Conmovedor
el clamor de las cornejas
roto en metálicas estridencias
dispersas por el aire como esquirlas
de maldiciones, u oraculares voces.
Silenciosos
los campos dormidos
en el sopor del tardío verano,
envueltos apenas los árboles mudos
en la tenue exhalación del humus nasal.
Y
de pronto los rudos fonemas
de un áspero grito quebrándose
en duros fragmentos de incorpóreo metal,
en guturales sílabas de gargantas
estranguladas, tal vez, de presagios,
oraculares en su desolación.
Luctuoso
volátil de alas de luto,
pájaro azabache de la malaventura,
algo en mí conmovedoramente alerta,
algo en mí en tu graznido electrizado,
algo que a mi corazón los augurios
de seres de ultratumba manifestándose.
Y
acosado de obscuros presentimientos,
la mano al corazón, los pasos de prisa,
perseguido por rotas estridencias
de metal intangible acuchillándome.