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El surrealismo
en la literatura argentina

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El surrealismo es en la literatura, como así también en el arte, considerado por onírico, ético, invencionista, representable, algo abstracto y cabalístico; de ahí, imposible de negar a estas mismas definiciones, tomadas aisladamente o en conjunto, lúcida voluntad creadora, libertad de pensamiento y verdadero llamado de atención a la cultura racional y mecánica de Occidente. Con todo, no parece posible hablar del surrealismo como un segundo romanticismo, ya que la base doctrinaria está en la trascendencia, en la captación de lo invisible por medios sensoriales e intuitivos, no ya puramente vivenciales, y en lo radicalmente opuesto a toda concepción rasionalizadora del mundo.

Las implicancias mayormente definidas, el impulso a lo sublime, la búsqueda del idealismo mediante la destrucción sistemática de la materia, y la confusión del tiempo pasado con el futuro, de lo comunicable con lo incomunicable, de lo verosímil con lo inverosímil, de la vida con la muerte; por causa de esas, la literatura surrealista no es expresiva tan sólo de intención fantástica, de liberación de las formas como actividades esenciales del espíritu. A la vez, el lenguaje literario no discursivo y con cierta propensión barroca, valorado por dramático o tierno, tan luego como las metáforas reveladoras del trasfondo de lo real, ya bajo el velo de las alegorías o túnicas de figuras sorprendentes.

La literatura surrealista rioplatense, durante el primer cuarto del siglo XX no fue cubista o futurista sino específicamente original en captar lo invisible en la naturaleza y el hombre concreto con recursos intuitivos y simbólicos. [1] En cuanto la prosa de sesgo humorístico, con sucesión de silogismos y continua maduración de imágenes; la poesía totalmente arrítmica, sugeridora, algo mística, por tanto, extraña al pensamiento lógico y reflexivo.

Esas fronteras estéticas del surrealismo rioplatense habían de recibir ulteriores ampliaciones o comentarios de la crítica europea. En Arcane, André Bretón las tenía por "vitalismo de virtualidades y esperanzas no terrenales"; en El surrealismo entre el Viejo y Nuevo Mundo, Juan Larra, quien no puede ser considerado vanguardista, "de capilla de escritores cultos de Buenos Aires", y en Los signos en rotación, Octavio Paz, de "promulgadoras de originales teorías, curiosas correspondencias y manantiales de espíritus trascendentes". Puntos de vista similares a esos en otras zonas de Hispanoamérica por Julián del Casal, José Asunción Silva, Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón, entre muchos más.

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Dentro del ámbito literario ha sido muchas veces señalada la obra de Leopoldo Lugones de verdadera avanzada del surrealismo en el sur del continente americano. Exponente de visiones inquisitivas y abiertas a lo imaginativo, Las Montañas del oro con la sedución del mundo a través de lo mágico, lo cósmico, el símbolo, el misterio ontológico, las alucinaciones, las comarcas vedadas del ensueño más la realidad intraducible y desgarrante. Sólo unas líneas como ejemplo de la actitud lugoniana:

Y he aquí que todas las torres han caído, y que mi alma, suspensa en los aires como una lámpara apagada, mira descender a Dios sobre la Torre de Oro, única, y sobre los hombres, y que los hombres miran a Dios de frente. Y entonces, la armonía de los cielos, parece como si sobre una herida vieja se derramara un ungüento de perlas finas; como si cada pecho estuviera lleno de música, como si cada mano estuviera puesta sobre la cabeza de la Amada, como si cada lengua fuera un cantero de violetas.

En este fragmento Lugones, a modo de espectador ingenuo, atestigua con visión esperanzada al hombre ante las puertas de lo maravilloso. Las mismas impresiones fantásticas en Las fuerzas extrañas, El ángel de la sombra, La fuerza omega, La metamúsica y El Psychón con atmósferas de misterio, afinamientos sensitivos y mundos irracionales en primer plano. [2]

De igual modo atractivo el surrealismo en cancioneros del uruguayo Horacio Quiroga. Abundantes ejemplos en Colores con planos de complejidad espiritual:

Era una rosa que tenía nueve colores y el primero de
éstos era un aguijón para los malos hombres.
Azul-violado-gris-roja-verde-oscuro-blanco-perla-lila.
No era menester que fuera. Dado que la primera palabra
es en sí precisa hubimos de meditar todo aquel largo día
sobre nuestra pretérita afirmación, siempre expresada por
ellos -buenos o intranquilos-, para una dolencia que en
verdad supo ser inmotivada a una hora en que las ojeras
debían estar fatigadísimas por un angosto valle de
silogismos donde no fuera sensato detener la marcha.

Los colores como fin surrealista por donde echar luz diáfana y cristalina sobre las honduras de la realidad. Nadie tan colorista que este escritor, si bien las tonalidades más usadas por él en prosa o en verso, el verde, abundante en la naturaleza, y el negro como elemento discordante del espíritu con la materia. E igualmente atractivos sus otros poemas en Los arrecifes del corral y en Consistorio con la búsqueda de la plena realidad por vía de tradiciones místicas, ocultistas y esotéricas.

Generacionalmente ligado a esa misma escuela, aunque luego en grande medida al utraísmo, Oliverio Girondo. En Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, Calcomanías y Persuasión de los días, la realidad es intuida por entre visiones lúdicas, palabras liberadas de toda significación, ironías, emotividades y constelaciones fluidas de imágenes. Pero donde más reafirmó la autenticidad del surrealismo en su sexto libro de poemas En la masmédula mediante acumulaciones emotivas encausadas por secretos hilos:

Las pupilas las órbitas han perdido la tierra
los espejos los brazos los muertos las amarras
el olvido su máscara e tapir no vidente
el gusto el gusto el cauce sus engendros
el humo cada dedo
las fluctuantes paredes donde amanece el vino
las raíces la frente todo canto rodado
su corola los muslos los tejidos los vasos el deseo los
zumos que fermenta la espera
las campanas las costas los trasueños los huéspedes
sus paneles los núbil las praderas las crines la lluvia las pupilas
su fanal el destino
pero la luna intacta es un lago de senos que se bañan tomados
de la mano.

Detrás de esas melancólicas imágenes la plenitud espiritual y las complicaciones metafísicas barajadas implacablemente con objetos de azar no abolibles. Con todo, sería injusto desconocer la aproximación de este poema, como de otros también, al esprit-nouveau, al abstraccionismo y a postulados psicoanalíticos.

También audaz aventura surrealista de Girondo fue la ruptura con el procedimiento racional del lenguaje, ya sea para formar palabras con otras o nuevas mediante prefijos y sufijos; no todas igualmente felices aunque de extraordinario interés fonético, significativo y sugestivo. Un censo de buen número de ellas, por ejemplo: neoseno, autosondeo, almamasa, semimorfo, agrinsomne, erofrote, polimellado, chupaporos, gociferar, amente, sombracanes, contelúricos, europsiquis, nubecosa, pezgrifo, subánima, espiribuceos, infierneo, poslodocosmo, grisalva, sexotumba, prenoser, entre tantas otras por la exigencia académica consideradas en ilegítimas. Pero esos disparates no le han impedido del habitual uso de la palabra; tan así en estos versos familiarizados con el surrealismo:

De vértice quemados
de subsueño de cauces de preausencia de huracanados vientos
rostros que transmigran
de soterráneas ráfagas de ratas
de transferible invadida…

El acento si no regular rítmicamente constante e intensificado en la repetición de la sílaba, y las palabras con el natural florecer de la fantasía, a veces más bellas que las originales.

La misma visión surrealismista en poemas de Jorge E. Ramponi con gusto barroco por suntuosas imágenes, tensiones místicas y acciones mágicas.

Piedra infinita es una visión enigmática de la humanidad a través de piedra:

piedra es piedra
piedra en piedra de piedra
olvido de Dios ya dios de olvido.

Observada por imagen reveladora:

Oh, pétrea empedernida
petrificada en piedra
petrificada perpetua.

Esa ordenación de la piedra, casi gongoriana, elocuente, rítmica, centrada en la sonoridad del verso y explayada en agradables ejercicios fantásticos.

En cantos de El denodado la violenta desesperación humana ante la indescifrable variedad del cosmos, la angustia, las interrogaciones, invenciones y los apóstrofes; todo en lenguaje sonoro y juegos verbales:

Alguien que al fondo del pavor calla y escucha
alguien que soy yo mismo
mira en mis manos como un cruel espejo

Ramponi intuye en esos versos surrealistas, por tanto, fantásticos e imaginativos, el peregrinaje interior del alma humana, convirtiéndola en habitáculo sagrado.

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De ningún modo se ha pretendido en agotar el examen de todas las posibles repercusiones del surrealismo; cuando el propósito solamente es de presentarlo en conceptos más importantes y como elemento de choque contra aspectos anquilosados de la literatura argentina en principios del siglo XX.

 

BIBLIOGRAFÍA:

1 1. El surrealismo forjado en la literatura hispanoamericana en las revistas: Qué (1928-1930), A partir de cero (1952-1956), Boa (1958), Ciclo (1948-49) y Letra y Línea (1953-1955). Sin embargo, la publicación más destacada el quincenal Martín Fierro, cuyos principales animadores en 1924 el poeta Ever Méndez y los prosistas Arturo Cancela y Samuel Echelbaum, audaces en mudanzas verbales y formas estilísticas apartadas de la rigurosa preceptiva clásica.

2 2. La familiaridad de Lugones con el surrealismo ampliada en la antología Las primeras letras de Leopoldo Lugones, edición Centurión, 1963, con.

 

 

   
             
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