sumario eom 2001: fragmentos de agua, tierra, aire y fuego

La mañana se detuvo un minuto a mirar los ojos de Fátima que despertaba. El sol rechinaba rodando por el cielo azul vacío sobre la bahía. Fátima se estiró bajo la sábana dejando que la mañana tensara su piel de cobre... hermosa morena de largos cabellos ondulados negros que abría los ojos aceituna para ver el techo blanco pecoso del hotel del puerto. Un brazo grueso y colorado le servía de almohada. No era ningún marinero. Un muchachito holandés, demasiado joven para tener una talla tan grande pero inocente en su forma de fruncir los labios al dormir. Fátima lo miró atenta mientras el vacío calcinado aguantaba un suspiro para no asustar los delfines que navegaban su mirada. Las manos de ella hacían mareas con su melena rubia, el sol que se filtraba por las cortinas navegaba entre las manos de Fátima y el mar de la cabeza del holandés...

© Gabriel Rodríguez

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