P O R T A D A     CRÓNICAS DE VIDA A PARTIR DEL 11-M
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Cruzados    
      Ángel González García   punto de encuentro
  28 fuego - miscelánea    

Spanish Inquisition
e integrismo islámico

28-03-04

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Protestan y renquean algunas voces mesnaderas y plumas cruciformes de la derecha ibérica; aducen cansancio y gritan "falsa alarma", y destilan simplismo. Me refiero a quienes se levantan de la silla coral, se descalzan la votiva de Recaredo del magín decimonónico, y se ponen a despotricar contra "goytisolos" y almanzores. "¿Para qué tanta advertencia, tanta defensa a priori, tanto ataque preventivo contra una potencial crecida de islamofobia en la Tierra de María Santísima?", se preguntan.

Y se responden que no es necesario intentar abortar rebrotes de maurofobia, porque el paisanaje iberogodo no ha abierto la boca para clamar venganza, ni han salido mudarras de las peñas culturales almogávares, en busca de sangre islámica. Supongo que será porque esas plumas cruzadas están en contra de cualquier tipo de aborto que se rebelan así ante las medidas preventivas que algunos españoles consideramos imprescindibles en estos días.

Lo curioso es que tengo que darles la razón: la grandísima mayoría de los españoles no ha salido a la caza de almorávides ni la ha tomado con el musulmán avecindado en sus arrabales de extramuros. Pero, si los cristianos más o menos viejos, más o menos ahidalgados, del siglo XXI no han predicado a voz en grito la Santa Cruzada contra el islam, no ha sido gracias a estas plumas preclaras de hoy, que hablan desde las editoriales de la prensa de derechas como si estuvieran acaballados entre el púlpito de Aznar (me refiero al clérigo aragonés que en 1600 afirmaba que los moriscos tenían rabo, por pecadores) y la cátedra apulgarada de menéndeces y pelayos.

Editoriales firmadas por historiadores y académicos de la "Memoria de España", (en los que se afirma que el Corán, quieras que no, incita a la guerra santa) no hacen mucho por alentar esa tolerancia hispana que, según los mismos autores, ha convertido en vanas las advertencias de algunos intelectuales de izquierdas.

Con una mano, se critica a los Juan sin Tierra maurófilos y con la otra se escriben artículos de historia que condenan el albornoz para reivindicar el sánchez, como si no fueran compatibles. Palabras como sarraceno, mahometano, y otras lindezas dignas de una capitulación traicionada por reyes muy católicos y muy muertos no son dignas de aparecer en la editorial de un periódico de tirada nacional, por mucho que el anticastrismo de sus autores incluya en el saco del coco a don Américo (que nada tuvo que ver con don Fidel). Así, la reducción simplista de los últimos mil años proclama con altisonantes primeras personas del plural occidental que la civilización europea supo comerle la ventaja inicial al Islam, y hacer efectiva la separación entre iglesia y estado, mientras que los "sarracenos" han quedado anclados en la teocracia, y vistiendo santos con turbante y almalafia.

"No nos pasemos de tolerantes" vienen a decir estas plumas preclaras, "porque tiene sentido la simplificación eurocéntrica de que el islam pide guerra, después de todo". Ante la maurofilia preventiva de algunos sectores del rojerío, vienen a resucitarse así las verdades del barquero, y a los péreces de Hita que hablan ahora de guerras entre hermanos, los pelayistas con título y prebendas sacan del bargueño familiar la adarga matamoros, y de nuevo está de moda simplificar al otro.

Es curioso que esas mismas voces que tanto presumen de europeas y occidentales pretendan ahora encaramarse al caballo de la Europa pretendidamente laica. Ellos no se quieren acordar, pero las supuestas conquistas del laicismo de estado nunca han sido ciertas, y mucho menos entre nosotros. A quienes pretendan subirse al burro del omnímodo laicismo occidental, y quieran repetir que sí, que el islam tira bombas como la cabra al monte, habría que recordarles que para medio mundo, el adjetivo "Spanish" va acompañado demasiadas veces del sustantivo "Inquisition", y que todavía media Humanidad nos considera a los hispanos capaces (por idiosincrasia cultural) de quemar herejes en cuanto nos den espacio para ello.

Y si citar el Corán para demostrar el "yihadismo" que algunos musulmanes muestran es en realidad "producto natural de una religión equivocada" es válido hoy por hoy, entonces quizá habría que recordar que nuestros libros santos también vienen repletos de consignas incendiarias, de sacrificios rituales de grasa de buey para limpiar impurezas, y de intentos de degüello del primogénito, porque seguir al pie de la letra los caprichos del ser supremo es también para nosotros, los occidentales, un artículo de fe. Y más para esos españoles que, ya se sabe, tienen por deporte nacional encender sus fallas con carne de quien no esté de acuerdo.

Como dije el otro día frente a un aula llena de españoles que no han leído a Menéndez Pidal: ni nosotros llevamos cirios y macarenas en hombros todo el día, ni el islam es necesariamente una religión de agresores y terroristas.

 

   
             
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