La ciudad me digo donde la sombra
casi más deliciosa es de la luz
apenas brilla renovada en la mañana
«
seca la tormenta de esta noche» ríe
mi alegría retornada junto a mí
tras un breve desapego.
«Seca al sol sus contradicciones»
torvo, casi a punto de creer, replico.
Mas la forma la imagen el semblante
de ángel habría dicho en otros tiempos
renacido a mi lado en el escaparate:
«Querido se burla abiertamente querido,
con ese aire de vacaciones. ¿Y piensas
en la ciudad socialista?».
Ha vencido. Y ya me relajo: «No
llegaré a verla» le respondo.
(No
estaremos
más juntos, debería decir). «Pero es justo,
haces bien en no atenderme si digo estas cosas,
si las digo por odio hacia alguien
o rabia por algo. Pero cree en la otra
cosa que se abre camino en mí de tanto en tanto
que en sí las otras incluye y las hace espléndidas,
rara como esta mañana de septiembre
justo para mis adentros hablaba:
de la alegría».
Me
toma del brazo,
«No es cierto que sea rara me corrijo está,
se lleva como una herida
por las calles deslumbrantes. Es
esta hora de septiembre en mí reprimida
durante todo un año, es el zorro robado que el niño
escondía bajo la ropa y la cadera desgarraba,
un arma que se lleva con abuso, fuera
del breve sueño de unas vacaciones.
Podría
con ella asesinar, con la sola alegría
»
Pero
dónde estás, ¿dónde te has perdido?
«Es
en esto en lo que pienso si alguien
me habla de revolución»
digo al escaparate de nuevo desierto.