P O R T A D A                 Detalle de una fotografía de Fabio Borquez.    
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  33 aire - poesía    

Una piedra que suena
como un tambor:
Novísimos
de la poesía peruana

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Introducción, selección y notas de Miguel Ángel Zapata

 


Primera selección:

El término novísimo es determinado y confuso, pero necesario. Cada época tiene sus novísimos que trascienden, otros se quedan enterrados en el olvido. Los novísimos son los últimos en el orden de las cosas de la poesía, tatuajes frescos ante el transcurso del tiempo.


Primera lectura:

Clasificar a la poesía peruana por generaciones es siempre un riesgo que nos puede llevar al equívoco. Lo que al final importa son los poemas y los libros de cada poeta. Lo que recordamos de César Vallejo (1892-1938) son sus libros. De la primera cosecha está Los heraldos negros (1918) y de la segunda también radical, Trilce (1922). Después vienen los poemas de París, y España aparta de mí este cáliz (1937). Vallejo, si se quiere, pertenece a la generación Vallejo. Es curioso que en el Perú se hable de la Generación del 50 debido a que un grupo de poetas comenzó a publicar durante esa década. Supondríamos que una generación tiene algo en común, un aliento compartido, un estilo reconocible, una postura quizás. Por ejemplo, Carlos Germán Belli, Blanca Varela, Pablo Guevara, y Jorge Eduardo Eielson, no se parecen en nada estilísticamente, en cambio sobreviven por el rigor. O sea, cuando se usa este término anacrónico de generación del cincuenta es para dar noticia de las fechas de sus primeras publicaciones. Tampoco se parecen en nada Antonio Cisneros, Marco Martos o Rodolfo Hinostroza, poetas que publican en los albores de 1960. En este caso se ha hablado de una influencia de la poesía anglosajona en algunos poetas de esta generación. Tal vez sí, tal vez no, y sería muy pronto arriesgarse. Además, ésa no sería la única característica de estos poetas. Para encontrar algunos rastros habría que recorrer la poesía latina (Propercio, Catulo), la poesía francesa (Rimbaud, Baudelaire), y la poesía peruana, incluyendo a Vallejo y a José María Eguren. No todos los poetas que practican una poesía narrativa o coloquial vienen de Eliot o de Pound. Conclusión: los poetas que menos se parecen son los que van quedando en la tribu.


La piedra suena como un tambor:

La piedra deviene de las construcciones antiguas del Perú: la piedra es una metáfora de la precisión y el mito, es una señal en el camino. La piedra es Machu Picchu y el Cuzco. La piedra es el cielo de los andes, la energía de la altura, los riscos de la costa. El tambor es la música de la piedra. Los países tienen sus piedras y sus esferas, pero también tienen un tambor que es la música de los ojos. La piedra y el tambor son otra manera de comunicarnos, el nuevo baile, se sabe, no está en las palabras mismas sino en la emoción que nos producen. Borges lo dijo primero. Es emocionante.


Notas:

Estos novísimos poetas peruanos aquí seleccionados (nacidos entre 1963 y 1981) no tienen temor de usar formas antiguas como el soneto, el verso libre o el poema en prosa moderno, dotándolos con un nuevo acento y un registro radical. Son textos que tal vez contengan algún referente de la mejor poesía peruana de la generación de Carlos Germán Belli o Blanca Varela, de Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Julio Ortega, o Luis Hernández, pero sus poemas expresan una perspectiva individual e independiente. Son, en suma, poemas que redefinen la tradición poética peruana a través de refundiciones apropiadas que buscan un diálogo y una energía regeneradora.

