P O R T A D A                 Emir kusturica    
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  35 fuego - miscelánea     Emir Kusturica
y su díptico sobre
la etnia gitana:
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El tiempo de los gitanos y
Gato negro, gato blanco

 

Procedo de una pequeña parte del mundo que siempre 
se encuentra envuelta en problemas

Emir Kusturica 

 

El tiempo de los gitanos

Título original: Dom za vesanje.
Director:
Emir Kusturica.
Guión: Gordan Mihic y Emir Kusturica.
Fotografía: Vilko Filac.
Música: Goran Bregovic.
Nacionalidad: Yugoslavia-Gran Bretaña-Italia, 1989.
Intérpretes: Davor Dujmovic (Perhan), Bora Todorovic (Ahmed), Ljubica Adzovic (abuela), Husnija Hasimovic (Merdzan), Sinolicka Trpkova (Azra), Elvira Sali (Danira).
Duración: 143 minutos.
Premios: Palma de Oro al Mejor Director en el Festival de Cannes 1989.

El tiempo de los gitanos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cinematografía de la extinta Yugoslavia comenzó a cosechar notables éxitos desde la aparición, a principios de los años 60, de realizadores como Aleksander Petrovic (Los recolectores de plumas, Encontré zíngaros felices) y Dusan Makavejev (El hombre no es un pájaro, Una historia sentimental o la tragedia de una empleada de teléfonos). Puede considerarse heredero de ambos al hoy exiliado Emir Kusturica, que debutó en la dirección de largometrajes con dos crónicas personales sobre la situación política y social de su país bajo el régimen del mariscal Tito: ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (1981) y Papá está en viaje de negocios (1985), ambas basadas en novelas de Abdulah Sidran y adaptadas para la pantalla por el propio escritor.

El tiempo de los gitanos

La estética abigarrada de Kusturica se ha relacionado frecuentemente con el universo fílmico de Federico Fellini y en su sentido del humor, excéntrico y delirante, se ha querido ver una evocación del gag al más puro estilo de Jacques Tati o Mack Sennett. Estas características, que aunque no están del todo presentes en sus dos óperas primas ya comienzan a despuntar, se convertirán en rasgos definitorios de su cine a partir de su díptico sobre la raza gitana, compuesto por El tiempo de los gitanos (1989) y Gato negro, gato blanco (1998).

El tiempo de los gitanos La primera aproximación a este universo étnico tuvo su origen en la lectura de un artículo sobre el tráfico ilegal de niños gitanos alrededor de la frontera italiana que impresionó profundamente a Kusturica. Como resultado de esta noticia, el cineasta se puso en contacto con Rajko Djuric, un famoso especialista que le asesoró durante el rodaje y la escritura del guión. Para lograr una aproximación más realista visitó también una comunidad gitana y se entrevistó con un joven cuyas experiencias fueron utilizadas en buena medida para recrear la vida del personaje protagonista del film.

El tiempo de los gitanos El tiempo de los gitanos se abre con un largo plano-secuencia que contextualiza la historia en el ambiente cotidiano de una comunidad cíngara por medio de las costumbres y el modo de vida que se reflejan (el arranque del film se produce con la ceremonia de una boda). Se trata de un gueto a las afueras de una ciudad yugoslava: en una de las chabolas vive Perhan -un muchacho con poderes telequinéticos- junto a su abuela, su hermana tullida -de nombre Danira- y un tío que despilfarra su dinero con el juego. Ambos hermanos son huérfanos de madre, y el padre, que era un soldado de Eslovenia, jamás ha regresado a casa. Sobreviven bajo el amparo de la anciana hasta que las deudas del tío y la necesidad de operar la pierna enferma de Danira obligan al muchacho a partir hacia Italia con un apoderado que le ha prometido trabajo. Sin embargo, este nuevo personaje, Ahmed -apodado "El Jeque"- , se dedica, en realidad, al proxenetismo y a la explotación de niños, a quienes utiliza para cometer hurtos quedándose luego con el dinero que éstos consiguen. La resistencia inicial de Perhan cede rápidamente ante las agresiones físicas a las que es sometido por los hermanos de Ahmed. Tras una redada policial, Perhan se convierte en la mano derecha del contrabandista y, al poco tiempo, llega a ocupar su puesto. Convertido en un nuevo "jeque", Perhan se va corrompiendo paulatinamente hasta que el dolor provoca en él la necesidad de redención.

