17
diciembre 2002

 

Winston
Morales
 Chavarro


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índice de autores

Introducción de Guillermo Martínez González

Cubierta de la edición de Aniquirona, de Winston Morales Chavarro,  en Trilce Editores

eom
Volver a Aire

 

 

 

 

 

 

17
diciembre 2002

Winston
Morales

 Chavarro


eom
Volver a Aire


Selección de poemas del libro

La dulce Aniquirona

Introducción de
Guillermo Martínez González

A LUZ

Necesito poesía para vivir
Y quiero tenerla a mi alrededor.
Antonin Artaud

Creo que el hombre puede ser
Feliz en este mundo, y sé que
Este mundo es un mundo de
Imaginación y visión.
William Blake

Creo en la vida eterna en este mundo.
Hay momentos en que el tiempo se
Detiene de repente para dar lugar a la
Eternidad.

Dostoyevski

 

I

Y estoy buscando las voces del camino
Para traducirlas
Seguro llevarán tu nombre
He aprendido a interpretar la voz del viento
Esa misma que arrulla las hojas entreabiertas
De tu árbol.

¡Aniquirona, Aniquirona!
Te llama el río
Y en las gotas frenéticas del aire
Va tu aliento prendido a las veletas.

Al cuenco de mis manos
Llega impetuoso el sol
Con el oro y el trigo de tu cima
¿Debo ascender al principio del lenguaje?

Allí narran las gaviotas
Los días difíciles del cielo
El trasbordo misterioso de las nubes
¿Debo traducir el idioma musical de sinsontes y de mirlos
para conocerte?

He de cuestionarme
Mujer de largos sueños
E inexplicables trances
Cuál es el país al que me invitas?

Apenas sé cómo te llamas
Me lo ha contado el río
Y sé que Aniquirona
Es el umbral de otros caminos.

 

 

 

II

Toda vez que me aproximo a Schuaima
La muerte posee la voz
De múltiples aves
El aire azul revolotea de fibra en fibra
Mientras las piedras
Juegan a pronunciar sus palabras menos comunes
Y las hojas saben de antemano
Que soy nuevo en este sitio.

Aniquirona
Hay un yo que me detiene
Que se esmera en el regreso.

A veces pienso
Que ese habitante
Joven entre los viejos
Ama las mismas cosas
La obscura puerta de las posibilidades
La famosa casualidad de las instancias
¿A dónde van todas esas voces
que me conducen a tu reino?
Sigo las hojas que corretean presurosas
Sigo la lluvia y su música húmeda
Sigo los pájaros y sus ondas
Hay una aproximación entre el lenguaje de los árboles
Y el mío.

Sólo así puedo acercarme
Sólo así sé que existo
Y que el camino no es camino
Sino va cargado de palabras y de voces.

Estoy en Schuaima
He llegado con la brisa
Sólo su silencio musical me satisface
Aniquirona:
¡Hablemos de poesía!

 

 

 

V

¿Qué hacía yo
en medio de esa gente?
De ese pueblo a obscuras?
¿Por qué me llamaban al oído esas palabras?
Deja la luz a medias
No hay necesidad que te desvistas.

Amarnos así
Sin tocarnos
Sin miramientos
Amarnos sin ni siquiera vernos
Con la luz baja
Sin mirar culpas ni querellas.

Allí te amo
Como tú lo propusiste
Sin ni siquiera desnudarnos
Sin escuchar tu respiración
Sin escuchar la mía.

¿Por qué al salir del cuarto obscuro
corría esa brisa redentora?

Las ágoras estaban pobladas de caras sonrientes
No reconocí a nadie
Pero la brisa seguía llegando
Y la luz de un sol lejano
No encandilaba aquel camino.

 

 

 

VII

Extranjera
Danza de fuego
Sé que la muerte es escuchar otras voces
Y por eso
Poso mi oído
En la cascada de tu río.

Busco la muerte
Y camino desnudo entre las piedras
Busco esa voz
¿Acaso distante?
¿Acaso cercana?
Tal vez en mí
Disfrazada en mí.

Sé que allí
En el silencio obscuro del espejo
Está el sonido orquestal de otra mañana,
Mi cabeza se agita con el viento
Y llueve
Llueve y he sabido con la lluvia
El diccionario abierto del camino.

