P O R T A D A       Isabel II: Melodía de un recuerdo, de María Teresa Álvarez.    
      Manuel Garrido Palacios   punto de encuentro
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de un recuerdo: Isabel II
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Hay libros que parecen escritos para la pantalla. O lo son. Sin merma de la belleza hilada con palabras, suelen salir de la mano escritora como guiones literarios, que, con tres toques, pueden convertirse en guiones técnicos dispuestos para contar sus secuencias cuadro a cuadro. He observado esto en novelas excelentes de dos mujeres: Los excluidos, de Elfriede Jelinek, que también publicó La pianista, ambos construidos en ese presente progresivo que mucho me recuerda a Knut Hamsun, y El secreto de Maribárbola, de María Teresa Álvarez, autora de otros títulos tan sabrosos como Melodía de un recuerdo: Isabel II.

Me referiré a éste, por ser el que he leído en estos días, destacando la forma magistral de meter al lector -posible espectador- en la trama. Y pararé en esa puerta para dejar intacto lo que se cuenta dentro, en especial, su sorprendente final.

Se ve en la primera página del libro -ya con sabor a fotograma- un diario que se abre, en cuya blancura escribe una pluma lo que la autora ofrece; inicio que trae aire de flash back destinado a unir las etapas de la historia y al que la autora acude levemente alguna vez para completar detalles del tiempo real contado y de su marco: una habitación a la que la protagonista cierra las ventanas que dan al exterior para que ningún ruido turbe el misterio en el que nos invita a entrar a través de su verbo.

Puede parecer que el diario va a dominar la escena, pero Maria Teresa Álvarez, hábilmente, no regresa del todo a él hasta el final del libro. Puede decirse que, aunque lo esperemos durante toda la lectura, en total sólo nos da dos páginas del mismo: la del domingo 10 de abril de 1904, día postrero a la muerte en Paris de Isabel II, y la del lunes 11 de abril de 1904, con la despedida emocionada de la protagonista al dedicar a la reina difunta su aria schubertiana favorita: Rosa silvestre. En ese periodo - breve eternidad de un instante, como diría el poeta Dabrio-, se proyecta en los sentidos del lector la vida de una persona regia plena de latidos de amor, desamor, ternura e incomprensión en el camino íntimo de la búsqueda de la felicidad.

En pura deformación profesional, hecho a escribir y a leer cine antes de filmarlo o verlo, en esta síntesis vital entre el abrir y el cerrar el diario he tenido acceso al palacio para ver a la protagonista flotar y debatirse en el mar de sus sentimientos de mujer narrados, novelados soberanamente por otra mujer. Una, nacida para ser reina. Otra, para trazar con exquisito tacto los perfiles de una azarosa existencia llena de secretos, difíciles de descifrar para la sensibilidad masculina.

Melodía de un recuerdo es libro para ser leído y, sin duda, para ser visto. Maria Teresa Álvarez conoce a fondo el oficio de escribir en imágenes; no en balde ha escrito una de las series de más interés que ha parido la televisión: Mujeres en la Historia, cuyos capítulos tienen sitio de honor fijo en la Historia de la pequeña pantalla, si es que hay mano valiente capaz de hacerla. Hoy, toda esa cualidad nos la anuncia en este libro, tan favorito para la autora como el aria para Isabel.

 

   
             
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