A esta cuadra le falta purpurina. Busco espectros en la cuadra. A la foto de Tarzán se le han caído los dientes y nadie dice nada. Es como si las bocas fueran de goma de neumático y todos tuvieran pies para no regatear, para no ajustarse el precio ni las tallas de su sombra, para no contar gigantes, quizá. La espera. De crema y chocolate. El viejo abre el baúl y se olvida de los ogros, se despide el barco pirata de Playmobil, Proserpina y Tulio dicen adiós entre coros de fotografías en excelentísimo bigote, la princesa se olvida de sí misma y de su delicada manera de descalzarse.
La memoria se ha hecho pis en un descuido, la memoria se ha hecho trizas en otra parte. La princesa se olvidó de sí misma porque el viejo olvidó a la princesa. Así de sencillo. Alguien necesita una fregona. Para dejar de llorar tanto. Pobre viejo, el viejo chino ajironado.
Le cuesta decir que fue él
me cuesta decir que soy yo
me cuesta decir que soy yo el que ahora barre superficies de leche mientras aguarda el primer volantazo
la curva imposible, una cordillera andina, tus párpados. Se pierden los papeles y el esfínter, estas cosas ocurren, no suena Schubert en la primera llaga. En la segunda se tienen hijos rubios con ganas de religión y de pescado.
Los golpes no fortalecen. Después de tres accidentes, hay una pista en el embrague. Se piensa en escapar por la ventanilla y en la piel muerta, nada florece como antes. Del baúl, viejo seboso, ya no germina el hambre.
Pero me gusta. La memoria está rota y sin decibelios, la herida sangra. Me compraron una traviesa y un póster de madonna. Justo para que no llorara. Ahora basta con rasgarse. Me tocan donde duelen, como si no fuera posible pasear por otro lado, como si mi vientre fuera la única zona de acampada en la que no hubiera que pedir permiso ni rezar el rosario.
Los forenses no se equivocan. Empiezan por jugar a las canicas con los ojos del ahorcado. Me cuesta creer que son los míos. Otro volantazo y juro que sangro, otra curva y gimo en el baúl, otras rendijas, otros párpados. En esta cuadra llueve y nadie dice nada.
Gravitan lentamente los ratones. Se cae uno encima y te abre una brecha, una canción olvidada, un conjunto con pantalones a juego, una mueca insoportable. Los investigadores cercan el canalón. Asedian sus preguntas como bolas de nieve y nadie dice nada. En lugar de sangre, batido de fresa. Me toco la frente y se desparrama.
Cremosa de nuevo, la memoria está hecha un asco. El azúcar colapsa las cloacas. El viejo limpia grumos y se defiende. Sufre el caballito de madera, las semillas son para Hansel y Gretel, nadie encuentra el camino a casa.
A mí que me pregunten. Sólo hablo en presencia de las medias de mi madre. No hay que confundir el mundo con una cuadra.
Bien mirado se parecen bastante, nos parecemos demasiado. Hago pis en la butaca y ecuaciones en el punto de encaje.
Las medias son otra cloaca
me tocan donde duelen
se me caen encima y me abren otra brecha
las acaricio y me voy al país de la abuela
a los pañitos de mamá
al excelentísimo tacón de la princesa, probablemente escandinava.
Lujuria. Sabe a fresa y a ti esa manera de descalzarse. Tocan campanas en la iglesia y es una falsa alarma
la reina madre pierde el equilibrio y es una falsa alarma
alguien se abre una brecha y es una falsa alarma
hay ratones en mi calcetín y es una farsa
Dios es de plomo ahuecado
que no te engañen
subdivisiones en la nuca
fiestas de herradura y cartapacios
Los forenses son pura alegría. Me dijiste que era fácil si buscaba en tu espalda, conozco el camino, cierra los ojos, carretera de Pittsburg 357, pasadizo secreto en el carmín, cura detrás de los labios.
Conduce tú que a mí me da la risa.
Esta cuadra apesta.
Nadie encuentra nada en este baúl, en esta franja.
Hoy es domingo:
Dios me castiga por haber sido ateo todo el rato.
Selección:
De Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolam 0.5 (Ed. Alfama, 2008):
Naturaleza muerta con diagrama de mujer y nube
De Cuaderno intervenido, a publicar en el 2011: