P O R T A D A       Detalle de la cubierta de Noche de perros, de Manuel Garrido Palacios    
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Noche de perros (cuentos),

de
Manuel Garrido Palacios
(Calima Ediciones, Palma de Mallorca, 2005)

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Estudioso de manifestaciones etnográficas, pateador constante por las plazas de media mundo, grabadora al canto, para sacar de entre las polvorientas alacenas, pequeñas/grandes maravillas. Con el tesón de quien reconstruye un azulejo abandonado en un derribo o cartografía un mundo por la música distante e inequívoca que guardan en sí las caracolas, Manuel Garrido Palacios se ha consagrado últimamente como uno de los narradores más originales del panorama español. Al margen de sus libros de estudio, en los que jamás ha descuidado un ápice el ángel de la escritura, y que a la postre le han servido para aquilatar un estilo tan propio como brillante, el autor ya había publicado un excelente libro de relatos que merece la pena leer y hasta releer: EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima. Palma 1998) guardaba una singular atención a la palabra oída, y en ella, como suele ocurrir siempre, al son, si se quiere mágico, de lo verdadero. Porque en MGP, como en Rulfo, a cuyo magisterio no es ajeno el onubense, encontramos el polvo turbio y enfebrecido de los caminos, la desfiguración de quien intuye tras los rostros el rostro calvo y sarmentoso de la muerte.

Porque todos sus textos poseen la virtud de poder ser contados en voz alta, frente a la chimenea encendida, esa especie de numen cuya virtud es despertar lo oscuro y lo dormido, que, como ocurre con ciertos autores del otro lado del charco, transmiten todavía el peso de lo mágico. En definitiva, una escritura minuciosa y rica, atenta a lo pequeño y siempre desdeñosa con lo grave, en la que no falta el gesto hilarante (pero no sometiéndose tramposamente a él), la observación canalla, la visión descorazonada del mundo: de ahí, quizás, sus muchos arrebatos de ternura, esa especie de air bag que en Garrido Palacios reviste el pesimismo.

NOCHE DE PERROS, que abunda en todos estos referentes, es un libro de fábulas contadas al revés. Su eje central son, como se deja entrever en el título, los perros. Los perros desde su doble papel de observadores y protagonistas de la realidad. Los perros como inmaculados periscopios de nuestros dislates, de nuestra estupidez, acaso como su más rabioso contrapunto. Los perros que jalonan cada uno de estos cuentos —algunos de ellos antológicos, como La forja de un lider, La canción del hambre, o los chispazos de La piel o Poemario, sin olvidar El lazo mortal—, son perros perplejos, perros llenos de ternura, simples víctimas de nuestras veleidades e inquinas, perros esquineros, adosados y tiernos perros sinvergüenzas. Los perros que sobreviven en estos cuentos son perros cosidos a nuestras vidas y son, en realidad, la ropa con que nos vestimos, los ojos que nos asisten, la patria que hemos perdido. Arrobas de conmiseración y de ternura las que irradian estos personajes convertidos en sombras asombradas, que Garrido Palacios encuadra para hacer más plausible el banal atrezzo. Un libro escrito con el resplandor, pero también con el asombro de quien en el fondo de sí no deja de ser ciertamente un perro.

 

NOCHE DE PERROS, de Manuel Garrido Palacios

   
             
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