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No preguntarnos nada
para
ver si coincidimos.
Ni tan siquiera lo ocurrido
en el último banquete de los pájaros.
Los
aromas del día son pasos que no vuelven.
Sólo
la quìmica de la risa los recupera,
en otros andares de amarillo taxi
que nunca bajó la banderita.
Esta
noche viajaré al palacio de invierno
sólo para comer dulce de higo
y sentir que no arreglé ni el ala ni la catacumba,
los incendios que no importan,
y la melodía de Marylin que se nos murió, pobrecita.
Un
día quise consultar a la bruja
pero me dijo que no cuide nada más que las uvas .
Mi
perro Franco tiene epilepsia prodigiosa
y en las nubes de abril retorna
para lamer una parte del mundo
que tampoco le importa.
En este hemisferio se congelaron los zapatos,
las mujeres con zapatos,
los grillos con zapatos
y los ejércitos de lechos vacíos
donde lloran las lágrimas con zapatos.
Pero
ocurre que hace instantes
se liberó el lienzo de cualquier nostalgia
y aunque es efímero estar de tertulia y de emoción
me convoqué en el atrio de todos los descalzos.
Que
bueno eso de no preguntarnos nada.
Al
menos a ver si coincidimos.
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