|
Me
dejo llevar, propuestas que no encuentran un blanco,
no iluminan más soles mis certezas, ni mis profundidades
que ya no son tan frías. Se quiebra el hielo, se quiebra
el tiempo y mi corazón, carne latiendo tenue y a desgano,
perdió la sangre la pasión las ganas. También
podría decir que es mejor caminar sin que el brillo
me enceguezca, podría decir que hoy veo en la noche,
¿pero veo acaso algo verdadero?, si mis ojos que otros
días fueron ya no son, ni mi sonrisa.
Caídas sobre pisos alfombrados, vuelos sin cielo, estrellas
negras, desnudez mentirosa que no alcanzo. Ni siquiera tengo
un cuchillo que lastime, mucho menos un puñal como
merezco, ni unos ojos para conmover mi seco seco vientre,
muertos mis brazos, caída libre de una prisión
aprendida de memoria.
Cada rostro, cada beso, cada vuelo, entiendo que alguna vez
los he sentido; alguna vez... tengo tan mala memoria...
Supongo que sin mí los árboles seguirían
bailando y giraría este planeta lleno de pus como si
nada. Supongo que sin mí vos seguís despertando
y tus ojos no imaginan mi suerte, claro está. Y de
todas maneras, ¿por qué habrías de hacerlo?,
si no merezco estar en vos porque me escapo siempre, y no
merecés estar en mí porque ya no quiero, no
quiero compartir mi abismo. ¿Qué puedo dar?
¿Qué estoy buscando? Me engaño si creo
que es felicidad de avenidas, o amor en patineta, o miradas
tiernas o besos voladores. Necesito, busco otra vez desesperado
mi agujero profundo, lo que siempre busqué como un
adicto hasta encontrarlo: lástima de algún animal
apaleado, locura... trapos rotos.
|