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Cubierta del libro Domicilio de nadie.

Domicilio de nadie se presenta en San Juan de Puerto Rico

La Editorial Isla Negra y la Librería Isla invitan a puesta en circulación de dos importantes publicaciones: Ankh, primer poemarío de la escritora puertorriqueña Zuleika Pagán López y Domicilio de nadie, muestra de la reciente poesía de Barcelona, antologada por el profesor y poeta Andreu Navarra Ordoño. Este doble evento se llevará a cabo el jueves 28 de agosto, a las 7:00pm, en las facilidades de la Librería Isla en el Paseo de Diego #15 Altos en Río Piedras.

La presentación de Ankh estará a cargo de Andreu Navarra y la de Domicilio de nadie, por Marioantonio Rosa.

Se invita al público en general.

 

Prólogo de Domicio de nadie

La ciudad de las repúblicas independientes

Andreu Navarra Ordoño

Me complace presentar en esta muestra a diez autores que residen o se han formado en la ciudad de Barcelona, y que tienen en común el virtuoso pecado de encajar relativamente mal en el actual mercado editorial de poesía español.

Desde inicios de los años ochenta existe una nómina de poetas llamados “de la experiencia” que, invocando las voces de Antonio y Manuel Machado, Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma, han construido una lengua poética de tono intimista y menor que ha acabado conformando el canon indiscutible del periodo de la democracia. A estos poetas, Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal y Jon Juaristi, les ha unido una poética realista basada en la inteligibilidad inmediata de sus textos. En sus manifiestos poéticos, García Montero dice rechazar a quienes “van de héroes” por el hecho de insistir en poéticas del hermetismo, la radicalidad y la ruptura. El crítico Jordi Gracia, en su libro Hijos de la razón (Barcelona, Edhasa, 2001) añadiría que esas actitudes presuntamente “heroicas” de quien continúa adoptando modos de escritura propios de la resistencia, como si aún viviera Franco, resultan anacrónicos en un contexto de democracia consolidada. En suma, quienes se niegan a escribir teniendo relativamente en cuenta al público democrático en vías de crecimiento no tienen derecho luego a quejarse de que no son leídos porque la culpa la tendrían sus propias e injustificadas tendencias a la ilegibilidad.

Estas concepciones, a mi modo de ver, entrañan una serie de confusiones graves, y también algunas consecuencias. La primera es que la imagen internacional de la poesía española se limita a los productos de la escueta nómina consignada, cuando los derroteros por los que hoy circula la poesía están muy lejos ya de esas concepciones más o menos dominantes, aunque a decir verdad siempre fueron menos los que escribieron “poesía de la experiencia”, de la que ya están un poco hasta las narices hasta los mismos poetas de la experiencia.

Creo que es un error garrafal confundir investigación literaria (o experimentación) con “ir de héroe” o practicar un postmodernismo banal, o una encriptación artificial del discurso, o un malditismo de postal. En segundo lugar, una lengua poética experimental no tiene por qué ser “grandilocuente”, no tiene por qué oponérsele un tono menor. Baste el magnífico poema en prosa de Sergio Gaspar que cierra la presente muestra para dar fe de ello. En tercer lugar, puede construirse una lengua poética radicalmente innovadora y a la vez perfectamente inteligible.

Pues bien, ordenados de más joven a mayor, presento una colección de voces pertenecientes a autores que pasan olímpicamente de las directrices arriba consignadas y demuestran que, en una democracia en pleno desarrollo, las afirmaciones de García Montero son totalmente inexactas. De entre ellos, ni los más jóvenes ni los mayores parecen tener en cuenta el modelo de los autores canónicos, pese a que algunos tengan la misma edad que ellos.

El caso de Carlos Vitale es uno de los más claros. Vitale, poeta singular de una autoexigencia ejemplar, poeta llanamente legible, lleva publicando en Barcelona desde 1981 y no ha accedido a ninguna de las grandes colecciones poéticas que conducen a la consagración. Pero es que Vitale no es un hombre que empuje y conspire e insulte lo suficiente como para figurar entre los canónicos.

