Especial Manuel Garrido Palacios                  
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Manuel Garrido Palacios
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  37     Almutamid.    

Almutamid

 
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Dos mujeres escapadas de un libro sagrado sacan agua de un pozo de brocal de piedras situado en el camino de Settat, cerca de Marrakech. Ambas tiran de la cuerda que eleva el cubo lleno, rebosante, como si ensayaran un ritual del ritmo de la vida. La carrucha herrumbrosa cuelga de un trípode de palos, cuya madera se curva a cada esfuerzo sin que quizás en siglos se haya roto. Sólo se queja.

En el largo y tortuoso camino hacia Agmat hay un accidente de autobús en una curva culebrera. Los primeros en llegar hacemos lo que está en nuestras manos hasta que las ambulancias aparecen. Me toca colocar la cabeza sangrante de una anciana sobre un cartón y taparla con otro para evitar, al menos, que la llovizna le empape el rostro. Los que aún pueden hablar cuentan entre silenciosos ayes que el vehículo resbaló con el agua, volcó, dio varias vueltas cuesta abajo y los viajeros rompieron con sus cuerpos los cristales de las ventanillas. Ahora yacen unos en la escasa hierba o lloran sentados en las gruesas rocas que flanquean la triste visión del suceso. El autobús permanece humeante con las ruedas hacia arriba. Alguien dice que lo más oportuno es que nos apartemos todos de su cercanía, no sea que explote. Es el cuadro de la indefensión humana.

Las mujeres escapadas de la Biblia me ven parar junto a ellas y me preguntan qué es lo que ha ocurrido allá lejos que no cesan de pasar ambulancias. Les digo lo que acabo de contar y les pido de beber. Me ofrecen un cucharro de corcha para que gaste cuanta agua necesite. Me suena en la memoria mi pueblo de Alosno y su copla siempre a punto: 'Dame agua de tu noria / que vengo muerto de sed / Jesucristo por beber / le dio a una mujer la Gloria / yo te voy a dar mi querer'

Haimas repletas de objetos de barro se alinean en ciertos tramos del camino. Si paras, seguro que te llevas algo. La habilidad de los mercaderes es tal que anula la que tú creías tener para sortear ofertas. Y si no les discutes el precio será peor. No te apreciarán como comprador y hasta preferirán verte en otra haima. El equilibrio, según Mohamed está en lo siguiente: de lo que te pidan por un tiesto lo divides por la mitad y ahí empieza la discusión. Será difícil que te dejen ir sin nada, que consigas irte sin nada. El tope llegará cuando te ofrezcan otra cosa desviando tu atención de la que deseas. Ahí tienes que decidir porque si no te quedarás sin ella.

Luego voy a la tumba de Almutamid, en Agmat. Estuve aquí hace años con ocasión de rodar un documental sobre su vida. Entonces retraté su muerte, la de Rumayquiya y la de una hija de poca edad. Las tres tumbar están en el Mausoleo que cuida Ait Zaouit Abdelkrim, su guardián, que recita fragmentos de poemas de Almutamid Ben Abbad como si el poeta muerto reviviera en su voz emocionada. Los versos están escritos en árabe en el zócalo que rodea el recinto, que está orientado, es decir, que abre sus puertas hacia el nacimiento del Sol, como un templo levantado en honor de la Poesía. Aparte de lo escrito en los muros parece flotar la voz de Rumayquiya diciendo aquellos versos finales: 'Ya estoy para siempre junto a él. Dejadme en paz'.

 

Especial Manuel Garrido Palacios

 
         
         
         
         
         
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