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Imagen
tomada
una pagina del Heraldo.
Veo a este muerto
aquí impreso como sapo a reventar
como burlándose con su rictus
de labios henchidos.
Surtido de moscas
brillantes y verdesazulosas
mirada despulida y fija
en su ultima luz de luna.
Veo
a este muerto
(Fotografía
de todos los muertos
que se encuentran en cualquier alcoba
o paraje)
como estupefacto y sorprendido
de su ultimo minuto.
Veo
a este muerto
desde aquí
anónimo por algunas horas
o por siempre.
El
cuerpo
De
día este cuerpo es transportado por
dos miembros en busca de subsistencia
puede que se vista de harapos o algodón
pero cuerpo en busca de alimento.
De
noche el cuerpo es sigiloso y felino
camina en el solar
se escurre entre
sombras y muere un poco entre sueños.
También
se estremece a veces con otro cuerpo
se transmuta
se desliza entre sudor
se da y jadea
estalla.
El
cuerpo se pierde en los pliegues de la noche
y se encuentra al filo de una barda
como gato pardo bajo luna menguante.
Solo
frente al espejo
se muestra inerme a su desnudez
como si lo reflejará el pozo del tiempo.
Solo
los ciegos son dueños de su cuerpo.
Caribe I
El
destartalado Ford 58
se detuvo en la polvorosa calle
de casas enceguecedoramente blancas
y de un cielo límpidamente azul
El
sopor solo es interrumpido
por la baritonica voz de un Daniel Santos
que exhala entre batientes la cantina
y al zumbido de moscardones
que acosan al pusilánime burro
que bajo la Ceiba de la plaza
es el único sujeto vital
de este pueblo
a las 12 en punto.
Nostalgias sueltas
La
memoria quizás es una brújula
con la cual se orientan las distancias
y los recuerdos.
Esta
barca a la mar que es mi cuerpo
ha zozobrado en otros cuerpos.
El
crepúsculo
es el adiós más hermoso.
En
distantes puertos he encallado con un acto
de ternura.
La
más oscura noche en medio de la altamar
se ilumina con las estrellas.
Siempre
habrá una luna
huyendo de los muelles.
La
memoria es quizás astrolabio
con la cual las nostalgias orientan sus distancias.
Un
día mas
a
mis abuelos +
En
esa instancia en que la noche se va
y el día adviene
la abuela aviva el fuego
en un montículo de ahumadas piedras.
Sus rudas manos se mueven entre vasijas de oscuro
barro e incandescente leña.
Una constelación efímera chisporrotea y se diluye
en el suave viento de la madrugada.
El
abuelo en un rincón
casi sombra
remienda sus alpargatas
y masculla algunas palabras que solo
la vieja le contesta con silencio.
La
alborada ya tiñe de escarlata
y se estalla en bullicio de aves.
El
abuelo termina su café.
Parsimoniosamente monta su burro
quien trota y rebuzna...
Así nacía un día más.
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