el Fuego, sus resquicios…
un rescoldo de viento traído por la lluvia.
Recuerdo
aquella misma tarde,
el sol debilitado y sus fragmentos
entre la luz dispersa
y los blancos perfiles de las cosas.
Recuerdo esas ocultas manías
—tu tristísima cabeza de tormenta—,
aquella ausente ternura que golpeaba
como campana
las azules bóvedas del cielo,