 

El tiempo de los gitanos A grandes rasgos, el film narra la pérdida de la inocencia de este muchacho gitano a través de la caída progresiva en la degradación que conlleva el crimen y la mentira. El retrato del personaje tiene un crescendo impresionante hacia los abismos de la perdición y la fatalidad. La postura cínica que Perhan llega a adoptar frente a la realidad se convierte en un auténtico tormento para el alma. En ese sentido, El tiempo de los gitanos contiene momentos que son realmente difíciles de digerir, en la medida en que la sensibilidad del espectador se puede sentir afectada ante la contemplación del vía crucis al que se somete el propio protagonista. La escena en la que Perhan bebe y baila bajo los acordes de una orquesta cíngara es especialmente destacable: el baile tiene la forma de un ritual autopurgativo a través del cual se diría que el muchacho trata de liberar su dolor. Se produce una verdadera simbiosis entre el poder sugestivo de la música y las imágenes, y la capacidad de la cámara para expresar el sufrimiento humano -y espiritual- se vuelve inaudita. Esta representación realista de la dureza de la vida gitana -con toda su miseria y su pobreza- es, sin lugar a dudas, el acierto mayor del film de Kusturica.

 

El tiempo de los gitanos No obstante, el estilo cinematográfico del realizador bosnio tiende, más aún aquí que en sus obras anteriores, hacia un tono onírico y surrealista. Abunda la presencia de detalles que inciden, con gran fuerza, en la expresión de un "realismo mágico". El propio Kusturica ha definido en semejantes términos esa postura, alejada del planteamiento descriptivo-documentalista, por la que ha decidido decantarse definitivamente en su representación de las comunidades gitanas. A ese respecto, la frecuente incidencia en elementos tales como la telequinesia, la hipnosis o la levitación (presente en la escena del parto de Azra y también en la boda imaginaria entre ésta y Perhan en las aguas del río) demuestran su interés por una renovación de la estética, caracterizada -como se verá en lo sucesivo- por una tendencia hacia la desmesura y el barroquismo. Marcas de estilo que, en su momento, Kusturica manifestó inaugurar a partir de esta historia realista y que hoy en día se han convertido en el rasgo más característico de su cine.

El tiempo de los gitanos

 

 

 

 

 

 

Gato negro, gato blanco

Título original: Crna macka, beli macor.
Director: Emir Kusturica.
Guión: Gordan Mihic y Emir Kusturica
Fotografía: Thierry Arbogast.
Música: Vojislav Aralica, Nele Karajilic y Dejan Sparavalo.
Nacionalidad: Yugoslavia-Alemania-Francia, 1998.
Intérpretes: Bajram Severdzan (Matko Destanov), Srdjan Todorovic (Dadan Carambolo), Branka Katic (Ida), Florijan Ajdini (Zaren Destanov), Ljubica Adzovic (Sujka), Zabit Memedov (Zarije Destanov), Sabri Sulejman (Grga Pitic).
Duración: 130 minutos.
Premios: León de Plata al Mejor Director en el Festival de Venecia 1998.

Gato negro, gato blanco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras el éxito de El tiempo de los gitanos, Emir Kusturica se alzó con el reconocimiento internacional -tanto por parte de la crítica como por parte del público-. Durante un tiempo impartió clases de dirección en la Academia de Artes Escénicas de Sarajevo y después se trasladó a los EE.UU., donde fue contratado como profesor en la Universidad de Columbia. Allí dirige El sueño de Arizona (1993), insólita película que contiene referencias muy precisas y a modo de homenaje hacia la obra de cineastas como Welles (La dama de Shanghai), Tarkovski (Sacrificio, Stalker, El espejo), Hitchcock (Con la muerte en los talones), Scorsese (Taxi Driver, Toro salvaje), Cimino (El cazador), Wenders (París,Texas), Coppola (El padrino II), Altman (El volar es para los pájaros), Spielberg (E.T.), Bogdanovich (La última película), Penn (Bonnie & Clyde), Alex Cox (El recuperador) o Gus Van Sant (Mi Idaho privado). De regreso a su país, rueda Underground (1995), monumental fábula política donde aborda la situación histórico-social de su país desde la Segunda Guerra Mundial hasta el Conflicto de los Balcanes. Las duras críticas que recibió el film a causa de su postura pro-serbia le indujeron a dejar el cine temporalmente. Sin embargo, Kusturica volvió a él con renovadas energías para ofrecernos la segunda parte de su díptico sobre la etnia gitana: Gato negro, gato blanco (1998).

