sí
Era eso, el Fuego,
—estulticia o tiempo muerto—
lo que repicaba sobre nuestra
súbita presencia,
Migrábamos… recuerdo
tus pies sobre la arena y la estéril agudeza
del viento. Hablábamos de todo,
aunque dormíamos;
de la perfidia,
o también de los
rizos que cubrían la claridad de tu frente,
yo te miraba —lo sé— con la somera luz
del cielo sobre la arcilla negra,
como recuas de jamelgos y chillidos
marchábamos.
Éramos nosotros esta única figura y sus secuencias
la historia oculta o
del hierro candente,