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Luciano Fernández (1973)
Historiador,
muchas de las temáticas que aborda Fernández
en su obra poética (Tulipanes y chimeneas,
1992, y Luces Ígneas, 1994) están
indefectiblemente unidas a su labor académica.
Una de las teorías que arguye es la de la "ramificación
desestructurada", que consiste en entender a todas
las manifestaciones culturales de una sociedad como
parte de un todo. Ha sido calificado de neomarxista
demodé" y "precursor trasnochado".
Algunos críticos le han señalado, además,
cierta irremediable manía por apropiarse poemas
de otros con descaro. Este fue publicado en la revista
Fársasis Tripoidal #11.
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[SIN TITULO]
a J.B, J.D. y L.R.N.
Lima
ha muerto. Calles, quintas, vidrios, sacos, niebla, sombra,
miel, todo ha muerto.
Desangradas han muerto las miradas que se cobijaban como un
tumulto
Bajo periódicos de papel en una noche de lluvia.
Mangueras, jardines, lilas, cercos y manicomios.
Como huyendo, la ciudad entera se depositó en un girasol.
Delicadamente murió Lima.
Vasos y botellas, mozos, putas, camiones, barriadas, cisternas,
luces, patios.
Lima murió en una batalla lenta que no estaba preparada
a rendir.
Un casco mal hecho,
Un traje de campaña que se desgaja al roce de los árboles.
Eucaliptos, pinos, cedros, caobas, algarrobos.
Bajo la luz del sol, rezando oraciones en los pechos de las
niñas.
Señores elegantes y mendigos mutilados murieron soportando
la noche más fría
De la que se tenga memoria.
Negándose a vomitar bilis, rastrillando nombres irreconocibles
en el piso,
Lima ha muerto pomposa, como una señora noble
De la que se espera oír sus últimas palabras.
Palomino, Buckingham, Guzmán, Olarte, Ruiz.
Extintos, han desenvuelto largos manuscritos que tenían
guardados en cajones polvorientos,
Y han empezado a recitar versos nerviosos que escuchamos como
el réquiem seco
De una muerte que no puede ser la nuestra.
Lima
ha muerto. Es lo único que importa.
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