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agua / aire / tierra / fuego

el otro mensual, revista de creación literaria y artística - ISSN 1578-7591

Roberto Bolaño:
La literatura como parte del ser humano

Manuel Quiroga Clérigo

Cubierta de 2666, de Roberto Bolaño.


2666

Roberto Bolaño
Editorial Anagrama,
Barcelona, 2004,
1127 pags.

 

Roberto Bolaño (1953-2003), nacido en Chile, como reza en la contrasolapa de su libro, escribió en 2666 una obra monumental. Publicada por Editorial Anagrama en su colección "Narrativas hispánicas", el libro, dedicado a sus hijos Alexandra y Lautaro Bolaño, se abre con una cita de Charles Baudelaire: "Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento". Parece que Bolaño, tal vez por la angustia de su enfermedad terminal, estaba repleto de tremendas reflexiones como aquella de "La vida es de una tristeza insoportable", aunque también nos ofrece páginas llenas de esperaza, poesía y buen humor. También Jorge Luis Borges escribió: "No poseía de otro documento que la memoria", y, desde luego, la memoria de Roberto Bolaño era inmensa, casi sin confines, es decir la de un hombre culto, ocupado y preocupado por cuanto sucede a su alrededor, de lo que toma nota y lo que trata de asimilar en beneficio de su obra ulterior. Bolaño sentía una gran estimación por la poesía, de ella decía: "Sólo la poesía no está contaminada". Bueno, los herederos del autor recuerdan en una nota inicial que "Ante la posibilidad de una muerte próxima, Roberto dejó instrucciones de que su novela 2666 se publicara dividida en cinco libros que se corresponden con las cinco partes de la novela, especificando el orden y periodicidad de las publicaciones (una por año) e incluso el precio a negociar con el editor. ()Después de su muerte y tras la lectura y estudio de la obra y el material del trabajo dejado por Roberto que lleva a cabo Ignacio Echevarría (amigo al que indicó como persona referente para solicitar consejo sobre tus asuntos literarios), surge otra consideración de orden menos práctico: el respeto al valor literario de la obra, que hace que de forma conjunta con Jorge Herralde cambiemos la decisión de Roberto y que 2666 se publique primero en toda su extensión en un solo volumen, tal como él habría hecho de no haberse cumplido la peor de las posibilidades que el proceso de su enfermedad ofrecía". Y así es como tenemos un mosaico de más de mil doscientas páginas, con un protagonista al fondo semillamado Beno von Archimboldi y todo un conjunto de coprotagonistas que vienen a ser muestra, a veces exquisita, del desarragaido universo que el siglo veinte ha venido a dejar impreso en la propia historia de la literatura y del mundo.

