P O R T A D A        
María Luisa Regueiro
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Boceto de Florencio Aguilera, de Manuel Garrido Palacios

 
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  Autor: Manuel Garrido Palacios
Título: Boceto de Florencio Aguilera
Editorial MIC. León 2005. 106 págs.

 

Como bien decía José Hierro, Todas las artes se intercomunican, abren sus ventanas a las demás musas, aspiran —aspiración irrealizable— a ser sólo una. Yo las imagino, y me las represento visualmente, como los radios de un semicírculo que convergen en un punto. En algunos creadores y en sus creaciones, esta relación es más intensa, hasta constituirse en su esencia. Este es el caso —y por partida doble— del bello libro en el que el escritor Manuel Garrido Palacios nos ofrece el boceto del pintor Florencio Aguilera. Como en un caleidoscopio de colores y sones envolventes, la pluma delinea el retrato, el pintor nos narra la vida y sus paisajes, y la música —omnipresente—, nos cuenta maravillosas historias. Y en el centro del semicírculo, siempre el arte, el Arte con mayúsculas.

Nunca es fácil retratar a un personaje vivo, y más cuando en él sólo permanece el impulso creador que lo condena a moverse sin pausa, a desplazarse, escurridizo, fuera del ángulo de visión. Múltiples son los riesgos de la tarea: desde la dispersión que provoca el objeto constantemente cambiante, al deslumbramiento que empaña la percepción de lo esencial y que puede caer en el indeseable panegírico. Pero en este caso, el escritor ha sabido conjurar ambos peligros, orientando con destreza magistral el ojo de la cámara, que va desplazándose con el objeto, a su ritmo: el protagonista se muestra a sí mismo en el fluir de su propia vida, con sus recuerdos, sus pasiones, sus afanes, sus sueños, sin que el director de escena tenga que intervenir en la aclaración de detalles. Todo se comprende vitalmente, desde la vida misma; y certera es la selección del plano significativo, de la escena más relevante o el episodio que mejor represente al ser humano que siente el arte en lo más hondo de sus entrañas.

La música que inspira como alimento esencial al pintor, inspira también la estructura del texto del retratista. Cada capítulo es, desde su título, una muestra de la perfecta simbiosis de ritmos e imágenes, de planos y escenas. Acompañan y enmarcan a cada capítulo, con su ritmo fresco y juvenil, las ilustraciones de Chencho Aguilera Cabalga.

Boceto de Florencio Aguilera, de Manuel Garrido Palacios.

La Obertura no sólo es, como reza el subtítulo "Una forma de entrar en danza", un primer acercamiento al personaje, sino el encuentro con la relación misma con el observador, unidos ambos por la común pasión musical. Zarabanda, Andante maestoso, Schola Cantorum, Allegro cantabile, nos llevan del presente al pasado, del acto mismo de escribir al encuentro con el padre del pintor, también maestro. En Saltarello, Florencio Aguilera frente a la cámara, nos conduce hacia su infancia en Ayamonte a través de sus recuerdos más cálidos de infancia, ese territorio en el que en cierto modo aún vive, junto con sus amigos, sus gentes del pueblo, las celebraciones, las fiestas, los juegos que suplían con creatividad las limitaciones de la historia.

Tema con variaciones, Adagio, Rondó, Serenata, Fantasía cromática y fuga, Aria, Largo ma non troppo, nos sitúan frente al creador en su espacio de inspiración y trabajo: la Jabonería, templo y refugio donde el arte musical y pictórico se estrechan la mano en sutil alianza, Beethoven es la Música misma y se le consagra un culto respetuoso y ritual desde los conciertos que organiza el pintor. Impromptu ad libitum , Sinfonía del Nilo y Tempo di Gavotta, nos transportan al encuentro mágico con un Mahler tan vivo como inspirador, a la anécdota en un Egipto lejano y sorprendente y a un encuentro que anuncia la promesa de nuevos encuentros, lo que supone el final —abierto— de éste. En Finale, bellísima y original página final de la "Danza del mosquito", nos reencontramos con el escritor en su soledad creadora, como en el inicio, pero en cierto modo compartida ahora con un insólito personaje.

En conjunto, la lectura de las páginas de este boceto proporciona un placer indudable, estético, artístico y literario a la vez, que puede hacer las delicias de los paladares más exigentes. Continente y contenido se engarzan en un diálogo que abre sus ventanas a todas las musas, que giran y giran en semicírculo al son de la pintura, al son de la música, al son de la palabra.

 

Boceto de Florencio Aguilera, de Manuel Garrido Palacios.

 
         
         
         
         
         
        © María Luisa Regueiro, Universidad Complutense. Madrid. Datos sobre el autor  
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