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El
surrealismo es en la literatura, como así
también en el arte, considerado por onírico,
ético, invencionista, representable, algo abstracto
y cabalístico; de ahí, imposible de negar a
estas mismas definiciones, tomadas aisladamente o en conjunto,
lúcida voluntad creadora, libertad de pensamiento y
verdadero llamado de atención a la cultura racional
y mecánica de Occidente. Con todo, no parece posible
hablar del surrealismo como un segundo romanticismo,
ya que la base doctrinaria está en la trascendencia,
en la captación de lo invisible por medios sensoriales
e intuitivos, no ya puramente vivenciales, y en lo radicalmente
opuesto a toda concepción rasionalizadora del mundo.
Las implicancias mayormente definidas, el impulso a lo sublime,
la búsqueda del idealismo mediante la destrucción
sistemática de la materia, y la confusión del
tiempo pasado con el futuro, de lo comunicable con lo incomunicable,
de lo verosímil con lo inverosímil, de la vida
con la muerte; por causa de esas, la literatura surrealista
no es expresiva tan sólo de intención
fantástica, de liberación de las formas
como actividades esenciales del espíritu. A la vez,
el lenguaje literario no discursivo y con cierta propensión
barroca, valorado por dramático o tierno, tan luego
como las metáforas reveladoras del trasfondo de lo
real, ya bajo el velo de las alegorías o túnicas
de figuras sorprendentes.
La literatura surrealista rioplatense, durante el primer cuarto
del siglo XX no fue cubista o futurista sino
específicamente original en captar lo invisible en
la naturaleza y el hombre concreto con recursos intuitivos
y simbólicos. [1]
En cuanto la prosa de sesgo humorístico, con sucesión
de silogismos y continua maduración de imágenes;
la poesía totalmente arrítmica, sugeridora,
algo mística, por tanto, extraña al pensamiento
lógico y reflexivo.
Esas fronteras estéticas del surrealismo rioplatense
habían de recibir ulteriores ampliaciones o comentarios
de la crítica europea. En Arcane, André
Bretón las tenía por "vitalismo
de virtualidades y esperanzas no terrenales";
en El surrealismo entre el Viejo y Nuevo Mundo,
Juan Larra, quien no puede ser considerado vanguardista, "de
capilla de escritores cultos de Buenos Aires",
y en Los signos en rotación, Octavio
Paz, de "promulgadoras de
originales teorías, curiosas correspondencias y manantiales
de espíritus trascendentes". Puntos
de vista similares a esos en otras zonas de Hispanoamérica
por Julián del Casal, José Asunción Silva,
Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz
Mirón, entre muchos más.
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Dentro del ámbito literario ha sido muchas veces señalada
la obra de Leopoldo Lugones de verdadera avanzada del surrealismo
en el sur del continente americano. Exponente de visiones
inquisitivas y abiertas a lo imaginativo, Las Montañas
del oro con la sedución del mundo a través
de lo mágico, lo cósmico, el símbolo,
el misterio ontológico, las alucinaciones, las comarcas
vedadas del ensueño más la realidad intraducible
y desgarrante. Sólo unas líneas como ejemplo
de la actitud lugoniana:
Y he aquí que todas las torres
han caído, y que mi alma, suspensa en los aires como
una lámpara apagada, mira descender a Dios sobre
la Torre de Oro, única, y sobre los hombres, y que
los hombres miran a Dios de frente. Y entonces, la armonía
de los cielos, parece como si sobre una herida vieja se
derramara un ungüento de perlas finas; como si cada
pecho estuviera lleno de música, como si cada mano
estuviera puesta sobre la cabeza de la Amada, como si cada
lengua fuera un cantero de violetas.
En este fragmento Lugones, a modo de espectador ingenuo, atestigua
con visión esperanzada al hombre ante las puertas de
lo maravilloso. Las mismas impresiones fantásticas
en Las fuerzas extrañas, El ángel
de la sombra, La fuerza omega, La
metamúsica y El Psychón
con atmósferas de misterio, afinamientos sensitivos
y mundos irracionales en primer plano. [2]
De igual modo atractivo el surrealismo en cancioneros del
uruguayo Horacio Quiroga. Abundantes ejemplos en Colores
con planos de complejidad espiritual:
Era una rosa que tenía nueve
colores y el primero de
éstos era un aguijón para los malos hombres.
Azul-violado-gris-roja-verde-oscuro-blanco-perla-lila.
No era menester que fuera. Dado que la primera palabra
es en sí precisa hubimos de meditar todo aquel largo
día
sobre nuestra pretérita afirmación, siempre
expresada por
ellos -buenos o intranquilos-, para una dolencia que en
verdad supo ser inmotivada a una hora en que las ojeras
debían estar fatigadísimas por un angosto
valle de
silogismos donde no fuera sensato detener la marcha.
