P O R T A D A            
Noel Savinio
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  37     Culturas en peligro de extinción.        

Culturas
en peligro de extinción

 
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Llevan ocho años construyendo la nueva facultad de filosofía de Barcelona. Ocho años en los que he podido acabar la carrera y ser humillado en numerosas entrevistas de trabajo. En cambio, el orwelliano centro comercial La Maquinista fue construido en nueve meses e inaugurado a bombo y platillo con la presencia del excelentísimo alcalde de la ciudad.

Resulta triste que en un territorio en el que se habla tanto de defender una cultura en particular nadie defienda a la cultura en general. Somos como el que protesta porque el lince ibérico esté en peligro de extinción pero nunca se ha planteado qué hacer con esos mamíferos bípedos sin pluma que duermen en los cajeros automáticos.

Supongo que una cosa no quita la otra pero tal como van las cosas si por algo hay que luchar es por la cultura con mayúscula. Por eso me importa bien poco que desaparezcan el castellano, el catalán, el francés o el alemán con sus respectivos himnos, banderas, escritores de segunda fila, comidas y bailes regionales si a cambio sobrevive el legado de las diversas ilustraciones que han tenido lugar en la historia de la humanidad: los médicos y sabios egipcios, los sofistas, filósofos y satíricos grecorromanos, los eruditos hebreos y musulmanes, los humanistas europeos y orientales, los empiristas ingleses o escoceses, los ilustrados franceses y norteamericanos, los nihilistas rusos, los emancipadores africanos y los existencialistas ateos o creyentes.

Del mismo modo que Flaubert decía que un buen escritor perdía su escuela ya que un buen verso de un romántico como Victor Hugo era equivalente a un buen verso de un neoclásico como Boileau, también los escritores (y los lectores) pierden su patria. Más tengo que ver con un japonés al que le gusta leer a Akutagawa o a Nietzsche que con un analfabeto funcional español. Y digan lo que digan los sastrecillos nacionales, mi cultura no tiene más límites que los que me impone mi condición humana: chapurrear dos o tres idiomas, leer cuando puedo, comprender poco y recordar menos. Los libros y las traducciones son los medios de comunicación de mi territorio; el tiempo libre, mi fiesta nacional; y las ideas ilustradas, los artículos de mi constitución.

Por otro lado, hablar el mismo idioma no implica vivir la misma realidad. Si el vocabulario de Shakespeare es veinte veces más numeroso que el de un inglés medio, ¿no es un poco arriesgado afirmar que hablan el mismo idioma? Además, el idioma de Shakespeare, como el de Montaigne o el de Cervantes, no es el inglés, el francés o el castellano sino el idioma de la reflexión y los sentimientos. Y ese idioma está en peligro porque muy pocos lo hablan y porque cuando esos pocos intentan hablarlo son censurados por aguafiestas o pedantes. Y ese idioma tampoco se enseña en las escuelas donde los programas tienen como objetivo hacer trabajadores eficaces y obedientes, no ciudadanos libres y morales, y porque en los patios nadie se preocupa por esos niños que tienen que esconder que les gusta leer o estudiar para no ser objeto de burlas y acoso.

Por eso no me apenan los que se quejan de que su país se esté desmembrando ni los que lloran porque su lengua esté desapareciendo, me apenan porque no se preocupan por defender la única cultura que puede hacernos libres.

 

Culturas en peligro de extinción. Culturas en peligro de extinción. Culturas en peligro de extinción.

 

 
         
         
         
         
         
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