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Winston Morales Chavarro
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  35 tierra - prosa     El Quijote
y sus cuatrocientas influencias
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El Quijote de la Mancha es a muchos escritores nacionales lo que es la Biblia a los cristianos, el Kybalión a los discípulos de los principios Herméticos o el Tao a los adeptos de la sabiduría Zen. Una de sus mayores propiedades o atributos es que se instituye en un libro atemporal, mapa mental que se estaciona en el tiempo futuro, presente o en un pasado que no termina de irse: para un libro de 400 años todos los tiempos son, como la historia misma, la esfera -en boca de Pitágoras- que lo engloba todo. Las lecturas de don Alonso Quijano vibran en las páginas de un Pedro Páramo, donde el tiempo, visto desde la "toltequidad", es circular, eterno, no lineal, no fragmentado.

El Quijote posee varios niveles de lectura: 1. El anciano que padece desequilibrios mentales por culpa de los libros de caballería. 2. La metamorfosis de un hombre que es hijo de los impulsos eléctricos y de los desenfrenos propios del Eros. 3. La historia de dos individuos que se complementan y se equilibran en la atmósfera de un universo aparentemente caótico: el Quijote de La Mancha, espíritu; Sancho Panza, materia. La necesidad de una lucidez "otra" para tener una idea de absoluto, de plenitud; la plenitud propia del Quijote que es aprehendida por Sancho: materia, vulgo, pueblo.

Es fácil hallar en el Quijote de Cervantes, el éxtasis alquímico -propio de los iniciados-, con el que suele uno "estrellarse de luz" en la Eneida, de Virgilio, El Paraíso perdido, de Milton, la Divina Comedia, de Dante o El asno de oro, de Apuleyo, algo que es fácil -desde el ahora, el ayer o el porvenir- de identificar en creadores como Jorge Luis Borges (Ficciones), Gabriel García Márquez (Cien años de soledad), Juan Carlos Onetti (El pozo), Carlos Fuentes (Aura), Alejo Carpentier (El reino de este mundo), Lezama Lima (Paradiso). Cervantes inventa un No-Lugar "situado" en un lugar de La Mancha. ¿Acaso es el Comala, de Juan Rulfo; el Santa María, de Onetti; el Macondo, de García Márquez?

El gran escritor español presiente-presentía la fuerza y el desenfreno de la occidentalización, la uniformidad del pensamiento moderno. De allí que en El Quijote la locura se constituya en resistencia, fuerza contrahegemónica, cuchillo contra la cultura unilateral de la contemporaneidad. La literatura es resistencia y en ese orden de ideas el Quijote de la Mancha es un muro de contención contra las aguas fragorosas y malolientes de la razón, lo impuesto, lo católico, lo oficial, lo "histórico", lo político, algo que, sin lugar a dudas, vemos en los escritores latinoamericanos arriba mencionados. Una rebeldía que se fortalece con la concepción de un tiempo no occidental, "desordenado", con la convicción absoluta, como diría Parménides, de que el ahora y el todo están unidos, o como dijera San Agustín: "el mundo no ha sido creado en el tiempo, sino junto al tiempo. De hecho, aquello que se hace en el tiempo, se realiza antes o después de cualquier tiempo: antes de cualquier tiempo futuro o después de cualquier tiempo pasado..."

Por tal motivo, se tiene la certeza, gracias al lenguaje que apela a la verdad, de que los lectores "contemporáneos" de El Quijote no son sino una variación de aquellos duques que leyeron la primera parte de la obra, y que eran-son espectadores-lectores-personajes de un mismo tiempo narrativo. A lo mejor no seamos sino sólo eso: personajes de "otro" Cervantes, duques de un quijote del ayer o del mañana, protagonistas pasivos-activos de un espacio donde el tiempo se colapsa y donde es posible "estrellarse" con Basilio (¿alguna similitud con nuestros suicidas?), Quiteria, el bachiller Sansón Carrasco, el barbero Nicolás, la ama, Dulcinea (sorprende la noción de belleza del Quijote).

Toda obra, como hija y habitante del mundo de las ideas, no es sólo literatura, ficción, papel escrito. El Quijote no es de La Mancha, pertenece a las calles de Buenos Aires, a los malecones de Cartagena, a las arenas de La Habana, al calor de Puerto Príncipe, a la extinta zona de distensión de Colombia. Es resistencia en todos sus intersticios, muro de concreto que atesta a los molinos de viento del norte, sueño y escritura que doblega los discursos globalizados de la política, la economía, la pedagogía pospositivista del mundo occidental.

 

 

   
             
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