|
El
señor Rajoy ha aparecido en público hoy, jornada
de reflexión (y dolor), para condenar las concentraciones
de protesta espontánea y ciudadana que ahora mismo
tienen lugar por todo el país. El señor Rajoy
ha dicho que tales muestras de protesta son ilegales. Ayer,
cuando el señor Rajoy y otros de nuestros líderes
tergiversaron nuestro dolor y nuestro luto, fueron ellos los
que hicieron algo ilegal, inmoral o, como poco, irresponsable.
El pueblo que ayer se caló hasta los huesos no merece
un gobierno que le mienta en momentos como estos.
El
gobierno español ha sembrado vientos y está
cosechando tempestades en estos momentos en la calle Génova.
No me refiero a la guerra de Iraq, aún no es el momento,
y todavía duele mucho. Al Partido Popular le ha salido
el tiro de los móviles por la culata. Después
de habernos encadenado al teléfono portátil,
regalándolos primero y tratándonos después
como el camello avaro al nuevo adicto, ahora los ciudadanos
españoles se envían mensajes para concentrarse
en una manifestación espontánea que, por primera
vez tras el inmenso dolor, exige responsabilidades de nuestros
líderes.
¿Por
qué el PP ha intentado hacernos creer que los asesinos
eran los de ETA? ETA es mala, lo era antes de haber puesto
las bombas en Madrid y después de no haberlo hecho.
Al Qaeda es y ha sido asesina, y también lo han sido
los marines norteamericanos. El Partido Popular y, lo que
es peor, nuestro Gobierno, ha intentado manipular la muerte
y el dolor de miles de seres humanos, y ha jugado con la indignación
y la rabia de millones, mientras con la otra mano agitaba
la hipócrita bandera del "no nos dejaremos influir
por lo que han hecho".
Yo
sí me dejaré influir, porque la muerte de doscientas
personas no me permitirá seguir mi vida como si nada
hubiera pasado. Yo no me voy a rendir, ni voy a dar mi brazo
a torcer a los que quieren que vivamos en el miedo, a los
que nos masacran. Pero mi vida no puede ser la misma, ni mis
ideas permanecer impasibles e intocables.
"Hay
que volver a la normalidad" son palabras muy sabias que
ya no me sirven. La normalidad es que mueran los inocentes
y que la vida humana se trueque por trozos de carne irreconocible.
Habrá que volver a coger el tren antes de que amanezca,
y habrá que limpiarse la sangre del hermano para mancharlas
de grasa o de tinta. Pero nunca, nunca volvamos a hacer lo
normal, porque lo normal son el crimen, la injusticia y la
mentira.
|