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A
través de los años he tratado de observar la
realidad desde distintos puntos de vista e incorporarla a
mi universo artístico de distintas formas, el compromiso
del artista con la sociedad van de la mano y veces se desglosa
lo positivo y lo negativo de los tiempos en que vivimos. Paradójicamente
después de una temporada de observación critica
surgió una idea a la luz, a partir de lo que se llama
hoy televisión basura, los reality shows
que existen hoy en todas las latitudes del globo, me hicieron
observar como se llenaban los contenidos artísticos
con gente común, para convertirlos en una especie de
ratones de laboratorio a ser observados. Cuanto más
oscuras sean las personas, los programas tienen mayor puntaje
de rating, lo morboso, lo pérfido, todo en función
del espectáculo.
En ese momento surgió la idea de llenar un concepto
artístico con gente común, buscar en ellos la
belleza intrínseca que todos llevamos dentro, así
fue como nació la idea de almas alemanas,
la idea de retratar a personas que no provienen de la esfera
artística, esas personas que quizás vienen a
un vernissage a observar una muestra, con sus distintos
oficios y profesiones (arquitecta, cosmetóloga, violinista,
jugadora de equipo nacional de handball, estudiante
de biología genética, profesor de educación
física, empleada bancaria, ama de casa, chofer de camiones,
obstetra, ayudante odontológica, estudiante de marketing,
abogada, vidrierista, farmacéutica, agente inmobiliario,
etc) en este caso se convertirían en parte del objeto
artístico.
La dualidad de los espejos , la parábola de Alicia
en el país de las maravillas, el cruce de las fronteras
que delimitan el observador del ser-observado, han servido
para llevar a cabo este proyecto y, sobre todo, la gente que
se prestó a ser retratada, a los que remito mi eterna
gratitud.

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