P O R T A D A    
Manuel Quiroga Clérigo
Fantasmas y cálamos. Mª Antonia Ricas Peces, El Toro de Barro, Cuenca, 2005, 47 págs.    
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Fantasmas y cálamos
. Mª Antonia Ricas Peces,
El Toro de Barro, Cuenca, 2005, 47 págs.

 

Larga es la andadura poética de María Antonia Ricas, pero siempre sus versos nos sorprenden, nos llevan a terrenos de reflexión vital y de honduras afectivas.

Muy interesante es, para los amantes de la poesía, la trayectoria de una colección como El Toro de Barro que con más de doscientos títulos publicados, y en medio de grandes dificultades, sigue tratando de dar a las estanterías los mejores trabajos de autores preocupados por el mundo de los sueños y la historia de la realidad. Esta colección fue fundada en 1965 por el sacerdote Carlos de la Rica y su actual Director, Carlos Morales también él poeta, sigue empeñado en lograr que el universo de la palabra se extienda por todos los confines de nuestra lengua.

En El Toro de Barro tenemos la última publicación de Mª Antonia Ricas, Fantasmas y cálamos. Aquí el amor y la palabra triunfan sobre la amargura y el silencio. La autora se mueve por los terrenos de ardorosas certidumbres y de inquietas distancias, pero siempre con el vigor maravillado de la sensatez y la plenitud de ideas. "Fantasmas en la villa" nos lleva a la pasión como consecuencia de algo nítido, que es la vida, y de algo profundo, que es el deseo. Nos movemos entre la candidez y la música callada, capaces de modificar sentimientos y presencias. Y siempre el amante, el amado, se encuentra cerca, o coronando los cerros de la melodía más íntima. Duino, el deseado, forma parte de un entramado de momentos quietos, de dulces ignorancias: "Este olor a mar de mis brazos, / esta invisibilidad lenta, / una tonsura del deseo / en mi pelo sin peso; / este desvestirse aunque cubras / mi cintura, aunque me retengas / en la petición de tus ojos / abiertos, atándome, atándome". Los amantes van respirando, respirándose, mezclando su infinita soledad para encontrar los valles de la luz y los acantilados del amor. Y ahí aparecen olores, presencias, territorios para el goce y los insondables ríos de la inmensa ternura y la humana comprensión."Soy una dama, Duino, / con un único amor después de muerta". "Cálamos chinos", segunda parte, contiene hermosos poemas donde el junco estiliza la expresión, a la manera de la escritura china ancestral, para darle el tono requerido a la descripción de un paisaje o la ilusión de una presencia. La poeta va remodelando los rincones ávidos de presencias y, en ellos, configura su intacta capacidad para amar lo viviente y desear permanecer junto a lo inerte: "Hablemos de los árboles / para que callen ellos", leemos. Y tanta certidumbre, tantas sugerencias, van formando parte de esa innumerable biografía de vidas y ausencias que nos acechan a cada paso. "Cuànto han crecido las niñas que tienen / en sus manos las copias del venenos. / Florecerán. / Luego el viento las llevará sin pánico / y silbará en sus huesos una antigua/promesa". Es la poesía enalteciendo la agónica costumbre de lo cotidiano.

 

   
             
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