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Para
Maria Grazianno.
Aún el tiempo se queda solo en el silencio
Gerardo Obregón
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Entre
"el todo" y "la nada" habita el instante,
el enigma absoluto, la realidad que percibimos sensorialmente
y que al racionalizarla limitamos su existencia. Deteniendo
nuestra conciencia en un instante, dejamos de pensar en el
pasado y de proyectarnos hacia el futuro, constatamos que
el instante nace de "la nada" y que en un instante
se disuelve en "el todo"
descubrimos entonces
la temeraria sensación de que la eternidad es un "instante
presente" pero inasible.
Etéreo
Fue
en un instante cuando de casi "la nada" nació
"el todo" y de las diez dimensiones que configuran
nuestro universo, se desenrollaron solamente tres: Profundidad,
Altura y Anchura, las otras siete dimensiones siguen enrolladas
en sí mismas y las puedes ubicar entre éstas
palabras y tus ojos así como entre un sueño
y otro pero solamente las consciencias y las partículas
subatómicas pueden circular en ellas.
Las
observaciones astronómicas y la "radiación
de fondo" determinan que "el instante primigenio"
(Big Bang) fue un inconmensurable evento energético
que tuvo lugar aquí, allá y en todas partes
porque el espacio estaba envuelto en sí mismo; en esa
misma condición se encontraba la materia y desde entonces
ha ido evolucionando y transfigurándose a merced de
la fuerza de gravedad para crear las luces del universo que
cuando agotan su combustible, se extinguen y de sus explosiones
o implosiones se forman nuevas estrellas o abominables hoyos
negros que engullen galaxias enteras
(En
nuestros soles es posible concebir al vacío en una
sola abstracción pero nuestra capacidad de discernimiento
se reconoce muy limitada cuando nos atrevemos a situar y analizar
contemporáneamente a toda la materia, la energía
oscura y la antimateria que circula en su interior)
es
factible que el tiempo sea una percepción racional
y parcial de un "instante presente" formado por
infinitas "atmósferas temporales" donde se
desarrollan y se reflejan los eventos de nuestro universo,
el cual, se encuentra en permanente expansión pero
a diferentes velocidades lo que provoca que nuestros eventos
nocturnos se encuentren a miles o millones de años
luz de las estrellas que recorren nuestra bóveda celeste
y, aunque algunas de ellas han dejado de existir, recibimos
su luz que viaja a través del inconmensurable vacío
porque a la velocidad de la luz "el tiempo se colapsa".
El mero,
mero
Según
los parámetros del pensamiento moderno que heredamos
de los alabados griegos de la antigüedad, entre el movimiento
y el espacio, encontramos al tiempo. Pitágoras argumentaba
que "el tiempo es como una esfera que engloba todo"
y Parménides dijo que "el ser no fue ni será
porque el ahora y el todo están unidos", por su
parte Plutarco escribió "Yo soy todo aquello que
fui, soy y seré" y San Agustín, en el onceavo
libro de "La Ciudad de Dios" comenta: "el mundo
no ha sido creado en el tiempo, sino junto al tiempo. De hecho,
aquello que se hace en el tiempo, se realiza antes o después
de cualquier tiempo: antes de cualquier tiempo futuro o después
de cualquier tiempo pasado
"
Los
Mayas Mesoamericanos sacralizaron al tiempo y en un solo vocablo
"K´in" envolvieron al tiempo, al Sol, al dirigente,
al día y a lo supremo
El tiempo maya es circular
y cíclico, en ese sentido, tal y como lo sugieren Nietzche
("el eterno retorno") y Los Mayas Mesoamericanos,
podemos aventurarnos a pensar que "el futuro ya pasó"
(En
los soles de Los Mayas Mesoamericanos la fecha de nacimiento
era programada para que los herederos al trono nacieran en
un sol predestinado que coincidiera cíclicamente con
"las fechas de nacimiento de los dioses mayas").
Los
Mayas Mesoamericanos le dieron al tiempo los atributos de
un dios, San Agustín colocó a Dios dentro del
tiempo, Nietzche lo expulsó, Einstein dijo que Dios
no juega a los dados y Hawking replicó argumentando
con sus ecuaciones sobre la entropía gravitacional
intrínseca de los hoyos negros que Dios no solamente
juega a los dados sino que a veces nos confunde aventándolos
donde no podemos verlos.
Espejos
El
"instante presente" que de "la nada" forma
"el todo" se constituye de ritmos, movimientos y
ciclos
las actividades y el desplazamiento de nuestros
cuerpos así como el ansia que produce la expectativa
de un encuentro o el estupor que provoca una voz ingobernable
que ignora las valiosas pausas, son eventos que nos permiten
percibir que el tiempo transcurre, pasa, regresa se pierde
o nos hace falta. Sin embargo, la voz que ya no escuchamos,
el reposo de nuestros cuerpos o el atardecer de la semana
pasada, son testimonios subjetivos y parciales de los eventos
del espacio que ocupamos cada uno de nosotros en el universo
y que configuramos en una percepción individualizada
que transita en "un tiempo lineal
" es ahí
donde la mentalidad occidental se atasca, porque la importancia
personal, así como entender los eventos de manera lineal,
individualizada y racional, limitan nuestra percepción
de aquel misterio seductor que llamamos tiempo.
En
el ensueño, "el tiempo se colapsa" y encontramos
al futuro enrollado en sí mismo
en el sueño
paradoxal somos conciencia y por ello podemos introducirnos
en otras dimensiones, percibimos que si es de noche es porque
estamos ubicados en contraposición al Sol pero, tanto
él como la primera estrella que se formó así
como el oscuro final de nuestro universo, configuramos un
solo "instante presente"
en el principio,
el espacio y la energía estaban ensimismados, "el
todo" y "la nada" eran una unidad que de pronto
se desenrolló y desde ese instante hasta éste
instante, el tiempo que ha pasado ha sido simplemente una
percepción humana de la interacción cíclica
entre la energía y el espacio.
En
el nivel consciente nos vemos tangibles pero en el ensueño
sabemos que somos luz en movimiento dentro de un universo
energético pletórico de conciencias orgánicas
e inorgánicas y que no es el único al que podemos
ingresar en éste o en cualquier otro instante.
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