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Se
dice que los poetas
tienen siempre un único tema y que la proliferación
temática que nos proponen sólo sería
una estratagema para disuadirnos de poner en evidencia su
íntima tarea, para persuadirnos de que su quehacer
es una labor meramente humana.
No tengo alcances para desvelar lo que sospecho necesariamente
oculto a nuestra necia curiosidad; sino apenas para pergeñar
una conjetura: que el destino del poeta consiste en estar
atado a un exclusivo dictum, a un único anuncio,
a una sola e inefable palabra. Y las otras, las palabras que
construyen el poema y los poemas que se suman en un libro
y los libros que se multiplican serían únicamente
instrumentos para encubrir y a la vez manifestar secretamente
es decir, subterráneamente dicho dictum,
dicha inefabilidad.
Y completo la conjetura: esto sería algo desconocido
o, mejor dicho, no reconocido también para el mismo
poeta.
Por eso creo que no sólo constituirá un discurso
prescindible sino que este prólogo tal vez ni siquiera
será aceptable para Santiago Bao.
Pendientes
parece una obvia metáfora de la muerte, de ese destino
de ser para la muerte que no puede eludirse; sin embargo,
si uno atiende, escucha "Más allá de los
espejos" puede atisbar que por debajo de la retórica
y de la semántica del poeta se desliza otro texto
quizá sólo una palabra, un texto
no escrito que tiene que ver más con una resistencia
que con un mero inventario de derrotas y exilios inventario
de declives, de pendientes que "tironean desde
abajo". Precisamente, creo, la poesía ésta
que no es el poema consiste en dar testimonio de perseverancias
y fervores en la búsqueda de un absoluto.
Detrás de las evocaciones, de las nostalgias y de la
melancolía que postulan no sólo éste
sino todos sus libros, la poética de Bao se erige como
demanda, como grito antagónico ante la "tristeza
primitiva" que nos acosa; detrás, mucho más
atrás de las excusas temáticas persiste la reconstrucción
de una memoria.
No emana propiamente de la infancia, su melancolía;
tampoco de los chispazos de felicidad, su añoranza.
La nostalgia que circula por sus poemas proviene, creo, de
una ausencia que está más allá de la
experiencia y de las apariencias de la vida; proviene de una
memoria que nada tiene que ver con lo gozado o lo sufrido.
Una memoria ancestral de lo ausente en la naturaleza humana,
una memoria de esas "comarcas olvidadas", de ese
territorio de donde fuimos desterrados: "Cuando
llega el tiempo/ en que empiezo a vislumbrar/ claridades,/
nunca es donde estoy, / es en otro lado, / siempre en otro
lado".
Las metáforas pueden ser memorias de un infierno terrenal,
pero lo no dicho el otro texto refiere
a un paraíso. A un paraíso por cierto no terrenal
y, tal vez, definitivamente perdido.
Este, creo, es el dictum que atraviesa la poesía
de Santiago Bao.
El
poema eso que se construye mediante una acumulación
de palabras escandidas, aliteradas o rimadas también
está siempre en otro lado: sólo se genera en
el acto de percepción, sólo aparece se manifiesta
en la escucha de un oyente o bajo la mirada de un lector.
De allí en más su rumbo es errático,
incierto.
Tal vez sea por ese motivo que los poetas tolerantes o compasivos
nos abundan de palabras para que, por lo menos, una o dos
se nos incrusten en el alma. No hay otra; todavía somos
demasiado humanos para acceder directamente a eso que ellos
se obstinan en cedernos, a eso que ciertamente no puede ser
comunicado con palabras: a lo oculto e inaccesible, a lo velado,
a lo inefable.
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Poemas del libro de
Santiago M. Bao,
Pendientes
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