P O R T A D A       Detalle de la cubierta de Noche de perros, de Manuel Garrido Palacios    
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Noche de perros (cuentos),

de
Manuel Garrido Palacios
(Calima Ediciones, Palma de Mallorca, 2005)

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A la vista de cómo los escritores nos van dando su producción poco a poco, será conveniente guardar en sitio preferente de la memoria la que nos va dejando Manuel Garrido Palacios para no confundirla con las obras que no merecen un día de recuerdo. Conocí a este autor tras la cámara de cine. Cuando consideró que su proyecto de llevar a la pantalla unos sucesos estaba resuelto (debe tener en su filmografía un centenar de títulos) se acercó a la literatura con la misma honradez -diría timidez- desde dos vertientes bien distintas y distantes: por una parte, la pura etnografía de campo que había estudiado antes, que venía a ser la épica de su quehacer, y por otro, la narrativa, que era, sin duda, la lírica de su fina percepción de la vida para plasmarla en novelas y cuentos. Así nos ha dado libros imprescindibles como Alosno, palabra cantada , El cancionero de Alosno y otros que hablaban de Galicia, de ambas Castillas, de la España insular, de Cataluña, de Aragón, de Asturias y de cualquier rincón imaginable. En resumen: páginas inolvidables.

Así las cosas, nos sorprendió un día con un libro excepcional, quizás la mejor colección de cuentos publicada en el último cuarto de siglo: El clan y otros cuentos, cuyo primer relato parecía, o lo era, un auténtico homenaje al maestro Juan Rulfo, cuento al que le seguía una treintena más con una originalidad nada común, una expresión tan bella como fuerte y un dominio del lenguaje tan recio, que no dudé un momento en ponerlo de lectura a mis alumnos de español para análisis de texto, sobre todo, para que captaran la gracia añadida que podía tener una narración bien estructurada. Le siguió un libro sorprendente, definitivo, como si lo quisiera dar todo en una obra. Me refiero a su novela El Abandonarío, cuya traducción al francés ha coronado felizmente mi colega el doctor François Blanc y que pronto veremos también en otros idiomas. Era -es- la historia de un pueblo llamado Herrumbre contada por un muerto al que vela el último habitante de esa comunidad. Una historia apasionante en fondo y forma, que nació para ser difundida en todas las lenguas porque nació ya clásica, modélica, obra maestra, sin ninguna duda.

Tras todo esto tuve la impresión de que Manuel Garrido Palacios, después de haber exprimido la palabra con esa envergadura formal y con ese fondo inmedible, iba a quedar vacío y no le iba a ser posible sacar algo más que se pareciera o se acercara a su anterior obra: poco podíamos leer de él más sugerente que El Clan o El Abandonario. Pero ocurre que ahora publica uno de los libros más hermosos que pueda una persona tener en las manos: Noche de Perros, que es una colección de cuentos (muy corto uno: dos líneas, sabiamente dedicado a Jerry Seinfeld) en los que el ser humano pasa a segundo plano para que sea el perro el que ocupe el primero, el protagonismo total.

Como bien dice el critico Manuel Moya, que ya califica con toda justicia en la solapa al escritor como «uno de los narradores más originales del panorama español», Noche de Perros es un fabulario contado al revés. Por sus páginas desfila la ternura, el desamor, el odio, la sangre, el amor, la muerte, la vida..., todo envuelto en el ladrido lejano que define el horizonte-muro de nuestra existencia. El libro deja recordar a veces el poema del Nobel Juan Ramón Jiménez, de Moguer, cuando dice que «la cigarra sierra un pino al que nunca se llega». Al ladrido que enmarca cada uno de los sesenta y seis cuentos contenidos en él (maravillosos la mayoría, aunque mis preferencias destaquen, entre otros, La forja de un líder, El perro y el hombre con la piedra o La canción del hambre; para ser exacta: todos), hay que añadir el comportamiento humano que, no por ir paralelo a la vida del perro, converge en el sentido que el animal parece querer mostrarle. Podría decirse que son relatos que componen un universo en el que cualquiera de nosotros puede verse retratado. Y digo nosotros en sentido universal, jamás localista, porque lo de Manuel Garrido Palacios es Literatura con mayúscula, de la más depurada que pueda degustarse, ajena a si corren malos o buenos tiempos para la lírica. El autor ha tallado su estilo y por él camina seguro, haga lo que haga.

Ya dije que será conveniente guardar en sitio preferente de la memoría la obra de Manuel Garrido Palacios para no confundirla con las obras que no merecen un sólo día de recuerdo. Estamos ante un fenómeno que va tomando su dimensión artística con la suavidad y el paso contado con que se mueve un auténtico grande en estas lides. Cualquiera de sus libros lo atestigua, y más, si cabe, este titulado Noche de Perros, que sabe, como los demás, a colofón, como si el autor tuviera que hacer mañana un gigantesco esfuerzo por superarse en el próximo libro, que ya esperamos y que seguro que tendrá, al menos, tanta belleza escrita en sus páginas como los anteriores.

 

NOCHE DE PERROS, de Manuel Garrido Palacios

   
             
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