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Aniquirona:
mujer y mito
Fiel
a la consigna de Huidobro que dice que el poeta es un pequeño
Dios y debe crear de nuevo el mundo, Winston Morales es un
ser encantado que cree en las apariciones y deslumbramientos.
Como escriba de un ignorado génesis o de un desconocido
libro de aguas y de bosques, anota con pasión sus sueños;
cree en los encuentros y las premoniciones que cambian el
destino; inventa su propio mito: Aniquirona, mujer y reino,
carne e imaginación, voz y silencio, que crece desnuda
e incontenible a través del poema:
Con
la misma intensidad
Con la que se honra las alturas
Honraré tu sabio cuerpo Aniquirona
Como se honra un muelle
Una collera
O un océano nocturno
En los plácidos ámbitos del tiempo.
Schuaima
es la región donde habita el personaje, mundo que trasciende
los limites de la cotidianidad y lo mediocre; espacio al que
se accede por los desdoblamientos del yo, por la búsqueda
febril y tortuosa de las palabras, del lenguaje que se transfigura
en el fondo de las obsesiones y las raíces de la noche:
Sé
que allí
En el silencio obscuro del espejo
Está el sonido orquestal de otra mañana,
mi cabeza se agita con el viento
y llueve,
llueve y he sabido con la lluvia
el diccionario abierto del camino.
Extranjera,
presencia de fuego y perturbación, Aniquirona es la
Criatura que inquieta por sus cualidades de crisálida:
invisible y corpórea, desconocida y tangible entre
los bosques y el mar, es la mujer. Es decir, el erotismo y
el deseo, pero también la poesía, los símbolos
de la imaginación. Arquetipo en el que se funde la
necesidad del todo, de eliminar el tiempo y las fronteras
de la muerte y la vida:
Aniquirona
Démonos una cita
En la orilla amarilla de la muerte.
En
una vela, en una brisa, quizás en una ola
Cruzaremos nuestras manos
Y danzaremos antes de que el sol
Cante con su cabellera elástica
Y el hijo del polvo
Niegue la realidad de esta intransitada puerta.
Todo para decir que este libro en su ansiosa búsqueda
de viento y sombra, es un homenaje a la poesía. Inaugura
la presencia de un nuevo poeta que sorprende por la exaltada
convicción de su voz y de los poderes del sueño
y la imaginación.
©
Guillermo
Martínez González
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