P O R T A D A       Árboles de otoño, de Egon Schiele.    
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Poemas del libro
Pendientes

Prólogo prescindible de Jorge Savoia

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Sí, he estado equivocado, pero no solo. También
las cosas han estado equivocadas

Antonio Porchia

 

PENDIENTES

Por ahora un goteo
el desvío del agua
a su íntima pendiente
un goteo
que está como casi todo
a mitad de camino.
Pendientes labradas
en tiempos de barrancos
cursos que se inclinan
hacia los océanos
pendientes que incorporan
presagios ocultos
de permanecer en los arroyos
indicios que declaran:
tú sabes,
pero, ¿cómo, cuándo?
si la pendiente
llega a la arena.
¿Habrá alguien
que sepa todavía
cómo salir de esta condena
de existir más que nunca
sólo cuando caemos?

 

 

CONFESIONES

Extraña confesión de la grieta
y el hilo del gotero
que destilan los años vividos
en hogueras y desiertos
en donde aún podían oírse
algunas voces proféticas.
(El cine del barrio
sus lejanas películas
y el nocturno regreso solitario
huésped de doce años
de los temores en blanco y negro
de Drácula o el Hombre Lobo)
Años en la espalda gimen
ríos de guijarros que crecieron
con sus desbordes ilegítimos
y falsos.
El platillo se inclina
y recibe con guirnaldas
las raíces hondas
de esta hipótesis de un pasado
que la memoria libera
en leyendas.

 

 

BAILES

Recuerdo cuando bailabas conmigo
«I 'be got my love» grabación de Benny Goodman
y orquesta sobre el rojo embaldosado
del patio colonial,
ahora entre algunas sombras del cuarto menguante,
recuerdas,
noche de verano,
las puertas del living abiertas
desde la que contemplaban los retratos de Apollinaire
con la cabeza vendada,
Pound con sombrero, bufanda y bastón
caminando en las calzadas de Venecia,
Fijman 1971 en el Borda
enfrentando el misterio total,
los dibujos que Sabat hizo de Cortázar y Discépolo,
las hermosas estampas japonesas.
Qué bien entraban los saxos
y respondían los metales,
2 minutos 26 segundos, contrapunto exacto
en que se deslizaban nuestros cuerpos
a una rejilla del tiempo inolvidable,
perfume de las violetas en el jardín,
recuerdas,
la grabación de la orquesta del Hotel Savoy
de Londres cantando Anne Lenard
«Buenas noches mi amor».
Islas, cuadernos envejecidos
que incendian las antiguas pastas,
tapitas de cerveza, mesas al aire libre,
«Sueño de juventud», «La puñalada»,
filo de bandoneones que iluminan geranios
y jazmines,
bailes de la noche cristalina,
tu cintura, tus manos,
la quebradiza humedad
que en espirales de rocío
se desvanecía en tu pelo.

 

 

LIBERTAD

La libertad es un perro vagabundo
Millor Fernandes

un pobre perro sarnoso,
mordiéndose la cola
comiendo de las sobras
durmiendo a los sobresaltos
en la intemperie
apaleado en todos los límites
sin distinciones sociales,
que orina en troncos de utilería,
que no puede siquiera morder
porque le quitan el bozal
sólo para que rebusque
su sustento en los basurales,
que hunde sus patas
en barros demasiado humanos,
que se sacude las pulgas indecentes
en "donde empiezan los otros límites";
la libertad es un perro abandonado
que alguna vez he visto
huyendo con la cola entre las patas,
babeando una rabia
que no contagia,
corriendo infatigable
hacia una frontera misteriosa
como la vida misma.

 

 

MUY ATENTA MENTE

Separar la cizaña del trigo
saber qué mano abierta
trae la piedra oculta
o en un puño
el tiempo exacto
del impulso destructivo,
cuál es la palabra
que dice una cosa
pero no el propósito
de la cosa en el futuro
o si se expresa solamente
el despliegue de unos signos
que en el fondo
nada dicen,
dividir, fragmentar,
clasificar, archivar,
la tarea minuciosa
que trata de entender
al mundo.
Y más allá, donde
el camino se divide
¿ por dónde seguir
sin arrepentimientos?
o por no aguardar
una hora más
o reemplazar un menos
por un más,
o descargar el revólver a tiempo
o cargarlo a destiempo
de seguir con vida
contra todas las esperanzas,
elecciones que no pueden
impedir los imposibles
olvidos de algunas traiciones,
desencuentros, fugas,
desmemorias transitorias,
nuestras y ajenas,
inexorables prisiones
a que nos somete
la maquinaria del mundo
quien nos previene
muy atenta mente.

 

 

NO ALCANZA

Como habitante permanente
de los aguantaderos del alma,
típico vasallo de la espera,
presiento que algo debe haber
desde el principio
y que para siempre se extravió
en el camino,
algo que esta mal,
que chinga
que trato de enmendar
con palabras que no alcanzan
con imágenes que se tuercen
con el tiempo
hacia un desvío definitivo.
Y siempre lo mismo,
zurcidos demasiado evidentes,
parches que resaltan maliciosos,
los remiendos que ceden,
los coletazos del tiempo
en la mochila de la memoria.

 

 

ES SUFICIENTE

Y esa certeza inexpugnable
donde se amalgaman
realidad y ficción
esa seguridad limpia
como una llama:
nunca más
seríamos los mismos.
Es suficiente.
¿Qué más puedo agregar?

 

   
             
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