|
Breve nota introductoria
Cuando
se consumó la derrota y el terror y la angustia se
hicieron insoportables en su país, el poeta Manuel
T. tomó el camino del destierro. Fue durante ese tránsito
cuando lo conocí, aunque ambos habíamos vivido
en su ciudad natal cuando la violencia gubernamental empezó
a campear por las calles. Por entonces, Manuel T. trabajaba
en una fábrica y participaba en todas las huelgas y
manifestaciones obreras hasta que marchó a la guerrilla
del Comandante Ordóñez, que operaba en el norte.
Eso es lo que dicen los informes policiales y militares y
han creído sus compañeros, pero que el niega.
Al
cabo de unos años de vida extranjera, Manuel T. se
sintió perdido y empezó a buscar un poema, en
realidad el verso de un poema. «Necesito ese verso;
es mi brújula», me decía casi con desesperación.
Así fue cómo un día, tras arrojar a la
calle muchos de sus libros, se marchó. Cuando recibí
una carta suya junto a un manuscrito fotocopiado, «a
modo de abrazo de despedida», algo me impulsó
a ir hasta la casa que había ocupado. Recorrí
las habitaciones vacías y viejos papeles se alzaban
a mi paso como tímidos adioses y, entre ellos, acaso
un olvido. Una vieja agenda a la que, después de leer,
he titulado «Cuaderno
de notas de Manuel T.»
1 - 2 - 3 - 4
|