|
Muere
súbitamente muerte.
Yo soy esa palmera rodeada
de montes, azotada por vientos
y por soles, perseguida por las pacientes
aguas subterráneas que pudren mis raíces,
poseído por el cierzo y por la soledad
del pájaro que alimentan mis dátiles:
por la vida que elevo, claramente en el "claro"
de la oscura selva, la vida se sostiene,
me sostiene el deseo que alimenta la muerte:
muere pues súbitamente, y alza hacia mí lo intocado,
incorrupto,que ignora el tiempo en el cual
vida y muerte se procrean y laudan.
Muere súbitamente, muerte.
En un claror de espasmos y de amor,
muere y llévate contigo, los restos
del naufragio; muere súbitamente y llévate
la vida que me diste,
los ojos que pusiste en mis manos,
las manos que pusiste a mis ojos,
y que presos están desde que tú,
profecía, muerte, poesía,
embriagaste con ácido el zumo de la vida.
Allí reposan las tempestades y el océano,
la boca del abismo, las alas del verano,
la prisión del recuerdo. Muere pues,
súbitamente, muerte, desnuda y ya cercana,
ensombrecida bestia hambrienta
que me darás la paz. Súbitamente muerte,
muere conmigo, pues.
El cielo es más azul cuando convulso
el aire, ensombrecido, me sostiene
en sus ansias.
©
Óscar
Portela
|