|
Por
eso los chingo y nunca terminan de pagarme los intereses dijo,
añadiendo que ya bastante se le escondían algunos,
por más que ella se quedaba horas sentada a un costado
del basurero del mercado municipal, justo donde salen los
camiones de la ruta a las zonas suburbanas y donde todos recalaban.
La
doña estaría hasta las once en ese punto estratégico,
luego iría a ver a "Viernes Vela" que había
chocado y necesita con urgencia tres mil pesos, pero como
era muy mal deudor lo estaba pensando.
El
hombre insistía en su deseo de saldar su cuenta, pero
estaba relevando y no sabía qué ruta y horario
le tocaría, y menos la hora y el lugar donde le entregaría
a la doña lo que llamaba su saldo, pues tenía
que atender lo de su máquina; su máquina que
estaba en el taller cercano a su domicilio, el de la calle
ciega, la misma calle que cerraban durante las fiestas de
navidad y las novenas a la Guadalupana, la calle donde los
vecinos haciendo coperacha podían contratar un luz
y sonido, rellenar piñatas y hacer un pachangón.
La unidad 014 rechinó y tosió cuando pasaba
por el periférico. Quedó varada y los pasajeros
bajaron tratando de ajustarse a las instrucciones del chofer:
A
ver si otra unidad se compadece de ustedes y los lleva. No,
no tienen que pagar nuevo pasaje.
El hombre seguía hablando con la doña acerca
del camión que estaba en el taller y ella insistente:
Mira
desde qué fecha te di el dinero, desde el 31 y no te
cobré nada de interés. Y él, agregando
que por eso quería saldar hoy mismo su cuenta, aunque
sólo estuviera de relevo, aunque tuviera que buscarla
por las otras rutas de los camiones de banda roja, de los
que sí eran buena paga con ella.
La unidad 014 tenía el cofre para arriba, y dentro
al chofer. Los otras unidades pasaban y sólo señalaban
con la mano que no podían llevar a los pasajeros desafortunados.
Entonces hoy le liquido los 280 pesos.
No, los 270, a mí me debes 270.
¿La veo en su casa? También le llevo lo
de don Mario. Seguro.
¿En mi casa? Pero, hasta por la tarde, a eso
de las tres. ¿Entonces, te espero?
La veo al rato. Yo la busco. Segurísimo.
La unidad 014 arranca, y junto con los pasajeros, la doña
se sube diciendo al chofer que qué bueno porque ya
anda atrasada. El hombre aprovecha que otra unidad se detiene
en paralelo preguntando si necesitan ayuda y él aborda
gritándole a la doña:
Está
bueno, si no la encuentro la veo mañana y la
otra unidad se marcha. La unidad 014, testigo de la escena,
escupe bocanadas de humo negro mientras ocupo el asiento junto
a la mujer, junto a la doña, con la firme intención
de entretenerme con el camino.
|