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agua / aire / tierra / fuego

el otro mensual, revista de creación literaria y artística - ISSN 1578-7591

Un poema escrito al saber que Shakespeare y Cervantes murieron el mismo día

Ray Bradbury

Versión de Jorge Lara Rivera / Texto original

 

El gran Shakespeare perdido. Ausente Cervantes.

El sol desciende a la noche. La caída

rechaza todo fulgor. El tiempo contiene el aliento

ante esta coincidencia funesta.

¿Pero es posible? ¿Y es así como

esos dioses gemelos van a la oscuridad?

¡Todo en el mismo día! ¿Y nadie detuvo

la cosecha de este terrible desgranar?

En cada campo y cada luz

ellos, ardiendo, empujados hacia la sombra.

Ya la noche retoma el tamaño que le corresponde,

¿Hace falta un espíritu? ¡No! La muerte arrebatará dos.

Uno primero. El mundo gira hacia el despojo

¡Después dos! Golpes leves para devolver el delicado equilibrio

Dos cometas apagados en menos de una semana

Primero España, luego el inesperado moretón a Inglaterra

El mundo enmudecido por el estupor y el miedo

La Antártida derritiéndose en lágrimas

y las ánimas de los Césares explotaban; alza

ensangrentados ojos la Amazonia.

Una época ha terminado, y atestigua

un día brutal,

cuando la inteligencia divina nos dejó solos

sin el agonizante Will y su par español.

¿Quién osará medirse y valorar cada pluma?

No veremos otras cumbres gemelas como ésas.

¿Shakespeare perdido, Cervantes muerto?

Las venas de Dios se coagulan

y la luz se ha ido, clausúrase el día.

Dos gigantes arrebatados en menos de una jornada,

dos cimas, segados por un certero tajo de la muerte.

Cristo perplejo, reabiertas las heridas. Dios retiene el aliento.

Y nosotros titubeantes por ese par caído.

La aridez del día aterra.

Como si un antiguo Tribunal de Reyes

para Césares o cosas magnas,

en pago a su majestuosidad,

que sean ahogados en una edad obscena

inmutable dictara: “Dos gigantes –muertos”

Primero uno y nuestro otro ojo enseguida

Conmueve Dios con grandeza, luego sueña la inmensidad.

¿Uno no es suficiente? No, podría notarse

el vacío a medio llenar si sólo Shakespeare, abismado

en fuga hacia la ruina y al riguroso crepúsculo.

Así, al principio lamentando, ya luego con risa,

Dios ha medido y colmado esa otra mitad.

Cervantes atravesado fijo en una tabla,

el corazón de cometa pleno y rebosante.

Dios los envió fuera a ambos, par de astros de fuego

nacidos colosales y espléndidos monstruos de océanos para su goce,

tras muchos largos años, desde que suplicábamos por riendas.

¿Dónde Cervantes sumado a Shakespeare esconde su

caída? Resuenan ecos alrededor del escenario

y todavía tratamos de cuantificar nuestra conmoción,

pues dónde queda el sentido de esto.

Nuestra mano derecha y nuestro Derecho perdimos.

¡Cuáles aplaudidos, juntos, aclamaron

a Dios y la Causa Cósmica Primordial!

Mas Cervantes y el Bardo quedan rígidos.

¿Dos sueños indómitos en una muda cápsula subterránea?

Dejemos a todos los ecos fluir en las mareas

donde los cometas son sus puentes colgantes

y a Cervantes y al burlón Will

dar golpes al aire con nuestras esperanzas más ambiciosas

y advertirnos en las pesadillas de la cama.

Llorad: ¿El Quijote y Hamlet muertos?

¿Caídos, en un único día? ¡Expulsados! ¡Abatidos, arrancados!

De ninguno de esos funerales sabré

Sus epitafios, sus lápidas, rechazo.

Déjenme sus libros, muéstrenme a sus Musas.

Hasta por un día, o al menos, una semana

desafío a hablar a Cervantes y a Shakespeare,

a que colmen mi corazón y enciendan mi mente.

¿Con qué? Noble Caballero, íntegro Lear, ¡Muertos no! ¡Muertos no!

 

Nota: El presente texto es una curiosidad literaria en la vasta obra narrativa del notable escritor norteamericano autodidacta Ray Douglas Bradbury, originario de Illinois, Estados Unidos (1920) y autor de los aclamados libros Crónicas Marcianas y Fahrenheit 451, quien frente a la crítica que lo ha clasificado como autor de Ficción Científica o colegas y especialistas de ese género que lo acusan de haberse apartado mucho de la vertiente, se define a sí mismo como un autor de línea fantástica con preocupaciones morales. En el poema están presentes dos de los elementos fundamentales de la versificación en lengua inglesa, la rima y el apoyo en la repetición de ideas como eco de las palabras. La versión que se ofrece en nuestra lengua prescinde de ellos primando el sentido de devastación y azoro ante el desastre, esclarecido sin los ornamentos originales que no harían sentido en nuestro idioma o que forzarían un amaneramiento de la expresión versal, pero conservando el tono elegíaco.

 

© Ray Bradbury
© De la versión, Jorge Lara Rivera

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