P O R T A D A    

Carlos Vázquez Cruz
Detalle de Antinoos, Museo de Delfos.    
        punto de encuentro
  31 tierra - prosa     Invitación
al ceremonial:

cuando Manuel Ramos Otero, Miguel Náter e Isbáez
se conocieron frente al espejo
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A Enio Cuadrado

La poesía ha servido como el medio por excelencia para camuflar las emociones del ser en sus circunstancias, tanto en el sentido de sometimiento del arte con el propósito de ajustarlo a las necesidades particulares de expresión, como en la acepción relacionada con la utilidad de dicho recurso en la medida en que se alcanza la efectividad con la versatilidad generada por su uso. Esta doble connotación es un ejemplo simple de la gran amalgama de divergencias y conglomeraciones que se citan en ese género literario. En la lírica, sus variados elementos constitutivos —que, anteriormente, se resumían en el fondo y la forma— se manifiestan acaparando, encubriendo, la intencionalidad del hablante.

Gracias a esta camaleónica flexibilidad del género, la poesía aún se presta, en las manos de la subversión, como vehículo idóneo para la promoción y la denuncia de las voces valientes que burlan el mundo real en la realidad plurivalente de un poema. Desde las más ínfimas sutilezas hasta las más evidentes muestras de la verdad insurrecta, el autor deja de ser en la voz narrativa o el hablante lírico, quien —a su vez— deja de ser en la reproducción del discurso al que otra persona otorga mente y voz. Ese juego interminable de transportación de un ser material hacia la materia, con la materia y hasta otro ser material, proporciona peso significativo a la creación en su dimensión generadora o regeneradora.

Este trabajo exhibe tres muestras poéticas de escritores puertorriqueños: "10", de Manuel Ramos Otero; "Ceremonial", de Miguel Náter, y "Se conocieron", de Iván Segarra Báez (Isbáez), respectivamente. Aunque cada una de las piezas soporta asedios diversos, este análisis dirige la reflexión hacia la lectura homoerótica, como una propuesta favorable a los queer studies puertorriqueños, si existen como disciplina académica.

Primeramente, se presenta un análisis de las portadas y otras imágenes de cada poemario, como detalles anunciantes del discurso lírico de los autores. Luego, se muestran el resumen y las variaciones estructurales individuales relacionadas con cada poema. Se emplea la respectiva pieza para impregnar de carácter demostrativo cada señalamiento. Además, se interrelacionan los poemas seleccionados, para explicar algunos rasgos relevantes en torno al empleo del juego del doble, el espejo, el narcisismo y ciertos símbolos que, al cabo y al fin, cumplen un mismo propósito: presentar a un ser en la escapada de sí mismo y del otro… hallándose, final e irrevocablemente, en la línea en que ambos se intersecan. Finalmente, se intercalan la autobiografía y la confesión como puntos de fusión entre literatura e historia como exposición del ser y sus condiciones en la prédica de la lucha individual contra la opresión que padece cada hablante.

El perímetro de estas manifestaciones de las voces que demanda el reconocimiento de su lugar y de su importancia, es el denominador común sobre el cual se erigen los tres discursos homoeróticos que se presentarán, los cuales "posan" dirigentemente, y reclaman. Más profundamente que declarar lo evidente, la expresión pública de un homoerotismo, las dimensiones autobiográficas, confesionales… y la pose, se identificarán a través del peso genuino de tres voces líricas.

 


Portada frente a portada:
Lectura de la imagen como portal poético

Considerar el discurso como mecanismo revelador en el cual desemboca el propio creador en su búsqueda, requiere, entonces, fijar la atención en las imágenes (construidas, acudidas o provocadas) que presentan a cada libro, dado que:

…language and imagery have become enigmas, problems to be explained, prison—houses which lock the understanding away from the world… they must be understood as a kind of language… (Mitchell, 1987).

Por tanto, si existe todo un lenguaje constituido por variaciones del laberinto de la imagen (entre éstas, Mitchell destaca la poesía), los recursos artísticos en la portada de cada poemario utilizado, posiblemente, sugieren o resumen características alusivas a la pieza aludida como parte esencial de la unidad de cada texto.

Imagen de cubierta de "Invitación al polvo". La Invitación al polvo, de Manuel Ramos Otero, presenta al autor con un niño en un cementerio. Ramos Otero está tras la figura en yeso de una especie de ninfa, abrazándola. En ese primer plano, podemos verlo tocándole la representación de los senos y la vulva. El niño aparece al fondo, de pie sobre una tumba, con la parte lateral de una cruz —que se muestra de lado— entre sus piernas. El tamaño del símbolo hace que el niño quede, a la vez, de pie, apoyado en esa parte de la cruz.