Gato negro, gato blanco El film fue concebido originalmente como un documental sobre la banda de músicos que había participado en el rodaje de Underground. Finalmente, se acabó convirtiendo en un largometraje de ficción, escrito nuevamente en colaboración con Gordan Mihic (con quien Kusturica había trabajado ya en El tiempo de los gitanos). Para la elaboración del guión, ambos recurrieron a temas relacionados con las costumbres cíngaras que ya habían sido abordados en el film precedente, pero que ahora recibían, por el contrario, un tratamiento absolutamente cómico y desmadrado. Las diferencias sociales entre los gitanos chabolistas y los asentados, así como las uniones matrimoniales pactadas de mutuo acuerdo entre distintas familias, constituyeron el núcleo de este nuevo proyecto.

Gato negro, gato blanco

Gato negro, gato blanco se ampara en una base argumental muy simple: Dadan es un cacique mafioso que necesita casar a su hermana urgentemente. Para lograr su propósito, traiciona a Matko, un amigo con el que ha planificado el asalto a un tren para robar unos bidones de gasolina. Como resultado del fracaso de la empresa, Matko se ve obligado a casar a su hijo con la hermana de Dadan con el fin de satisfacer el pago de una supuesta deuda económica que, en realidad, no ha contraído. Durante los preparativos de las nupcias, ambos se encuentran con los obstáculos más imprevisibles. Aunque nada parece salir según lo convenido, la resolución final acabará haciendo felices a todos.

Gato negro, gato blanco

 

 

Gato negro, gato blanco En este film se da una situación realmente sorprendente ya que, aunque la idea inicial no posee mayor trascendencia de la que se ha mencionado, esa aparente sencillez es casi inversamente proporcional a la aparatosidad de la puesta en escena, donde Kusturica crea un estilo de comicidad muy centrado en el gag visual. Con el progresivo desarrollo de la trama, el ritmo de la narración se vuelve cada vez más endiablado. Por consiguiente, a raíz de un pequeño esbozo argumental se crean enredos y situaciones absurdas e hilarantes en las que el realizador bosnio no deja títere con cabeza. La comicidad de la película está muy asociada con los grandes maestros del burlesco tradicional, especialmente con los de la época del cine silente (Buster Keaton, Charles Chaplin, Harold Lloyd), y, en ocasiones, puede incluso emparentarse con el cine cómico norteamericano de animación que producían los estudios Warner, en una afán casi desmedido por convertir en cinematográficas las acciones más inverosímiles (a tal efecto, sólo cabe recordar, por ejemplo, la larga y desternillante secuencia de la boda, plagada toda ella de hallazgos humorísticos).

Gato negro, gato blanco

 

 

Gato negro, gato blanco

En consecuencia, se puede apreciar una intencionalidad muy distinta y casi opuesta entre las dos películas que componen este díptico, aunque ambas están indisociablemente unidas por la imaginación poética de su autor (tantas veces asociada con el mundo de la fantasía onírica del citado maestro Federico Fellini) y por su incombustible barroquismo formal (los planos están recargados al extremo de detalles cómicos). Lo que quizás diste entre un film y otro sea la postura crítica y realista, ya que Gato negro, gato blanco deja esa posición de lado y opta por una representación más bien caricaturesca de la comunidad gitana.

Gato negro, gato blanco

 

 

 

 

 

Con este film se rompió la colaboración artística entre Emir Kusturica y el compositor Goran Bregovic -responsable de algunas de las mejores bandas sonoras del cine europeo- . En su lugar, se contó con la aportación musical de la orquesta del propio cineasta -la "No Smoking Orchestra"-, que realizó una mezcla de fusión entre el rock y el folklore de los países del este de Europa que resultó muy adecuada para la película. En el año 2001, Kusturica montó un film documental a partir de las filmaciones de las giras del grupo que se estrenó con el título de Super 8 Stories. El reciente estreno de su última producción, La vida es un milagro (2004) -presentada en el pasado Festival de Cannes-, ha suscitado un renovado interés por la filmografía de este singular artista.

 

Emir kusturica

 

Bibliografía recomendada:

BERTELLINI, Giorgio. Emir Kusturica, Il Castoro, Milán, 1996.
BOUINEAU, Jean-Marc. Le Petit Livre de Emir Kusturica, Spartorange, Garches, 1993.
GARRIDO, José Ángel. Minorías en el cine. La etnia gitana en la pantalla, Publicacions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 2003.
GOCIC, Goran. Notes from the Underground. The Cinema of Emir Kusturica, Wallflower Press, Londres, 2001.
IORDANOVA, Dina. Emir Kusturica, British Film Institute, Londres, 2002.

   
             
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