Especial Manuel Garrido Palacios                  
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Manuel Garrido Palacios
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Viejos amigos

 
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Leo un texto de José Nogales y la tesis que Ángel Manuel Rodríguez Castillo ha escrito sobre su vida y su obra. Se me llena el estudio del escritor valverdeño, aunque nunca es mucho si se trata de airear lo bueno que hizo una persona. A las que lo hacen mal se les premia para que no píen.

Hace unos años manejé varias ediciones de lo que Nogales recogió o reinventó en Aracena para un libro que saqué en Valladolid: Viaje al País de las leyendas, y pude comprobar al ver su trabajo y compararlo con las encuestas en el pueblo que, aunque él las ponía en solfa literaria, los personajes y sus aventuras seguían viviendo en labios de los vecinos, con variantes en la forma, pero con el fondo intacto. La más sabida es la de La Julianita , mujer cuyo espíritu -dicen- permanece en el seno del gran lago de la Gruta. Leyenda es.

Supe entonces de la investigación iniciada por Ángel Manuel: «hombre extrovertido, simpaticón y abierto», según lo perfila Carlos Muñiz. «Cura de pueblo», como a él le gusta decirse. Hombre bueno, en suma. El libro fruto de su trabajo salió a la luz como Vida y obra de José Nogales, cuyas páginas eran puros documentos de cuanto se sabía de este escritor, me atrevería a decir: tan desconocidamente conocido. Por aquel tiempo hice una encuesta entre un centenar de adultos de esta ciudad a ver qué noticia tenían de la persona que daba nombre a la calle por la que pasaban desde San José a La Placeta y viceversa. El resultado fue que cuarenta confundieron a Nogales con «un herrero que tenía el negocio puesto por allí cerca»; veinte dijeron que era el antiguo dueño de una tienda de ultramarinos «que estaba por el centro»; veinte se limitaron a encogerse de hombros y sólo el resto, o sea, diez, estaban al queo de su formidable labor como escritor y periodista.

Centrado aún más en su biografiado, Ángel Manuel acaba de publicar un estudio previo y las estampas literarias que Nogales escribió sobre Sevilla: Notas sevillanas. Su medio centenar de capítulos -Giralda, cigarreras, Catedral, Cruz del Campo, miserere, padre Betis, Sierpes, Feria, Alcázar, Alcaicería...etc.- sitúan al lector en ángulos de privilegio para compartir los latidos de cada sitio, sin dejar por ello, al traer hechos puntuales, de perder la ocasión de «criticar la petulancia de los necios y la ineficacia de los políticos, así como la falta de humanidad de la masa», ni de dar el palo «al funcionamiento de la Justicia» ni de ironizar con hondura cuando, «al comentar las repercusiones de una boda de la Casa Real, denuncia la opresión y la tristeza del pueblo, con el oxímoron de resonancias quevedianas regocijo lúgubre».

Con Ángel Manuel y otros viejos amigos tuve el honor de inaugurar la línea de autobuses Fuenteheridos-Paris. Viaje en el que bebimos nuestras cervezas por el Barrio Latino mientras bullían estos libros en conversaciones sosegadas de las de pregunto y responde, ya avisado por él de que «si me pongo a hablar de Nogales se me agolpan las ideas, y si además, se me va la mano con el cardiazol, no termino»

Tan es así, que ya tiene el próximo libro en puertas.

 

Especial Manuel Garrido Palacios

 
         
         
         
         
         
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