La foto puede sugerir la lectura del niño pasado y el hombre presente como la misma persona. Sin embargo, puede también sugerir una secuencia en la cual, eventualmente, desaparecerá Ramos Otero, el niño ocupará su lugar y alguien más llenará la vacante sobre el extremo de la cruz. Otra interpretación posible sugiere el encuentro del ser que no se mira porque está mirando la fotografía. Ahí, se muestra el reflejo de alguien en busca de la prohibición, de las pasiones, de la muerte en el sexo: el sexo como "polvo" al que se nos invita, y la muerte que nos tornará en polvo porque polvos somos.

El "polvo" es el cuerpo, la parte material y vital del ente humano, la metáfora popular del semen, la historia de un amor periclitado… Coincide con el sentido bíblico en cuanto a la desintegración del cuerpo, con la significación de lo múltiple e impreciso… la imagen del polvo recalca la oposición a la vida, a lo unitario y perdurable (de la Puebla, 1999).

Particularidad, secuencia o cierre cíclico, Invitación al polvo abrirá en su poema "10".

El Beso, de Edvard Munch. Miguel Náter presenta su poemario Ceremonial con la obra de arte El Beso, de Edvard Munch, en la cual se manifiesta la fusión de dos seres difícilmente identificables. Se anuncian el carácter de unidad dual, o la androginia. Al explorar el libro, anticipando cada una de las partes —Primeros Ritos, Los cuerpos que se buscan, Los abismos (últimos ritos)—, aparecen varias tomas de la misma obra de Munch, mas son acercamientos fotográficos que delatan al lector en su intromisión hacia la intimidad de dos seres que, en su con—fusión, no han dejado de besarse. Este carácter de convergencia femenina/masculino queda rubricado por la información del autor en la contraportada. El mensaje que lo acompaña explica:

…es un texto abierto y cerrado al mismo tiempo. Este doble carácter, como el doble filo de una navaja, puede asombrarnos, pero su belleza también nos perturba. La ejecución de infinita creación e infinita destrucción están juntas (sic) en toda ceremonia, en todo rito (Náter, 1993).

La urgencia de la explicación, obviamente, señala hacia una dirección y anuncia al lector una especie de "Dirígete hacia donde señalo". El encuentro con la mirada del autor en la foto, además, obliga a intentar descifrar el título del libro que posee: Orlando, de Virginia Wolf. Por tanto, el portal dimensional hacia el encuentro dual queda indiscutiblemente abierto.

Cubierta del libro Entre tu cuerpo y mi alma, de Iván Segarra Báez. La portada que muestra a Isbáez en Entre tu cuerpo y mi alma revela al autor modelando en la perspectiva de tres cuartos, casi mirando de medio lado hacia el fotógrafo. Luego de haberse tomado la foto, se representa una mirada devuelta a quien mire el libro. El autor viste un traje de etiqueta y un sombrero, pero el escenario de la pose es un río, lo cual sugiere elementos aparentemente irreconciliables. En este caso, no hay niño/hombre, ni beso, ni Orlando. Nada en la foto que sugiera el recurso dual, sino el hecho de reconocerse mirado y encontrar los ojos del otro.

Otro factor que subraya la dualidad, íntima, introspectiva, es el salto entre "Iván Segarra Báez" e "Isbáez" de una página a otra al inicio del libro. Antes de llegar al "Prólogo", se exhiben varias intervenciones del autor, cuya firma oscila entre nombre y pseudónimo. La apertura del libro lleva la firma de Isbáez, la misma que suscribe al primer poema que, en una especie de sobresalto, precede a la "Dedicatoria". A ésta la reclaman Iván Segarra Báez y e Isbáez, éste nombre, debajo del primero. Ambas identidades se auto(re)presenta(n) en una sola intervención avalada por dos nombres. El libro continúa con un "Prólogo" escindido por cuatro intervenciones bien a modo de prólogos, bien a modo de comentarios. Como conclusión de este umbral inicial múltiple que parece inacabable, Iván Segarra Báez e Isbáez firman su mensaje de apertura:


"Este poemario me lo inspiró
él, ella, el mundo.
Porque parece que todos hemos perdido
el corazón, el sentimiento y la entrega…"

 

La pugna dual en que Ego y Alter-Ego vociferan su existencia, queda cerrada con la incorporación de la dualidad masculino/femenina del epígrafe en que un punto separa la subordinación causal de la proposición inicial, y los puntos suspensivos dejan abierta a la especulación el tipo de entrega perdida. Empero, esa clausura se da falsamente, ya que el nombre propio del autor se expone sin signos, adornos o claves, y su seudónimo se escribe entre paréntesis. Esto plantea la dualidad ser/fuero interno, el ser en el ser, o el mero acto metacognitivo del reconocimiento de la existencia del otro, y la conveniencia a permitir la coexistencia.

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Los tres poemas:



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