¿Eldígoras?

Eldígoras, hojas de lengua, literatura y arte, fue creado en febrero de 2001 por Francisco Javier Cubero.

En agosto de 2011 inicia una nueva andadura en un nuevo formato, todas las secciones antiguas se mantendrán y serán accesibles desde el enlace anterior, hasta que se vayan actualizando y adaptando a la nueva configuración.

Comentarios

  • Sergio 14/01/12

    Totalmente de acuerdo con tu escrito pero en el Estado también existe otro periódico rebelde …

Entre tanto panfleto, necesitamos el diario Público

Público

No podría recordar en qué momento empecé a comprar de forma asidua un diario impreso, pero supongo que debía tener dieciséis o diecisiete años, la política y la cultura me interesaban, las ilusiones por aquella democracia que podía ser estaban en plena efervescencia, aún se estaba elaborando la nueva Constitución, nada hacía prever el desencanto posterior, la anestesia colectiva, la corrupción institucionalizada en aquellos políticos más o menos jóvenes que protagonizaban la tan manida transición.

Sí tenía claro que aquel país en plena crisis de finales de los setenta venía de una dictadura cruel, no sabía hasta qué punto la llevábamos inoculada en la sangre y en el cerebro, tan silenciosa es la pedagogía del miedo, el aprendizaje de la sumisión. Pero hubo resquicios para el pensamiento, hubo medios para que creciese algún tipo de espíritu crítico, en algunas aulas, con algunos profesores, en ciertos libros y revistas, con ciertos humoristas al filo de lo permitido, La Codorniz, Destino, El viejo topo, Ajoblanco, Tip y Coll… Parecía que, como en la televisión de la época, el color se abría paso, la libertad era posible.

A través de la prensa escrita, primero Mundo Diario (no confundir con ese panfleto que es El Mundo), luego El País cuando contenía las firmas más lúcidas del panorama intelectual, fuimos viendo cómo se construía una democracia frágil que no quiso desmontar un poder judicial anquilosado y que se preocupó de que no fuese independiente; que estableció un poder legislativo deudor de una ley electoral injusta y que fue incapaz de desactivar los privilegios de quienes con traición manejaron el rumbo de la dictadura anterior.

Durante décadas compré El País y fui testigo de su evolución, desde unos inicios valientes y comprometidos hasta su situación actual de empresa multinacional que intenta nadar y guardar la ropa, que en definitiva guarda la ropa y hace ver que nada. Diario oficial cuando ha gobernado el PSOE y más que discreto opositor cuando gobernó el PP, puesto que entonces la televisión digital estaba en juego y no convenía hacer demasiado ruido. El demoledor editorial en contra de Zapatero una vez ganó las elecciones el PP dejó muestras claras de cómo se manejan los señores que una vez defendieron la democracia un 23 de febrero y hoy defienden sus intereses multinacionales, convertidos en una especie de tele-tienda amagada tras su pantalla escrita y con la intelectualidad casi desaparecida de sus páginas. No cabe considerar intelectuales a escritores de calidad indiscutible como Vargas Llosa que utilizan su fama para inocular su veneno “liberal”, o a quienes tuvieron su momento brillante pero se quedaron atrapados en un bucle, tal vez porque habría que pagar algún peaje a la todopoderosa Editorial Planeta, sería el caso de Maruja Torres. Tal vez el único intelectual que quede en El País sea El Roto y, en algunos casos, Forges.

Pero el hombre es animal de costumbres y me costó mucho dejar de comprar El País, lo hice cuando me cansé de que me llamaran por teléfono, como hace cualquier empresa de telefonía de este país más preocupada en captar clientes que en ofrecer un servicio aceptable a sus víctimas. Y cuando vi que ninguno de sus periodistas fue capaz de hablar del 15-M hasta dos días después de las grandes manifestaciones.

La razón principal para cambiar de diario fue la existencia de Público, único medio capaz en estos tiempos de contribuir a una refundación de la izquierda que se nos murió tiempo ha entre las ambiciones de Julio Anguita y el pragmatismo de Felipe González, mientras el periodismo se entregaba al poder económico y los políticos se constituían en casta superior tendente a corruptelas desde el escondite de sus listas cerradas.

Público ha supuesto un soplo de aire fresco que ha sabido hablar de la actualidad saliéndose del molde de lo políticamente correcto, monárquico y financiero, de nuestra sociedad. El único diario que habló del 15-M antes del 15-M, y después, sin cuestionar falsamente una iniciativa popular que otros intentaron desvirtuar desde el primer momento. Público denuncia la corrupción de nuestra clase política, la contradicción a la que nos conduce el hecho de que las clases medias y bajas tengan que pagar los excesos de la clase dominante, la trampa de un país que recorta en Educación y Sanidad lo que se gasta en la Iglesia católica y en las entidades financieras, el acoso y derribo de nuestro escaso Estado del bienestar…

Que Público esté en dificultades es un problema grave en un país cuyos políticos se mueven desde el centro hasta la extrema derecha, puesto que no existe la izquierda, y cuya prensa sigue las mismas directrices. Tanto más cuando quien preside el país es un tipo gris que no ha hecho nada destacable en toda su trayectoria política, un prototipo de funcionario de los del “vuelva usted mañana” de Larra, como lo fue Aznar. La historia de España tiene una tradición muy grande en este tipo de gobernantes mediocres y una tradición inquisitorial tremenda; nuestra prensa se mueve en torno a intereses políticos y económicos de los que la gente de la calle no es más que comparsa utilizable.

Público ha vuelto a abrir el camino, por la libertad de opinión y de prensa hay que defender que siga estando en los kioscos, que nos dé otra perspectiva de los acontecimientos, que contribuya a desmontar esta anestesia colectiva que lleva a que diez millones votos en un país de más de cuarenta millones permitan a un partido renovar la figura del señor feudal o del señorito andaluz, traten el Estado como si fuera su finca privada, se costeen sus trajes con nuestro dinero y lo hagan con el beneplácito de unos sindicatos ramplones que no nos representan, en ausencia de una izquierda muerta y con los únicos límites que los grandes estamentos financieros internacionales puedan imponer con la complicidad de las presidencias alemana o francesa.


La mejor forma de apoyar a Público es comprarlo todos los días.

Comprar Público cada día no solucionará estos problemas, pero nos devolverá la sensación de que otras políticas son posibles o, cuando menos, de que no estamos solos quienes creemos en un mundo con la riqueza distribuida equitativamente, más justo, con futuro.


http://www.publico.es/porquePublicohacefalta/

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Comentarios ( 1 )

  • 1
    Sergio 14 ene. 2012 ( 12:04 Uhr)

    Totalmente de acuerdo con tu escrito pero en el Estado también existe otro periódico rebelde y combativo: GARA.

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