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Nuevos cantares en el continente latinoamericano

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Los poetas bajaron del Olimpo
y nosotros conversamos
en el lenguaje de todos los días.
Nicanor Parra

 

¿Cuándo es que los poetas Vallejo, Neruda, Parra, descendieron del Olimpo por las gradas del alfabeto hasta entenderse con la lengua “de todos los días”? Tal vez sería más pertinente realizar la pregunta al mismo Nicanor Parra, por hoy icono de la poesía de Latinoamérica. Pues, aventurarse a un rastreo historiográfico es por demás un empeño manco que nos extraviará en épocas y guarismos sin hallar los “momentos", o peldaños, en que los creadores comenzaron su descenso abandonando, contra el sentir de Homero, “el lenguaje de los dioses”. El “momento”, ese preciso momento, nos resulta inhallable porque, en vez de tratarse de uno determinado, se constituye en la sumatoria de aportes que incorporaron tanto lo cotidiano como lo conversacional a lo asumido metafísicamente desde la Caverna Platónica. Luego de los años de Vanguardia la poesía en nuestro continente mostró al mundo su potencia en las voces de César Vallejo, Pablo Neruda o Emilio A. Westphalen. Luego de ellos el vínculo entre la poesía y la realidad fue haciéndose más tangible (ejemplo de ello está en los aportes de José Kozer, Juan Gelman, Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostroza) fundamentalmente por las circunstancias históricas que, siendo jóvenes, atestiguaron Cuba; los norteamericanos y su segunda invasión a la República Dominicana; el estallido del movimiento hippie en las democracias occidentales así como la aparición de los poetas beatnik en los Estados Unidos: Allen Ginsberg y Gregory Corso, entre otros, quienes ensayaron nuevas y revolucionarias formas en la poesía, las que fueron asimiladas desde nuevas dicciones. Antes de que el tiempo agonize en su pretendido “fin” en la historia, el aporte de estos novísimos coexistió con el agigantamiento de Parra (y su antípoda) Neruda, con la popularidad de ese eximio compositor de milongas (Benedetti) y a continuación con dos rupturas que, personalmente, consideramos como capitales. Una primera (circa 1968-1971), donde la poesía incorporó tanto al lenguaje como al habla eslabonándonos; donde los metaforones del modernismo fueron emplazados por modismos y replanas de los diversos sectores urbanos; donde el amaneramiento parnasianista sucumbió ante los “cantos” de la poesía anglosajona (Eliot, Lowell, Pound) resemantizados de acuerdo a la ideosincracia del continente.

La apertura a lo posconversacional como un modo de poetización y vínculo entre lo poetológico con lo social se extremó entre (circa 1975,1988) lo que constituiría un segundo rupturismo a través de obras que fundaron una nueva sensibilidad como Purgatorio y Anteparaíso de Raúl Zurita, Los Sea Harris de Diego Maquieira así como con la consolidación de Enrique Verástegui, tempranamente consagrado con En los Extramuros del Mundo y la conquista de un espacio para las voces femeninas a través de Carmen Ollé con su excepcional libro Noches de Adrenalina. Poesía en movimiento, declaraba Paz. A partir de estas coordenadas la poesía en Latinoamérica empezó un proceso de atomización discursiva, que aún predomina. Este descentramiento marcó el inicio de la posmodernidad periférica en las voces de los “Chavos poshippies” de México o el “Movimiento Poético Kloaka” en el Perú. Sin embargo el “descenso” de la letra al habla que empleamos continuó. Rota la Torre de Marfil y el lirismo de los puristas, las poéticas en nuestro continente, ora más subterráneas y casi de carácter tribal uniéronse en la consagración de la diversidad. Se incorporó la dicción de los inmigrantes europeos, fundamentalmente españoles e italianos y la poesía, tenaz, se mantuvo férrea contra la globalización, lo telemático, y otros fenómenos que hacían presagiar su Apocalipsis.

¿Pero qué poéticas practican aquellos que nacieron en los años de revuelta, de prodigios como la llegada del hombre a la luna. Aquellos que crecieron en los años de la aparición de la televisión a colores, de los juegos virtuales?. Es interesante detenerse en ellos. Hay ya algunos estudios como los de Mónica Velásquez en su análisis de la poesía boliviana y, entre otros, uno similar de Raúl Zurita que expresa la nueva sensibilidad en el cantar de los chilenos. Sin embargo, hasta hoy no contamos con una mirada integradora sobre la escritura empleada por estos novísimos que, tal vez, con el tiempo sean los fundadores de una nueva sensibilidad, reunidos en clanes de carácter antofágico que renuevan la fe en la más antigua de las utopías: lo poético. Los autores aquí reunidos no pretenden constituir una antología, más bien, un vistazo, casi arbitrario, de lo que se viene haciendo en América Latina, de espaldas a los ramplones manuales literarios, entre la transculturización, la reconquista de la identidad y la aspiración a integrar a través de la letra al continente borrando las fronteras. Sirvan pues estas líneas para reconocernos en cada uno de ellos.

 


Juan Carlos Bautista
(México, 1964)

Es autor de los poemarios: Lenguas en erección (1992), Cantar de Marrakech (1993) y Bestial (2003). Ha sido en dos ocasiones becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.


Rodrigo Quijano

(Lima, 1965)

Ha publicado Una aproximación a Sarita Colonia (1986) -libro de circulación restringida editado en París- y Una procesión entera va por dentro (1998). Además del magisterio poético, su obra aparece en diversas antologías, se desempeña como curador y crítico de arte.

 


Jorge Frisancho
(Barcelona, España, 1967)

De larga residencia en el Perú, ha publicado Reino de la necesidad (1987) Estudios sobre un cuerpo (1991) y Desequilibrios (2004). Ha publicado también artículos de crítica literaria y cuentos, aunque no reunidos en libro. Vivió en Nueva York entre 1991 y 1998. Actualmente vive en Chicago, donde se desempeña como editor y traductor.

 


Willy Gómez Migliaro
(Lima, Perú, 1968)

Ha publicado Etérea (2002) y Nada como los campos (2003). Dirigió las revistas de poesía Polvo Enamorado y Tocapus. Posee una vasta obra inédita entre los que se cuentan los títulos Este Medieval, La muerte de la princesa punk, Oriente, entre otros títulos de próxima aparición)

 


Vanna Andreini
(1970,Padova)

Es Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente reside en Argentina, donde se ha desempeñado como intérprete, traductora y profesora de Italiano. Asimismo es adscripta de la cátedra Literatura del Siglo XX (UBA) y colaboradora de Página 12 y Diario Perfil. Ha publicado un libro de poemas, Bruciate/quemadas por la Editorial Siesta en 1998.


Germán Carrasco
(Santiago, 1971)

Es autor de Brindis, La insidia del sol sobre las cosas, Calas, Clavados y una traducción de El Mercader de Venecia. Ha sido parte de la Fundación Neruda y el Programa de Escritores de la Universidad de Iowa. Ha recibido los premios "Diario de Poesía" (Bs As), "Sor Juana Inés de la Cruz" (Costa Rica), "Mejores Obras" (Chile), "Enrique Lihn", entre otros.

 

   
             
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