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Y
con el húmero y todos los huesos sepultados
qué me queda sino reír en los panteones
preguntándome si ahí lloran las piedras.
Qué
me queda sino remontarme al infinito
o morirme ciego en la cama que entreabre
su esqueleto.
Qué
me queda sino la obstinación de un sastre
que sutura los pétalos de la Rosa que nadie vio jamás
(porque ninguno ve la agonía de la Rosa que
siempre será de Nadie
mientras la boca mira y le suplica
que vuelva a saberse
sólo Rosa)
Qué
me queda sino dormirme a oscuras
presintiéndote
como una arteria
entre
mis sienes
y la almohada.
(En
Limbo para Sofía)
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