La novísima poesía escrita en el Perú y fuera de sus fronteras presenta una serie de innovaciones que ameritan una relectura detallada de sus aportes. Su inteligencia radica en no negar la tradición, sino viajar con ella y mantener el mismo trote, codo a codo, subiéndose y cayéndose por la escalera versal de la poesía. Los poemas son artefactos abiertos y reversibles, y tienen como centro una pirámide experimental que arrebata toda hegemonía. El tratamiento lingüístico de estas poéticas determina que la poesía es un producto de cambios e intercambios, un asir la forma que se va para impregnarla en una nueva superficie, que después de todo, es consecuencia de una fructífera y arriesgada contaminación. Garcilaso lo hizo con certeza en su diálogo con la poesía italiana, y los modernistas, con los parnasianos franceses. En el Perú, Carlos Germán Belli (Lima, 1927) hace lo mismo con Garcilaso, Petrarca, Góngora, y también en sus sextinas o villanelas. El modernismo, como ha señalado Ivan A. Shulman, se apropia del almacén cultural del occidente y del oriente con el fin de afirmar su identidad en términos de una otredad. Esa otredad se presenta en l poetas fundamentales que comienzan a publicar en la década de 1970 (Ollé, Pimentel, Verástegui), u ochenta (Di Paolo, Santiváñez, Mazzotti), y posteriormente en la de 1990. Su continuidad pervive debido a una cuidadosa relectura de la poesía peruana, y la inmediata absorción de una cultura globalizante pero dispareja. Los novísimos poetas peruanos establecen un diálogo no sólo con poetas como César Vallejo, José María Eguren, sino con los artificios de la poesía brasilera del siglo veinte, el Cancionero español, las canciones de Petrarca, la poesía de Garcilaso, López Velarde, o la mejor poesía norteamericana. Su modernismo y vanguardia radica en ese gesto de aventurarse por las raíces de varios espacios geográficos e idiomas. Es decir, su faro no solamente podría ser Inglaterra o los Estados Unidos, sino la vertiente más cristalina de la poesía peruana, o la continua práctica y reinvención de otras formas populares como el verso libre. Como puede observar el lector, el material es variadísimo: soneto, poema en prosa, verso libre, y con una temática que no los une absolutamente: su mérito radica justamente en su independencia y dispersión. De ahí que suene extraño hablar de una generación de los noventa o del nuevo milenio, ya que cada autor crea su propia razón de ser, y recrea una poética particular. Hay un afán de movimiento (interior y geográfico) y de exploración, no solamente del idioma sino de otras tierras y otras literaturas. Su signo es la búsqueda de una otredad permanente, y de un paraíso perdido (el Perú imaginario), o de la nueva lengua que se adquiere en otra latitud desconocida. La mayoría de estos poetas jóvenes escriben sus textos en el Perú, o fuera de la patria de Vallejo, González Prada, y José María Arguedas. Y aunque hay que reconocer que la poesía peruana se ha caracterizado por ser nómada, la mayoría de estos poetas seleccionados viven en el Perú. Estos poetas entendieron el vacío y el estruendo: la poesía hay que vivirla, pero mejor hay que saber escribirla.


Long Island, Luna Llena en Nueva York, septiembre, 2004

 

  • LUIS FERNANDO CHUECA (Lima, 1965).
    Es autor de Rincones (anatomía del tormento) (1991), Los animales de la casa (1996) y Ritos funerarios (2000). Destaca también como crítico literario en la revista Lienzo y en el periódico de poesía Odumodneurtse.

    Ocaso de sirenas

 

  • MAURIZIO MEDO (Lima, 1965).
    Ha publicado Travesía en la Calle del Silencio, Cábalas, En la Edad de la Memoria, Contemplación a través de los Espejos, Caos de Corazones, Trance, Limbo para Sofía. Edita el boletín "AQP.Cultural" y coedita Brújula Perú.

    Suite de la Neurosis (II)

 

  • WILLY GÓMEZ (Lima, 1968).
    Ha publicado Etérea (2002) y Nada como los Campos (2003). Dirigió las revistas de poesía Polvo Enamorado (1990-1993) y Tocapus (1993-1995). Willy Gómez escribe una poesía que arriesga en la forma.

    Huancayo

 

  • LORENZO HELGUERO. (Lima, 1969).
    Ha publicado los libros de poemas Sapiente lengua (Lima, 1993), Boletos (Lima, 1993), Diario de Darío (New Brunswick, 1996), Bessián o el abismo (Lima, 1996) y El amor en los tiempos del cole (2000). Obtuvo el Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales de la Pontificia Universidad Católica en 1991.

    XXIII

 

  • MIGUEL ILDEFONSO (Lima, 1970).
    Ganó los Juegos Florales de Poesía en la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1995. Ha publicado los libros de poesía: Vestigios (Pastor Editor, 1999), Canciones de un bar en la Frontera (Santo Oficio Editores, 2001), Las Ciudades Fantasmas (Copé Editores). En el 2001 Ganó el Primer Premio de Poesía COPE. Director de la revista literaria electrónica El malhechor exhausto.

    Martín Apolo BLUES

 

  • FRED ROHNER (Minas Gerais, 1977).
    Ha publicado Cancionero (tangos, boleros y otros poemas para ser cantados). Lima: Ediciones Corza Frágil, 2001.

    Garcilaso

 

  • JERÓNIMO PIMENTEL (Lima, 1978).
    Estudió Periodismo en la Universidad Católica. Integra el grupo La Pandilla Interior. Es redactor de la revista Caretas. Ha publicado Marineros y boxeadores, Lima: El Santo Oficio, 2003.

    Luciano Fernández (1973)

 

  • ROBERTO ZARIQUIEY (Lima, 1979).
    Ha publicado Lo torpe (2001), y Tratado de arqueología peruana.

    En la playa

 

  • CECILIA PODESTA (Ayacucho, 1981).
    Estudia literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Ha publicado su primer libro, Fotografías escritas, Lima: Dedo Crítico Editores, 2002. Este libro mereció el Premio Dedo Crítico de Poesía 2002.

    Sirena

 

 

   
             
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