 

 

 

X

Me sobra coraje para amar la muerte
He viajado a mi niñez en sus espaldas
he visto los helechos colgantes en el patio
el árbol de la vida
el claro de luna
llegándome,
apaciguándome.

Gracias a la muerte
Estoy en Schuaima
Otro modo de existencia
Otra forma de quedarse
Y acostumbrarse a los recuerdos
A uno mismo,
A ese otro conocido.

La roldana y el cubo
Cantaron la caída de mi cuerpo
A través del túnel de las sombras
Su música blanca;
-Cántico dormido al final del pozo-
formó una gigantesca onda
que cubrió de canciones y músicas eternas
mi espíritu de pájaro
mi alma de águila nocturna.

Forastera
He abierto los ojos a la vida
Luego de ese viaje inexorable
Después del paso transitorio por el sueño.
La música de la roldana llegó como el sonido de las aguas.

Antes de que cayeran las hojas de los árboles
Antes de que el viento dibujara otro reloj
Con las estrellas
Estaba en Schuaima

Desprovisto de mi antigua ropa,
Desnudo,
Con los ojos abiertos
Entregado a la pasividad,
Al permanente transcurrir
Por el valle de las tristezas.

 

 

 

XII

Mujer en el espejo
Toma de mí
Las cosas que ya fueron tuyas
El sonido de las hojas
El silbar quedo de mis ramas
Haz de este escueto tronco
Un asentamiento para tu estadía,
¡Ven, forastera!
Sólo ofrezco para tus manos
Un ramillete de fragantes piedras
Bajo la pequeña
-casi mi diminuta sombra-
puedes quedarte
no importa el tiempo
al fin y al cabo
el tiempo para los dos no existe.

Soy un hombre viejo
Un árbol moreno y oxidado
Pero te juro
Que aún puedes hacer de mí
Una canción para la muerte
Para la vida
O quizás para otra cosa más hermosa.

Forastera
Aún anidan en mi tallo
Escarabajos transparentes
observa mujer de ojos luminosos;
mi coraza de colibrí y de mariposa
resiste millones de guerras, de guitarras
y otro caminar para la suerte de tus días.

Quédate extranjera
Mañana ya seré otra cosa
Y tú estarás demasiado joven
Para comenzar de nuevo.

 

 

 

XV

Aniquirona
Tejedora
Bordadora de sueños
De poemas que aún no germinan,
El emperador te espera
Sobre su trono de hojas secas,
Ansía tus dedos
-hilanderos de flores-
tu aguja que todo lo redime.

Teje mujer de santuarios oníricos
Otra mañana de lluvia
Para sus manos recolectoras de naranjas
Para sus labios de uvas frescas
Que deletrean tu nombre santo.

Aniquirona
Entrelazaste tu tiempo con su tiempo
Tu espacio con su espacio
Este tiempo de la transmutación y el sueño
Del caminar por cúspides y escalinatas
Hacia el destello azul
Que mana de tus hilos
El equilibrio del que pende
Esta vida y esta muerte.

Tejedora
La telaraña santifica
Cualquier intento de locura,
Al otro lado de las cosas
En donde reposan los viejísimos castaños
Está el otro emperador
El que ya te conocía
El que recoge el hilo de las horas
El cáñamo de la palabra


Para festejarla en un minuto de agua
De lluvia
De brisa redentora
Cuando la inspiración
Toma de la conciencia
El vivir despacio.

 

 

 

XVIII

Mujer en el espejo
Dime, en dónde empieza el tiempo
Yo soy el polvo que no vuelve al polvo
Soy la lámpara que busca el combustible
O acaso la luz precisa
De llama candorosa.

Es preciso reconstruir el tiempo
El inexistente tiempo
El de tez arrugada y pálida
El inventado por los jóvenes
Y maldecido por los viejos.

Yo soy el polvo que no vuelve al polvo
Soy el barro sagrado que quedó en las manos
De un hombre viejísimo,
Soy la luz, la crisálida,
La frágil mariposa que se endurece con los días.

Es preciso reconstruir el tiempo
Dibujarlo con otros rostros, con otra cera
Hacerlo liviano
Desnudarlo y vertirlo como un niño
Hacia otra orilla
Decirle en la cara que no existe.