Como hemos comenzado este comentario con citas de Bolaño y de otros autores, recordemos la de Luis Cernuda que nos dejó un verso donde decía: "Para el poeta la muerte es la victoria". Se nos ocurría precisamente en Chile al visitar en Isla Negra y contemplar los rincones lúcidos en que Pablo Neruda pasó sus últimos días, sobre todo cuando nos explicaban cómo en los primeros días del golpe de la traición, el 11 de septiembre de 1973, aparecieron en su caso "dos niños vestidos de soldados", segúin expresión del propio Neruda con órdenes severas de registrar el domicilio en busca de armas o material subversivo. Es cuando el poeta les indica que no encontrarán armas más peligrosas que los libros, y uno de los niños-soldados férreamente armado seguramente venido de algún lugar lejano, le pregunta si acaso él es el poeta Pablo Neruda, quien asiente, momento en que los uniformados abandonan la casa avergonzados. El mundo que entonces parecía comenzar su extinción, sin embargo, no se avergonzaba de los asesinatos, violencias y torturas que el ser humano estaba sufriendo en los dos hermisferios. Neruda fallecería unos días después mientras personas viles continuaban su labor de destrucción y muerte. De cosas parecidas habla Roberto Bolaño en alguna parte de su inmensa obra, que se lee con un raro y morboso interés, tal vez por ser el testamento de un autor que siempre se preocupó por retratar la soledad del hombre contemporáneo, que nunca creyó en los vitalismos de las academias y de la gente presuntamente bienpensante. Todo ello vino a suponer para Roberto Bolaño el vivir en una especie de territorio propio, algo marginal, pero al mismo tiempo ejemplar para el hecho de comprender la novela que se ha escrito en español en los últimos tiempos, no tanto Territorio de La Mancha como espacio de las mayores degradaciones y penurias, del que más que las televisiones o la prensa capitalista los escritores han de dar cuenta. Y es que la literatura que se escribe en español en América del Sur y México y Caribe, que tiene de latina en cuanto latino es el precedente de la cultura española, sigue creciendo en inquietudes y en vivencias que además de dejar atrás, pero sin olvidarlos, a los autores del "boom", con las salvedades necesarias, tanto por la innegable capacidad de sus autores, sin excepción de ningún país o incluso con necesidad de destacar aquellos donde publicar es más difícil como Bolivia o Centro América. Y es que en los aquellos espacios donde el español sigue en plena vigencia, incluso permitiendo o alentando las literaturas locales o las lenguas indígenas, se está dando una continua elevación no sólo del espíritu de superación de sus escritores, muy jóvenes la mayoría, sino de la responsabilidad de llevar las temáticas de su entorno o de una actualidad repleta de referencias negativas a unas literaturas muy abiertas a todo lo que de noticiable aparece en sus cercanías geográficas o en relación con sus grupos humanos. Veamos el caso de la literatura chicana, hecha en Estados Unidos, que aparece como una verdadera historia de un pueblo que no se resigna a perecer ni ante los empujes de un idioma ajeno ni ante los estigmas de la pobreza y la dejación políticas. Es así como esta literatura, heredera de los grandes episodios literarios como el Bomarzo de Manuel Mujica Lainez o las obras de Miguel Ángel Asturias, Octavio Paz, Augusto Monterroso, Juan Rulfo, etc, cuyas novelas hablan de un cercano pasado que la posteridad se ha encargado de empeorar o degradar. La excepcionalidad de Roberto Bolaño viene a radicar en su sencillez para hablar de los problemas de América pero sin olvidar los que aquejan a otro mundo, pretendidamente mas racionalizado aunque sujeto a las mismas o similares violencias que aquel. Bolaño que, efectivamente, nació en Chile fue a México a la edad de quince años, y allí se empapó de todo lo que se escribía en el sur del norte y de lo que pasaba en el patio trasero de la gran potencia. De ahí parte una de las temáticas de esta novela.

Las cinco novelas, que tienen un ( a veces leve) hilo conductor gracias a la casi misteriosa personalidad del escritor alemán devenido como Beno Von Archimboldi, tiene otra referencia que son los sucesos de una pretendida ciudad fronteriza entre México y Estados Unidos denominada Santa Teresa, que no es más que Ciudad Juárez, aunque Ciudad Juárez también aparece en el escrito como localidad cercana y problemática, sucesos que aún hoy se siguen produciendo y que, cómo no, consisten en las muertes que vienen sucediendo en Ciudad Juárez de cientos mujeres son asesinadas sin que aclaren ni una mínima parte de tales muertes. Todo ello lo convierte Bolaño en una serie cuestiones de tipo policial que van desfilando de forma paciente a lo largo de todos los relatos, aunque existan otras narraciones paralelas en las cinco partes del libro. Total que desde la más confortable Europa hasta el desierto de Sonora van teniendo lugar hechos y cuestiones que son analizados de una manera detallada para conformar 2666. Van apareciendo, efectivamente, desde profesores universitarios, críticos literarios, poetas hasta mafiosos, policías, gentes más o menos indeseables, afroamericanos. y todos ellos van entrelazando ese panorama donde todo parece ser posible menos descubrir los asesinos de Santa Teresa y dar con el paradero del sumo pontífice de las letras Archimboldi.

Ya en Los detectives salvajes, que fue galardonada con el Premio Herralde de Novela y con el Premio Rómulo Gallegos, Bolaño hace una referencia al título de la obra que ahora comentamos, al llegar a comparar una zona de México DF, la Colonia Guerrero, del año 1974 con un cementerio del año 2666, aunque en esta obra no exista ninguna referencia a tal fecha, de la que Ignacio Echevarría, en una última nota a la primera edición escribe que "En una de sus abundantes notas relativas a 2666 Bolaño señala la existencia en la obra de un "centro oculto" que se escondería debajo de lo que cabe considerar, por así decirlo, su "centro físico" . Hay razones para pensar que ese centro físico sería la frontera de Santa Teresa, fiel trasunto de Ciudad Juárez ().Allí convergen, al cabo, las cinco partes de la novela; allí tienen lugar los crímenes que configuran su impresionante telón de fondo (y de los que, en un pasaje de la novela, dice un personaje que "en ellos se esconde el secreto del mundo"). En cuanto al "centro oculto"., ¿no lo estaría indicando precisamente esa fecha, 2666, que ampara la novela entera?".

 

© Manuel Quiroga Clérigo

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