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Escena
1
En
el telón de fondo del horizonte que como un cuadro
cuelga frente a la extraña construcción de piedra
que parecer emerger de la masa sombría de rocas que
forman la isla, el sol apenas roza con sus dedos la frágil
lámina del mar, iniciando su lenta despedida. Al centro
del escenario, una gran estructura hecha con maderos de la
que cuelgan varias campanas; destaca entre ellas una, de mayor
tamaño que las otras, verde, oxidada, con una resquebrajadura.
Frente al campanario, en primer término, sentado en
una robusta silla que asemeja un tronco retorcido, de perfil
al público, la cabeza abatida como dormido o sufriendo
en silencio el dolor, se encuentra un anciano.
Una suave música de sal y olas salmodia la tristeza
de la tarde, mientras una voz de algas milenarias canta y
un coro de nereidas le contesta:
Voz: |
"Aquí en la isla
el mar
y cuánto mar
se sale de sí mismo
a cada rato, ..." |
Nereidas: |
"...dice que sí, que no
que no, que no, que no,
dice que sí, en azul,
en espuma, en galope,
dice que sí, que no, ..." |
Voz: |
"... No puede estarse quieto,
me llamo mar, repite
pegando en una piedra
sin lograr convencerla..." |
Nereidas: |
"... con siete lenguas verdes
de siete perros verdes,
de siete tigres verdes,
de siete mares verdes,
la recorre, la besa,
la humedece
y se golpea el pecho..." |
El
anciano se estremece, en su rostro aparece una expresión
de angustia, habla entre sueños, desde el opresivo
sueño del dolor
Anciano: |
"... no golpes tan fuerte
no grites de ese modo..." |
Abre
los ojos, incorpora su torso, tuerce su figura para mirar
el mar y le pide enérgicamente
Anciano: |
"... abre tu caja verde
y déjanos a todos
en las manos
tu regalo..." |
Intenta
ponerse en pie, pero el esfuerzo lo vence y se deja caer en
la silla. Cae al piso el papel y la pluma que tenía
a su lado. Con acento melodramático exclama:
Anciano: |
O envuélveme en tu manto y regrésame al
origen de mí mismo. |
Escena
Segunda
Por
la derecha del escenario aparece una mujer hermosa en su terrenal
madurez de madre, enfermera y amante. El anciano contempla
el mar. Ella lo mira a él, amorosamente, con admiración
y luego se dirige a su lado. Su mano, como gaviota de barro,
señala el horizonte.
Mujer: |
De nuevo hablando con él. |
Anciano: |
Nunca me cansaré de invocarlo, de cantarle, de
intentar descifrar su misterio con mis gastadas palabras,
torpes herramientas en manos de un viejo gastado por el
embate de sus olas. |
Mujer: |
Hace frío. Debería usted entrar. Podría
enfermarse. |
Anciano: |
Tarde me llega su consejo. Ya estoy enfermo... |
Mujer: |
Por
favor, no juegue con eso. Sabe bien a lo que me refiero. |
Anciano: |
Lo
siento, no pude resistir la tentación de hacerme
una broma cruel. Patoja, quite esa cara. Se parece usted
a la Panda cuando se enfada. Está bien. Entraré
en casa, con la condición de que no me siga mirando
con esos ojos de perro al que le han arrebatado su hueso. |
El
anciano le pone una cara grotesca de súplica. La mujer
suelta una carcajada.
Mujer: |
¡Con usted no se puede! No se preocupe, puede quedarse
toda la noche, si quiere, contemplando a su adorado amigo. |
Anciano: |
Es verdad. Somos viejos amigos. Tenía ocho años
cuando lo vi por primera vez y el encuentro se me quedó
grabado en la memoria. ¡Fue una fascinación
tan grande! En ese mismo momento supe que nunca más
podría vivir sin mirarlo. |
Mujer: |
A mí siempre me ha dado un poco de miedo. En su
incesante ir y venir, apacible a veces, encolerizado de
pronto, benéfico y destructor, sustento del hombre,
tumba de quienes lo desafían... No sé, a
veces siento que en su seno se encuentra el misterio de
la vida... |
Anciano: |
Y el de la muerte; ambos son el mismo, misterios diferentes
formando una unidad indivisible: la vida deviene inexorable
en la muerte y la muerte nos devuelve irremediablemente
a la vida... Desde niño, presentí en el
mar lo inefable... Él conserva celosamente guardado
el verso que ya nunca escribiré... |
Se quedan en silencio. Ella se sienta en el piso, a su
lado y lo contempla. Él mira el mar. Sobre la tenue
sinfonía del universo marino en movimiento se escuchan
las voces en contrapunto.
Voz: |
"Allí en las cordilleras de mi patria
alguna vez y hace tiempo
yo vi, toqué y oí
lo que nacía:
un latido, un sonido entre las piedras..." |
Nereidas: |
"De tantas cosas que tuve,
andando de rodillas por el mundo,
aquí, desnudo,
no tengo más que el duro mediodía
del mar, y una campana..." |
Voz: |
"... Yo repetí en las puertas
el sonido del mar,
de las campanas..." |
Nereidas: |
"De tantas cosas que tuve,
andando de rodillas por el mundo,
aquí, desnudo,
no tengo más que el duro mediodía
del mar, y una campana..." |
Anciano: |
Ahora que el miedo paraliza mi mano, la esperanza que
yace en el fondo de la caja, me invita a surcar la inmensidad
del mar, en un viaje sin fin porque nunca tuvo principio... |
Mujer: |
El mar es inmenso como la muerte... |
Anciano: |
El mar es la eternidad... |
Mujer: |
¿Crees
en ella? |
Anciano: |
Muy
pronto lo sabré. |
Se miran fijamente.
Voz: |
"Me vine aquí a contar las campanas..." |
Nereida 1: |
"...que viven en el mar..." |
Nereida 2: |
"...que suenan en el mar..." |
Nereida 3: |
"...dentro del mar..." |
Voz: |
"...Por
eso vivo aquí." |
Anciano: |
(Acariciando
el cabello de la mujer)
Por eso estamos aquí... juntos... |
Ella
besa la mano del anciano, se pone de pie y lo mira.
Mujer: |
El sol casi desaparece. Pondré la mesa. |
Anciano: |
Frío atardecer de septiembre... ¿Llegará
la primavera? |
La
mujer sale. El anciano la llama:
Espera
un momento. Ella no regresa. Él le habla a su ausencia:
Anciano: |
"Fue tan bello vivir
cuando vivías!" |
Escena
Tercera
Un
suave aleteo de marinas aves mancha el triste lienzo del atardecer.
Las olas salmodian su canción eterna.
El anciano se incorpora, escucha atento; sonríe; su
rostro es ahora un espejo de paz.
Anciano: |
"Ahí está el mar? Muy bien, que pase." |
Lentamente,
las luces y el sonido se van extinguiendo.
Fin |
| Barcelona,
primavera del 2004 |
Poemas
de Pablo Neruda:
Odas Elementales: "Oda al mar"
El mar y las campanas: "Hace tiempo,
en un viaje", "Inicial", "Todos",
"Aquí", "Final", "Ahí
está el mar? Muy bien, que pase" |
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