Dime en dónde empieza el tiempo
¿Dónde la música del olvido?
¿Dónde la resurrección de la palabra?
¿Dónde sin la vaciedad de ese infante tiempo
que persiste en agobiar a los espíritus felices
y a los hombres laureados por el sueño?

 

 

 

XIX

¿Sabes lo que está escrito en el olvido?
O en la memoria divina del túnel?
¿Sabes dónde remontan las cometas del sueño
después del aire cetrino?
¿Dónde andará aquel aire?
¿Dónde El viento que mece el ciprés y la encina sagrada?

Aniquirona que danza entre árboles viejos
¿Qué es lo que canta el pájaro de la noche
en este camino a Schuaima
en este recoveco azul
cuya música llamea como una espiga
y funde en la espirálica noche
esta liquida sombra
que diluyen mis miembros
hasta volverse un cordón amarillo?

Forastera
Para la luz basta cualquier sueño
El principio: Mariposa, cometa alada
Viene después de la noche
Cuando alas despliegan al borde de la bujía
En donde la oscuridad es suave
Y pasa como un río
Encandilando de hermosas tinieblas mis ojos,
Blancas y crespas tinieblas
Donde el canto y el grito
Son música lumínica
Donde el salmo y las voces
Apenas un himno
Que resplandece a oscuras.

 

 

 

XXII

A Roberto Chavarro Chavarro

Aniquirona
¿Dónde están los versos perdidos?
¿En qué lugar la alforja
que esconde las palabras
y el mundo de las premoniciones?
¿En que lugar los pañolones de las viudas
que enlutaron su tristeza
hasta fraguar la música?
¿Acaso en Schuaima la luz?
La gran nube en forma de ánfora
Donde todas las tristezas se evaporan
Y los niños juegan con los tamariscos y los pájaros?
Schuaima es la nación
Donde todos los que se fueron han llegado.

Crucen amigos de infancia
Vengan marineros y soldados muertos
vengan prostitutas
que los músicos desnuden su tristeza de guitarra
y los villanos se levanten de las prisiones
¡Hay pan para todos!
Venga también el salmista, el misionero,
Judíos, mahometanos y gentiles
Crucen pescadores con sus redes de plata
Y el místico con su trozo de parafina.

Marchen hacia Schuaima
La luz de la lámpara gigante
Es el arco de la travesía.

Marchen que las campanas del calvario
Han cesado su repicar de entierro
Y la brisa se ha detenido
Para no despeinar el sueño
De extranjeros y visitantes.

Aniquirona
Ha llegado el instante de multiplicar pájaros y peces
Es la hora del fuego
La hora del canto y el grito
Despójense de su armazón y de su escafandra
Los científicos
Vengan los alquimistas con el rayo y el trueno.

Marchen hermosos gusanos
Es hora de tejer las alas para remontar el vuelo,
Después de la metamorfosis
¡Todas las larvas serán mariposas!

 

 

 

XXVI

Hay una mujer en mi casa
Que mira yo no sé hacia qué esquina, hacia qué
Mundo
Una mujer cuya espalda
La constituye el viento;
El árbol de la noche
Como una oración para los casos difíciles.

Hay una mujer
Que desconozco
Y sin embargo sé que es un pretexto.

Como si soñarla no fuera suficiente
Para acabar de comprenderla,
Mi alma se remonta a las alturas
Como buscando no sé qué colina
No sé que precipicio.

Hay una mujer que me ha desposado
Cuando apenas descubrí
Que nací para ser hombre o sueño.

Una mujer de pomarrosos y guáimaros gigantes
Una hembra suave y sudorosa
Que pasa como un río
Musitando leves vientos de nostalgia
Para mi mundo verosímil y fantástico
Hay una mujer en mis sueños
Una mujer que mira yo no sé hacia que parajes
Hacia qué rincones.

Una mujer a quien los árboles, los pájaros
E inclusive las esferas
Le hablan a diario
Con una vocación maravillosa
Y le comunican los secretos inescrutables
De las piedras y los ríos

Hay una mujer que mira hacia mis mundos subterráneos
Y decanta con sus pechos balsámicos

Todas las sombras que me habitan
Una mujer que sabe todos los misterios de mis
Noches
La mansa luna atropellada
De mi angustia.

 


Winston Morales Chavarro  

 

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