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SIEMPRE LA VIDA
Primitivos
deseos de ternura
son todos nuestros gestos:
nuestra vida es la muerte.
Hechos
acaecidos no sólo en tu cerebro
cohabitan allí con lo que aún existe,
malditos hechos muertos,
seres de los que queda,
tal vez, tan sólo un nombre.
No debes recordarlos sin dolor.
Una mueca benigna será su permanencia,
a quién agradecérselo es la incógnita.
Manos que ansiaron
ser como la tierra,
por siempre creadoras, no por siempre.
Aquí hallaréis la prueba, entre el estiércol,
de un falso renacer, siempre la vida,
siempre la misma vida reiterada.
©
Antonio
Redondo Andújar
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