología? ¿Un escaparate de ansiedades? ¿Alucinaciones de alondras? Insomnios y desvelos polícromos y ecóicos? ¿Humores éticos y variedad de ambigüedades? No, sencillamente, 17 voces bien definidas y polifacéticas derivadas de 17 vidas distintas, 17 ríos divisibles y reales, 17 sucesiones del ser en el presente, 17 mujeres vivas, 17 poetisas en activo, 17 hilanderas con una obra actual y en marcha. 17 miradas plurales e inconfundibles. 17 formas de respirar la vida en verso.

Y sólo resta decir, por ejemplo, que los versos de María Eloy García y Carmen Jodrá, Beatriz Russo y Blanca Vilela, y un largo etcétera de autoras y poetisas que debieran haber figurado aquí, fueron inviables y a disgusto mío: por unas razones u otras, edades generacionales y biografías, citas y fechas, éxtasis y devaneos contra el placer de antologarlas.

Aunque presumiendo del verso: "el arte es largo y además no importa", todo se andará y labrará por sus confines de cínifes en un futuro inmediato.

Quiero decir: habrá una segunda versión HILANDERAS, óptima y oportuna al cabo de unos meses más de trabajar con las fragilidades e ilusiones del aire. ¿Fonéticas volatineras, hilar de hilos del viento del insomnio? Y finalmente gracias. Disfruten de este libro que nace de manos de la editorial Amargord , y que viajará a las manos del mundo.

 

Logo Ediciones Amargord

Los libros y revistas de nuestra editorial son elegidos cuidadosamente: deben cumplir, así a volapié unos cuantos requisitos: tener calidad, producir emoción, incluido algún que otro escalofrío, estar escritos por escritores que conocemos como personas, participar de este complejo proyecto que es Amargord de forma espontánea.

Reconocemos abiertamente la dificultad de la poesía para entrar en un mercado (que no sea subvencionado) lo que nos indica, que está perdiendo, si no del todo, casi, su capacidad de "legislar desconocidamente el mundo" para convertirse acaso en un modo esteticista de entrar en él y sus circunstancias "monetarias y de éxito". Nada más alejado de nosotros; eso no significa que no queremos triunfar, sino que nuestro triunfo pasa por la reflexión sobre la función de la poesía en nuestra sociedad número 1 y el puesto que debe corresponderle, lo cual exige un trabajo y una meditación importantes que hemos llamado BEP AMARGORD, un boletín donde contar nuestros estudios poéticos. El éxito, por tanto, corresponde al poeta y a la meditación de su circunstancia con respecto a lo que hace.

HECHIZAR EL MUNDO ese es nuestro objetivo. No el mundo mundo, sino el de un barrio pequeño de Madrid, Lavapiés, desde donde lanzamos nuestras acciones, mensajes, arte y todo lo demás.

Libros de poesía Colección Helado de Mamey

La travesía del hombre barco - Francisco José Sevilla
El desierto de la sed - Rodrigo Galarza
Los amantes de Coriolis - José Ramón Huidobro
El rescate invisible - Patricia Esteban
Los poetas interiores (una muestra de la nueva poesía argentina) - Edición a cargo de Rodrigo Galarza
Berenice - Jesús Urceloy
Nadie pierde siempre - Antonio M. Figueras
Las manos sobre la tierra - Víctor M.Muñoz
El arco iris de un anticuario - Oscar Aguado
Hilanderas I y II - Edición a cargo de Francisco José Sevilla

Ediciones Amargord
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28012 Madrid
Tf.: 91 298 04 04 / 91 298 04 03
Fax: 91 539 16 58

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Para más información: Ramón Huidobro (655 796 433)

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