Los colores como fin surrealista por donde echar luz diáfana
y cristalina sobre las honduras de la realidad. Nadie
tan colorista que este escritor, si bien las tonalidades más
usadas por él en prosa o en verso, el verde, abundante
en la naturaleza, y el negro como elemento discordante del
espíritu con la materia. E igualmente atractivos sus
otros poemas en Los arrecifes del corral y en
Consistorio con la búsqueda de la plena
realidad por vía de tradiciones místicas, ocultistas
y esotéricas.
Generacionalmente ligado a esa misma escuela, aunque luego
en grande medida al utraísmo, Oliverio Girondo. En
Veinte poemas para ser leídos en el tranvía,
Calcomanías y Persuasión
de los días, la realidad es intuida por entre
visiones lúdicas, palabras liberadas de toda significación,
ironías, emotividades y constelaciones fluidas de imágenes.
Pero donde más reafirmó la autenticidad del
surrealismo en su sexto libro de poemas En la masmédula
mediante acumulaciones emotivas encausadas por secretos hilos:
Las pupilas las órbitas han
perdido la tierra
los espejos los brazos los muertos las amarras
el olvido su máscara e tapir no vidente
el gusto el gusto el cauce sus engendros
el humo cada dedo
las fluctuantes paredes donde amanece el vino
las raíces la frente todo canto rodado
su corola los muslos los tejidos los vasos el deseo los
zumos que fermenta la espera
las campanas las costas los trasueños los huéspedes
sus paneles los núbil las praderas las crines la
lluvia las pupilas
su fanal el destino
pero la luna intacta es un lago de senos que se bañan
tomados
de la mano.
Detrás
de esas melancólicas imágenes la plenitud espiritual
y las complicaciones metafísicas barajadas implacablemente
con objetos de azar no abolibles. Con todo, sería injusto
desconocer la aproximación de este poema, como de otros
también, al esprit-nouveau, al abstraccionismo
y a postulados psicoanalíticos.
También
audaz aventura surrealista de Girondo fue la ruptura con el
procedimiento racional del lenguaje, ya sea para formar palabras
con otras o nuevas mediante prefijos y sufijos; no todas igualmente
felices aunque de extraordinario interés fonético,
significativo y sugestivo. Un censo de buen número
de ellas, por ejemplo: neoseno, autosondeo, almamasa, semimorfo,
agrinsomne, erofrote, polimellado, chupaporos, gociferar,
amente, sombracanes, contelúricos, europsiquis, nubecosa,
pezgrifo, subánima, espiribuceos, infierneo, poslodocosmo,
grisalva, sexotumba, prenoser, entre tantas otras por
la exigencia académica consideradas en ilegítimas.
Pero esos disparates no le han impedido del habitual
uso de la palabra; tan así en estos versos familiarizados
con el surrealismo:
De vértice quemados
de subsueño de cauces de preausencia de huracanados
vientos
rostros que transmigran
de soterráneas ráfagas de ratas
de transferible invadida
El acento si no regular rítmicamente constante e intensificado
en la repetición de la sílaba, y las palabras
con el natural florecer de la fantasía, a veces más
bellas que las originales.
La
misma visión surrealismista en poemas de Jorge E. Ramponi
con gusto barroco por suntuosas imágenes, tensiones
místicas y acciones mágicas.
Piedra
infinita es una visión enigmática de
la humanidad a través de piedra:
piedra es piedra
piedra en piedra de piedra
olvido de Dios ya dios de olvido.
Observada por imagen reveladora:
Oh, pétrea empedernida
petrificada en piedra
petrificada perpetua.
Esa ordenación de la piedra, casi gongoriana, elocuente,
rítmica, centrada en la sonoridad del verso y explayada
en agradables ejercicios fantásticos.
En cantos de El denodado la violenta desesperación
humana ante la indescifrable variedad del cosmos, la angustia,
las interrogaciones, invenciones y los apóstrofes;
todo en lenguaje sonoro y juegos verbales:
Alguien que al fondo del pavor calla
y escucha
alguien que soy yo mismo
mira en mis manos como un cruel espejo
Ramponi
intuye en esos versos surrealistas, por tanto, fantásticos
e imaginativos, el peregrinaje interior del alma humana, convirtiéndola
en habitáculo sagrado.
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De ningún modo se ha pretendido en agotar el examen
de todas las posibles repercusiones del surrealismo; cuando
el propósito solamente es de presentarlo en conceptos
más importantes y como elemento de choque contra aspectos
anquilosados de la literatura argentina en principios del
siglo XX.
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BIBLIOGRAFÍA:
1.
El surrealismo forjado en la literatura hispanoamericana
en las revistas: Qué (1928-1930),
A partir de cero (1952-1956), Boa
(1958), Ciclo (1948-49) y Letra
y Línea (1953-1955). Sin embargo, la
publicación más destacada el quincenal
Martín Fierro, cuyos principales
animadores en 1924 el poeta Ever Méndez y los
prosistas Arturo Cancela y Samuel Echelbaum, audaces
en mudanzas verbales y formas estilísticas apartadas
de la rigurosa preceptiva clásica.
2.
La familiaridad de Lugones con el surrealismo ampliada
en la antología Las primeras letras de
Leopoldo Lugones, edición Centurión,
1963, con.
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