Pero no es el único. Creo detectar en el trasfondo de la poesía de Eduardo Moga la presencia del mejor Aleixandre y, también, la impronta de la poesía metafísica de Dámaso Alonso y el Blas de Otero de Ancia. Moga es el poeta que logra aunar la ambición metafísica o trascendental con la más íntima de las coherencias poéticas, sin caer en la ostentación orquestal.

La poesía de Francisco Javier Cubero explora derroteros similares. Unir sensualidad y perfecto rigor verbal no es nada fácil, y es en este logro donde cobra valor una poesía que no se cierra a ninguna posibilidad temática.

Y es que desde hace años tengo la impresión de que el canon de la poesía española está formado por los que más empujan, más conspiran, más acusan a los presuntos “héroes” cuando son ellos los que han fraguado el binomio falso “poesía de los seres normales” = voz poética de la democracia. Sin embargo, en sus “jardines de intimidad” no puedo ver más que nihilismo, sofocación de la selva intrincada y múltiple de la escritura real que se está produciendo en España y que muy poco tiene que ver con el realismo. Porque los más jóvenes se comprometen algo más con la educación intelectual y los problemas internos que entraña toda democracia deficiente, sin que esto signifique que odien esa democracia y que sus ejercicios irracionalistas sean el lujo frívolo de quien siente nostalgia de las tinieblas elitistas del pasado. La guerra, la alienación, la deshumanización, el desequilibrio y las derrotas cotidianas pueden hacer mella en una lengua poética sin necesidad de que el autor que la maneja se esté disfrazando de Mesías. Quizá se trate de una monomanía mía, pero siempre he preferido que un autor me haga partícipe de su exploración de un conflicto que no de la constatación tautológica y colectiva de que las cosas van mejor que nunca. Sencillamente, una verdad no excluye a otra.

La muestra se abre con las exquisiteces sadianas de Mónica González Caldeiro, escritora que se refugia en la literatura norteamericana y las perversidades del sexo como modo de alejarse de las emanaciones de un país cutre que produce una literatura aún más cutre si cabe.

Rafael Mammos sería el ejemplo máximo de la multiplicidad que intenta recoger el presente volumen. Heredero de la mejor poesía clásica griega y romana, de la que es un estudioso concienzudo, logra fundir la máxima innovación con la apariencia marmórea y la fuerza plástica de la mejor lírica de la Antigüedad. El rigor y la elasticidad son rasgos que Rafael Mammos logra sintetizar en sus versos desmantelando inmemoriales escisiones estéticas.

Irene Jové es quien mejor despliega el verdadero tono menor que el tiempo actual exige: la perplejidad ante el absurdo universal que aplasta la conciencia y la reduce a la imbecilidad mecánica. ¿Qué otro sentido dar sino a sus fascinantes paradojas y juegos de perspectiva? La poesía de Irene Jové es la mejor prueba de que puede escribirse una poesía netamente intimista sin pactar con una realidad que escapa a toda delimitación racional.

Quizá el grupo de la santa rabia torrencial lo representen Francesc Fortuny, Marian Raméntol y Rubén Sáez, cada uno a su modo. Mientras el primero da rienda suelta a sus visiones devastadas y alucinatorias, aquellos exploran la cotidianidad de una forma oblicua y dislocada a través de una acumulación de indudable estirpe irracional.

Los más jóvenes reunidos aquí, no sólo no comulgan con la poética heredada de los 80, el canon artificial del que he hablado, sino que hunden sus inquietudes en tradiciones muy alejadas del conformismo: entre los nombres más invocados estarían Joan Brossa, Antonio Gamoneda, Leopoldo María Panero, y, sobre todo, César Vallejo. Todos ellos ejemplos de investigación literaria totalmente entrañada en lo humano y, lo que es más importante, “legible” y exenta de ostentación gratuita de “heroicidades”.

Pero lo importante, y este es el mensaje con que me gustaría cerrar esta presentación para el lector americano que ha de leer este libro, los autores aquí reunidos dejan rastrear pero no vocean sus afinidades literarias, cada uno las suyas, habilitando su propia posibilidad, y es por no evangelizar ni presionar ni ostentar que tan mal encajan en el mercado editorial maximalista español los diez autores incluidos en esta muestra.

Andreu Navarra Ordoño

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el libro puede adquirirse en:

 

 

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