De
Carta de Ciudadanía Ficcional:
CARTA
FICCIONAL
En
el aire
palpable
velocidad de cambios
descontrolados
aluviones preñados
de promesas
trece, catorce
años
con
un grito en la ilusión
de muchos, de todos
de
todos, de todos, de todos,
de
todos, No!
Miles de manos
moldeando epopeyas
la historia, estallada.
Mas me contaron
demasiado vi.
De
la época de
los
sueños / extraño
la
fe.
Alquimias de un negro
líquido ulcerante una
sobre otra pitadas
de utopía febril.
Cada mesa paría
paraísos chorreando,
del cordón umbilical
las palabras cuchillo.
Orgía de impaciencia a pura
voluntad liberada
estrenamos pieles
hasta quedar en carne.
Cuentos de hadas
de la edad de la razón, estar
dispuesto a morir
por una causa encerraba
(mamushka traidora)
la resolución de matar
el
futuro
indefectiblemente nuestro
tan poco
antes
de después.
La verdad
aire
apenas respirado
Poeta de extranjería
San Martín de lata,
fervorizado
por tres vasos de vino
máquina
ingeniodeseante.
Derribados los puentes
con su canícula barba
en la engrillada orilla trucó
gas del pantano
en tiritante
luz
sin alba.
De dos guerras en fuga
en su interior
tan
niño vi
que olvidé nuestro juego.
Huir de Buenos Aires
hundirme
en
ella
Analítica de una lengua
extranjera de sí misma
nos comprende, nos deniega.
- No se entiende - dicen -
no se entiende
que el sol sea, una línea de fuga
detenida en su vértigo.
"Soldaditos
de plomo esperando
las batallas entre las macetas"
Mi extrañez conmociona y
por un instante, la desconozco.
Salto sobre el sentido y el sentido sigue
en su impasible espanto.
"La
noche es negra y cerrada
pero en el medio del río
siempre hay un resplandor"
De espaldas a la profundidad de la piel
a la intemperie del cuerpo
la ciudad, llovizna neón.
La madrugada absorta poetas filofósicos
y parto un verso
total
siempre está mañana siendo
virgen la belleza
de mí.
Las estrellas brillan
un
instante
estamos
vivos
PIEDRAS TRANSPARENTES
Ojos de relámpago inyectado
embebí
tu personaje arrollador
en dos filtros de ficciones
(bajo la mesa
tu criatura celibaba
al tierno
trincherado tras mi imagen)
con la angustia feroz
de avernos encontrado
mil años y más
tarde.
Otredad de los rostros
Impenetrables
mares
de la mente